Del Escenario al Recuerdo (Ravens Fly First 2) Epílogo¿ Aún no me recuerdas?
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Epílogo¿ Aún no me recuerdas?

Cuando llegué al piso, mis compañeros estaban celebrando la entrada de la nueva estación con unos tintos de verano y un picoteo a base de patatas fritas de bolsa, olivas rellenas y almendras fritas con sal.

Se reían mucho de algo que les había contado Jesús.

Alguna genialidad de sus alumnos, con los que disfrutaba tanto.

─¡Siéntate, Dante! Y ponnos al día. Hace tiempo que no cuentas mucho ─me sorprendió Davi.

─Eso ─ se sumó Annette ─ , al final te has hecho el loco y no nos contaste cómo acabó esa chica tan mona en tu habitación hace ya…

Jesús la interrumpió, pues Annette ya iba algo chisposa por aquel tinto con el que brindaba sola.

─A lo mejor él prefiere no contar nada ─añadió aquel. Jesús era siempre tan correcto.

─Es solo una buena amiga. Eso es todo.

Entonces cogí un puñado de almendras y patatas y escapé del posterior interrogatorio con la intención de huir hasta mi cuarto. Pero justo cuando me retiraba, escuché la voz de Annette diciendo:

─Por cierto, ya tengo la portada de tu disco. La he retocado un poco. Luego te la enseño en mi ordenador. Los ojos han quedado preciosos.

Yo le di las gracias y luego me marché a mi habitación.

Tenía muchas ganas de ver cómo luciría la imagen en el álbum.

Solo un par de días antes había ido a una exposición de fotos de Annette en una tetería del centro y me llamó la atención una de sus capturas.

En ella se mostraba una composición con tres ojos distintos mirando fijamente a la cámara.

Me transmitió la idea de que somos los que estamos presenciando todas las atrocidades que están sucediendo en el mundo.

Y ya que en el grupo habíamos decidido llamar a nuestro trabajo Tokens Fall, me pareció significativo que la portada fuera una fotografía de la persona que me inspiró para componer el tema que daba nombre al disco.

Sentado sobre mi cama vacié mi mochila para colocar los libros y hacer algo que no solía hacer: echarla a lavar.

Pero cuando saqué mi archivador, vi que tenía pegada una nota que decía: « Mamá Lola, antigüedades y tesoros olvidados ».

Había una dirección y una hora, las ocho y media de la tarde.

Y aunque me quedé atónito ante aquella cita inesperada, sabía que debía acudir.

La portada del disco estaba terminada y me fascinó verla con el nombre de Ravens Fly First y ese cuervo apoyado en las letras.

Escribí a Sarah, a Ciro y a Byron para enseñárselo en persona antes de mi encuentro misterioso.

Les encantó cómo había quedado y brindamos con unas bebidas por el bonito rostro de nuestro primer trabajo juntos, que estaba ya preparado para ser escuchado por el público.

Solo deseaba que la gente lo tratara bien. Había mucho de nosotros en él. Supongo que es parecido a lo que sienten los padres cuando llevan a su hijo a su primer día de colegio.

Me sentía contento de que las cosas entre Sarah y yo se hubieran relajado y la veía feliz de tenerme a su lado aunque yo también quedara con Taylor. La mala experiencia con Leo debió de servir para arreglar algunas cosas entre ellas.

Después del brindis, nos despedimos y quedamos para el siguiente ensayo, pues en verano teníamos algunos conciertos ya apalabrados. Luego me marché para que no se me echara el tiempo encima.

Llegada la hora yo estaba allí esperando ante una puerta con un cartel que rezaba: «C errado » .

Entonces la puerta se abrió y salió un chico de mi edad.

Parecía japonés y tenía los brazos llenos de tatuajes, al igual que el cuello.

Me miró fijamente, pero no me respondió nada a pesar de mi tímido saludo de cortesía. Tal vez no lo escuchó.

Segundos después, una mujer de aspecto simpático y afable giraba el cartelito para indicar que estaba abierto y me recibía educadamente, con un trato muy cercano.

─Gracias por venir, Dante. Te estábamos esperando.

Me cogió por la cintura para acompañarme adentro y reconozco que me sentí totalmente a salvo con ella.

Luego me condujo hasta una trastienda con una gran mesa de madera maciza, muy antigua, posible testigo de muchas otras reuniones.

Las sillas eran también robustas y de una talla bastante artesanal.

Me quedé embelesado con todas las cosas que había allí cubriendo las paredes y sujetas del techo.

Colgantes, máscaras, espejos con pedrería…

y un cuervo negro, uno real, reposaba sobre una barra que sobresalía de lo que bien podía ser un perchero antiguo.

La luz era tenue y el ambiente era agradable, con un ligero aroma a incienso.

Estaba tan abstraído que no me percaté de que no estábamos solos.

─Hijo, puedes llamarme Mamá Lola, y a mi otro invitado creo que ya lo conoces.

El señor de Domingo, el amigo de Rob y quien me ilustró sobre el Yo Superior, se levantó a estrechar mi mano.

─¿Usted? Hacía tiempo que no nos veíamos ─le dije.

─Cierto, Dante. ¿Cómo han ido las cosas? ¿Has vuelto a soñar algo que te haya hecho pensar desde nuestro encuentro?

─Sí, tuve un momento en que me ahogaba y viví algo extraño ─expliqué yo mientras tomaba asiento.

─Querido muchacho, hoy tenemos que contarte muchas cosas, pero necesitamos que tengas la mente muy abierta puesto que no son asuntos precisamente comunes.

Me quedé mudo al principio, pero sabía que necesitaba respuestas. Respuestas que solo hallaría allí.

─Querido Dante, ¿y si te dijera que lo que has soñado ya lo has vivido de alguna manera?

─me preguntó la mujer. Por alguna razón que desconocía, no me parecía del todo descabellado─.

¿Y si te dijera que tienes un cometido importante que no lograste cumplir y que el universo te permite volverlo a intentar? ¿Qué pensarías?

─Que soy afortunado por poder intentarlo de nuevo ─contesté yo, pensativo.

─A partir de ahora vas a tener vivencias que rozan lo onírico y que te traerán lecciones ─añadió Domingo ─ . Deberás recordarlas bien. Apúntalas si es necesario. Son ayuda de aquel que un día fuiste pero que, de alguna manera, aún eres.

─¿No recuerdas a nadie de tu alrededor? A veces se nos ponen personas cerca que ayudan a este « despertar ». ─Siguió ilustrándome Mamá Lola─. Realmente no todo el mundo lo tiene pero, si se está manifestando en ti, no hay que ignorarlo, Dante

─Recuerdo que estaba con unas amigas. Creía que las iba a perder. Sucedió en las dos ocasiones en que me asfixiaba.

─Entiendo ─se limitó a decir mi anfitriona con la mirada fija en de Domingo─.

Dante, ¿te importaría que nos viéramos aquí a menudo, en la tienda?

Podría guiarte en tu aprendizaje para conocer qué te está pasando ─se ofreció─, siempre y cuando estés dispuesto a tener fe y a desentrañar lo que el destino tiene escrito para ti.

Podrías ayudar a más personas además de completar lo que has de cerrar en esta vida.

Los caminos que andamos van conectados como si fueran hilos rojos y brillantes en un abismo oscuro, hilos que se entrelazan. Te pido que no olvides eso.

─Hay alguien que te está advirtiendo de algo. Eso es seguro. Pero no has de caminar esta senda solo, chico ─me informó el señor de Santiago.

─Me gustaría descubrir qué hay detrás de estos mensajes que aún no sé descifrar ─les dije ─ . Algo me decía que aquí encontraría información sobre todo esto.

─Bien, Dante. No te equivocas ─ respondió Mamá Lola ─ . Nos veremos cada miércoles a esta hora y trabajaremos juntos. Ahora has de estar atento a las señales que te manda el universo. Atento a las personas que te rodean. Algunas ya han empezado a recordar.

─Claro, eso haré ─y le di las gracias a ambos. Parecía como si el cuervo me mirara y sellara también el acuerdo que acabábamos de cerrar.

─Por cierto, toma. Esto es un regalo de alguien que se preocupó por ti.

Y alargando su mano, Lola me ofreció un objeto. Era un huevo negro. Estaba hecho de algún tipo de mineral, pero no pesaba mucho.

─Vaya, muchas gracias ─le contesté algo confuso.

─Alguien te lo pedirá. Solo deberás dárselo cuando sientas que has de hacerlo.

Y recuerda, la música en tu vida no es una casualidad.

Deberás entenderla si quieres llegar a la verdad ─concluyó ella.

Luego se levantó y, antes de que me fuera, me dio un sentido abrazo─.

No sabes lo contenta que estoy de que hayas venido, Dante.

Hemos de hacer tanto juntos. Será un cometido difícil pero, ahora que te conozco, sé que lo conseguiremos ─me aseguró con ilusión aún presionándome contra su pecho─.

¿Te puedo hacer una pregunta antes de marcharte, una algo personal que no tienes por qué contestar si no quieres?

─Claro, ¿de qué se trata? ─contesté sin pensarlo dos veces.

─He tenido una sensación rara al tocarte. A veces me pasa. No llegaste a conocer a tus verdaderos padres, ¿verdad?

Esa pregunta no me molestó, aunque no me la esperaba. Por eso busqué las palabras adecuadas para responder:

─ Conozco a las personas que llamo padres desde que tengo uso de razón.

Me criaron como si me hubieran tenido y deseado toda la vida.

Pero si he de contestar solo en términos biológicos y no del corazón, no, nunca he sabido con certeza acerca de su identidad.

Para mí, un padre o una madre no es quien te trae al mundo sino quien permanece a tu lado, y eso sí lo he tenido.

─Gracias por tu sinceridad y por no ofenderte ─me agradeció Lola.

─No podría hacerlo, sé que usted tiene algo que me tranquiliza, algo que la envuelve y me trae paz.

Ella cerró los ojos, suspiró con una amplia sonrisa cargada de alivio por mi respuesta y, con la expresión de la que no ha perdido la esperanza, nos despedimos. De Domingo me estrechó la mano para decirme adiós.

Al salir me estaba esperando alguien en la puerta. La persona que me había dejado aquella nota en el archivador. En más de una ocasión.

─Muy chula la camiseta, pero no es el mejor grupo. ¿Aún no me recuerdas?

Y al verla me vinieron a la mente muchas cosas, sobre todo un beso en la oscuridad que siempre guardé en mi pecho hasta que pudiera recordar quién me lo dio.

─Aún no, Taylor. Pero sé que podré si tú me ayudas ─y nos fuimos a caminar juntos, hablando sobre nosotros.

Sobre cómo resolveríamos todas las dudas que teníamos mientras la música que debía acompañarnos se volvía un aliado.

El siguiente paso que daríamos los Ravens Fly First sería llegar a Remembrance.