Capítulo 24 Audición
Estaba tumbado junto a mí. Tan guapo como siempre o quizá más.
Su torso se dejaba ver y me sentí tentada de deslizar mis dedos sobre él, aunque lo despertara, tal vez así podríamos amarnos un ratito más hasta decidir si salir en algún momento de mi habitación.
Pero no hice nada, solo me quedé observándolo con un sentimiento que ya había experimentado antes.
Se despertó y me miró, desperezándose de una manera graciosa.
Intentó dotar a su estiramiento de cierta e imposible elegancia y nos entró la risa.
Dante me hacía reír, sí, y mucho. Gracias a eso desterré una sensación que me aterraba, al menos durante un tiempo.
Nos despedimos para que él pudiera irse a casa y adecentarse.
Siempre pensaré que ese ligero desastre que lo acompañaba lo hacía más interesante y atractivo.
Esa semana teníamos el ensayo final para dejar cerrados los temas que tocaríamos en la audición, que tendría lugar en un salón donde Ilai disponía de un sillón enorme que parecía sacado de una casa antigua de la nobleza.
La gente decía que parecía un trono enfrente del escenario.
Allí analizaba el material y luego pronunciaba su veredicto.
Nos reunimos en el local y tocamos los cuatro temas delante de unos amigos de Ciro.
Él nos recomendó que ensayáramos como si fuera un concierto de verdad, ya que el día de la audición no solo estaría aquel imponente juez, sino gente de otros grupos que solían aceptar su invitación.
Volvimos a darles una vuelta más y finalmente nuestra pequeña audiencia nos dio el visto bueno. Estábamos listos para la actuación.
─¿Y cómo nos vamos a presentar? ─intervino Byron de repente entre los aplausos.
─El chico tiene razón ─dijo uno de los amigos de Ciro ─ . Si no vais a conservar el nombre del anterior grupo, necesitáis uno nuevo. Ya sabéis que no podéis presentaros delante de Ilai sin nombre. Es como perder puntos.
Dante sacó una carpeta de su mochila y les mostró a todos aquellas láminas que a mí ya me había enseñado antes. Pero había una diferencia. Había rotulado unas palabras: Ravens Fly First.
─Justo me ha venido esta idea a la cabeza, ¿qué os parece?
─A mí estos cuervos me parecen increíbles y el nombre ni te digo ─exclamó Byron. Su gusto por lo oscuro entró en escena.
─Me gusta. Tiene buena sonoridad ─aportó Ciro con los dibujos en sus manos como si los analizara.
─Ya sabes que me encantan ─terminé de dar yo mi aprobación al ver que los ojos de Dante buscaban mi respuesta.
─Pues, ¡damas y caballeros! ¡Ya tenemos nombre y vamos a hacer que resuene sin límites! ─clamaba Dante con orgullo como si estuviera brindando o bautizando el proyecto.
El día señalado quedamos dos horas antes en un bar de la zona para distraernos y no descuidar lo que la banda era en realidad: un grupo de amigos. Ciro no pudo acudir porque tenía que terminar un asunto de trabajo, pero se unió a nosotros en los últimos minutos.
Luego, con suficiente tiempo, comenzamos a trasladar nuestro equipo, principalmente porque la batería requería de más viajes.
Además, Sarah tenía que montarla. Aunque se nos indicó que en la sala para la audición disponíamos de todo lo que necesitábamos para tocar, lo teníamos claro: debíamos sonar como lo que hacíamos en el local de ensayo y hacerlo con nuestros instrumentos.
No tenía sentido sonar como todos los demás que habían interpretado sus canciones allí, pues habría sido como un paso hacia perder nuestra identidad.
La sala parecía sacada de una mansión antigua.
Todo el suelo estaba cubierto por alfombras y los muebles que allí encontramos se creería que estaban sacados directamente del Renacimiento.
Su madera oscura y su ornamentación, cuando menos simple, te hacían retroceder siglos atrás.
Y las enormes ventanas, tapadas con gruesas cortinas, condenaban la luz exterior a nunca conocer aquel extravagante salón.
─Ravens Fly First ─pronunció la voz de Leo sujetando unos papeles con tono de burla.
─¿Quieres que te lo traduzca?
El tono desafiante de Dante afectó momentáneamente al cantante de los Punk Wolves, quien respiró hondo y se quedó callado esperando la entrada del verdadero anfitrión del evento.
Con Leo se encontraba el resto de la banda, cosa que me incomodó bastante, pues Taylor estaba allí aunque apenas nos miró ni se acercó a Dante. Y yo me sentí agradecida.
─Sangre nueva que quiere compartir su talento ─sonó contundente la voz del Tío Sam─. Soy Ilai Samuels y os estoy muy agradecido de que queráis tocar para mí esta noche.
─Muchas gracias ─contestamos casi al unísono. La presencia de aquel hombre era tan elegante como aterradora. Si no le gustábamos, estábamos fuera.
─Habéis traído vuestros instrumentos. Qué gran idea. De no ser así, os habríais negado a tocar. Esencia ─le escuchamos susurrar para sí mismo. Luego nos invitó a comenzar─: Cuando queráis.
Los demás se enchufaron a los amplis y yo me puse cómoda.
Nos dimos una señal y entramos con Inhuman .
La tocamos sin problema al igual que el resto de los otros temas.
Los fuimos introduciendo en el concierto en el orden que solíamos en el local.
Ilai nos obserbaba impasible pero su mirada estaba clavada en Dante.
Parecía estar analizando cada posición de sus dedos y sus manos.
Mientras tanto, mi chico no se inmutaba y seguía cantando y dándolo todo.
No sabíamos si a nuestro anfitrión le estaba gustando o no, pero los intengrantes de los Punk Wolves, sin embargo, sí que comentaban entre ellos cosas.
Todos menos Taylor, que solo nos miraba con un amago de sonrisa con la que parecía estar deseándonos todo lo mejor.
Tras tocar las cuatro canciones, nuestro veredicto se hizo de esperar unos minutos más.
─Uno más ─añadió con toda normalidad el Tío Sam─. Un tema potente pero lento, rockmántico . Me ha faltado eso, Ravens.
─¡Vamos, chicos!
La voz de Ciro nos hizo conectar de nuevo ante nuestro desconcierto, pues ¿cómo íbamos a tocar otra sin tener nada preparado? ¿O tal vez sí lo teníamos?
─ In the Darkest times e s lo que más se ajusta a lo que quiere ─añadí yo. Y Dante me miró extrañado─. Por favor.
Entonces él tomó su guitarra de nuevo y comenzó con el arpegio limpio y lento que introducía la canción.
A los pocos segundos, les di la entrada y todos se unieron.
Byron y Dante pisaron sus pedales para meter la distorsión y el resultado fue impactante.
El bajo le daba cuerpo al acompañar cada nota.
Luego comenzó la letra y no pude evitar mirar a Taylor.
Esa letra era suya y por ello la vi observando a Dante perpleja.
Y no sé por qué, pero no me molestó tanto como la primera vez que la escuché. Era un buen tema.
Una mueca de satisfacción se dibujó en la cara de Ilai, ahora contento con su último capricho.
Byron metió un riff que dejó bordado el final de la parte más contundente y que parecía que había nacido para ser incluido en el tema.
Así terminamos nuestra audición, aunque solo el hombre del trono aplaudió.
─Bravo, Ravens Fly First. Me habéis sorprendido mucho.
Hacía tiempo que no disfrutaba tanto de una actuación, casi una vida diría yo.
No hace falta añadir que a partir del próximo día os uniréis al Stage.
¡Bienvenidos a un nivel superior! ─Se le veía muy contento─.
Y ahora, por favor, quedaos a tomar algo para celebrar cómo aumenta nuestra familia.
Ciro aceptó de buen agrado y, como si nada, se puso a conversar con Ilai. Tenía ese don de gentes. Nosotros estuvimos allí no más de media hora y luego nos excusamos para marcharnos.
─¡Esperad! No tan rápido ─nos interrumpió Ilai─, no se puede entrar en un local nuevo sin su llave. Taylor, llévales por favor al local 74. Allí estarán cómodos. ¿Para qué bajar vuestros instrumentos al antiguo local cuando podéis dejarlos en el nuevo? Ahorraos un viaje.
Acto seguido, le entregó la llave a Taylor y fue ella quien nos acompañó. Entonces mi enfado se manifestó de nuevo, ¿es que no había otra persona para acompañarnos? Tras recoger todo, la bajista de los Punk Wolves nos condujo hasta nuestro nuevo santuario del rock y se marchó tan solo diciendo:
─Enhorabuena, lo habéis hecho muy bien.
Dante le contestó tímidamente, sin apenas mirarla.
Yo me sentí fatal, como si estuviera prohibiéndole algo sin derecho alguno. Pero era mejor así, o eso pensé, para que todos sufriéramos menos.
El local era cuatro veces más grande que el anterior y su olor ya no era el de unas mazmorras.
Y lo mejor de todo: no había ratas. Por tercera vez ese viejo sofá que aún conservábamos viajaría de nuevo.
Su amigo el frigorífico también, destrozando nuestras espaldas, aunque daba igual.
El nuevo local era incluso mejor que el que teníamos antes Nana, Ciro y yo en este mismo piso.
Tras terminar la mudanza, acabamos cansados a más no poder y decidimos retirarnos.
Dante me ofreció irme a su piso con él, pero preferí descansar después de aquel día tan duro.
Quizá debería haberle dicho que sí. No sé.
No me apetecía. Y él sabía respetarme. Luego se acercó y, tras besarnos, me dijo que me quería y que, si no me importaba, se iría caminando con Byron. Así nos despedimos.