Del Escenario al Recuerdo (Ravens Fly First 2) Capítulo 21 Mamá Lola
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Capítulo 21 Mamá Lola

La calle era estrecha y oscura, bastante apartada de todo para pertenecer a algo. Cada vez que la transitaba rezaba porque no apareciera ningún indeseable que me quisiera hacer daño. No obstante, era como si todo ese camino se hallara protegido por algún tipo de mandato.

Llegué a un pequeño portal donde se leía: « Mamá Lola.

Antigüedades y tesoros olvidados » . Me encantaba ese letrero que parecía haber convivido con el pasado tanto como para poder relatar cientos de sus historias.

La puerta era de madera y tenía una ventanita de cristal con un sol pintando.

Además pesaba bastante, como si tratara de darle a uno el tiempo suficiente para pensar en si estaba preparado para lo que allí se encontraría.

Estanterías y más estanterías, algunas de pino, otras de metal antiguo pero cuidado, con objetos variopintos, cada uno con su historia, cada uno con un desenlace que lo acabó trayendo a la tienda.

Relatos que solo ella conocía: Mamá Lola.

Las campanillas de la puerta le avisaron de que alguien había cruzado ese umbral en que lo terrenal quedaba atrás. O quizá ya sabía que era yo.

─Taylor, cariño, ¿qué te aflige, querida?

Estaba guardando unos tapices sin siquiera mirarme.

─Nada, bueno, tenía unas dudas sobre algo que me ha sucedido ─le conté mientras dejaba mis cosas en una silla cerca del mostrador. Me sentía como en mi casa en esa tienda. Mi abuela me llevó allí en alguna ocasión, pues la dueña y ella eran amigas.

─Bueno, todo tiene solución. ¿Has encontrado lo que estabas buscando?

─Sí y no.

Ella arqueó una ceja dejando claro que tenía que esmerarme más con la respuesta.

─Perdona, Lola ─proseguí─. Sí, pero no sirve de nada. No me veo capaz de conseguir lo que se me ha encomendado sin que sufra gente a mi alrededor ─le expliqué con pesadez─. No es fácil y no paro de equivocarme.

─Comprendo. Nadie dijo que lo fuera. Y si lo contaras no creo que muchos te creyeran.

─Pero usted sí tiene esa capacidad, me contó cosas difíciles de asimiliar y yo confié ─la interrumpí.

─Yo ya sabía que lo harías ─me corrigió─. Y cuando se es consciente de algo no hay tal esfuerzo. Yo tengo fe.

─Pues yo estoy empezando a dudar de la mía ─confesé impulsivamente y bastante alicaída.

─La noche en que veas llegar el fin, lo tendrás durante unos instantes, y luego lo perderás sin querer recuperarlo.

Esta vez la que arqueó la ceja fui yo y Mamá Lola se percató. Eran los típicos acertijos de maestro de libro de aventuras.

─Ha de ser así, no desesperes. Has de creer o no podrás seguir con esto, hija mía.

Se acercó a mí y me apretó contra sus grandes pechos.

Mamá lola era una mujer bellísima, mayor y entrada en carnes.

Podría haber sido casi mi abuela aunque se conservaba realmente bien.

Tenía la piel oscura. Esta contrastaba con el oro de sus collares y pulseras que se mezclaban con bonitos adornos hechos de conchas y otros regalos marinos.

Su vestido era dorado y negro y sus ojos eran de color miel claro. Emblemáticos y sabios.

─¿Estás segura de que eso sucederá? Lo veo complicado ─dudé sin pensar.

─Tan segura como cuando sentí que vendrías a mí por primera vez con la buena de Marga.

Su sonrisa me tranquilizó aunque percibí tristeza en sus ojos.

De repente y sin saber por qué, un recuerdo invadió mis pensamientos.

Era un día normal y corriente de septiembre.

El segundo día de clase para ser exactos, y había dormido mal.

Sentí el impulso de realizar una pequeña travesura pero enseguida me di cuenta de que no parecía yo.

De que por un momento era otra persona la que movía mis manos y gastaba aquella especie de broma a un chico desconocido.

Una vez lo hice me sentí mucho mejor, pero me fui de aquella clase muerta de vergüenza.

Parecía una chica de instituto. Notaba que tenía que encontrar a alguien.

Tenía una necesidad imperiosa de saber que existía y eso no me dejaba descanso.

Pedí ayuda y algo me llevó a esta tienda de nuevo, esta vez sin mi abuela.

La voz de Lola me sacó de mis pensamientos.

─Los mensajes que lanzas al universo son importantes, pediste ayuda, mi niña, y eso nos llevó a reecontrarnos. Yo ya había soñado con tu visita. Y por eso estás aquí de nuevo. Todo está agitándose y empeorando, ¿verdad? ─adivinó esta vez con el rostro algo mas serio.

─Pasé miedo. Esa música los enloqueció y los privó de voluntad. Parecía como si carecieran de juicio en aquella oscura sala de conciertos.

Tenía la piel de gallina mientras se lo contaba a Mamá Lola.

─Están experimentando, y esto irá creciendo exponencialmente. Apuesto a que no tardaremos en saber más de este tema en las noticias. No van a parar como las otras veces ─sentenció mientras me miraba fijamente.

─¿Parar de qué?

Estaba asustada, y noté que hasta levantaba el tono de voz.

─De confundirles y manipularles ─respondió Lola─.

De alimentarse de su miedo. Hay muchos medios, no solo es la música.

Los informativos, la política, los libros con la historia que nunca escriben los vencidos…

La mentira es muy poderosa si la conviertes en semilla.

El miedo actúa de la misma manera y crea fieles que delegan su salvación en vez de salvarse durante generaciones.

Gente que baja la guardia y opta por obedecer firmando así contratos oscuros.

Esas personas son más propensas a estar receptivas ante un decreto que vulnere su voluntad.

Y esa música que me cuentas trae dicho mensaje ─me explicó.

─Pero yo no me vi afectada ─añadí con curiosidad.

─Cada ser tiene su camino, y hay quien aprende mientras anda y quien se conforma con llegar. No se llega al mismo sitio, querida ─me instruyó a la vez que, como si nada, doblaba los tapices para meterlos en un baúl. Luego dejó dentro una cajita de incienso.

─Algo hará. No hay que subestimarlo ─Creí que le hablaba a lo que había ocultado entre las telas─.  Lo más insignificante puede crear un efecto increíble a largo plazo. Ya verás cómo huelen estos tapices en una semana o dos.

Lola se había ido totalmente del tema. O tal vez no. Yo me reí al ver esa simpática excentricidad que la hacía fascinante ante mis ojos.

─Es importante que lo encuentres ─ continuó ─ , pero debes devolverlo. Has de sufrir no poder tenerlo. Quizás entonces lo tengas. Paradójico, ¿verdad?

─Creo que ya no sé qué estoy buscando, la verdad, ni entiendo por qué he de ir a buscarlo a otro de esos endemoniados conciertos.

─Porque solo entonces lo encontrarás cuando aquello que pretendes hallar llegue hasta ti por voluntad propia. A veces las cosas resultan así. Planeamos algo, sale al revés pero ocurre después de todo ─concluyó.

Un conocido nuestro abrió la puerta y entró como quien pasa por su casa.

Se acercó familiarmente a Lola y la besó en la mejilla.

Luego, tras hacer lo mismo conmigo, me preguntó cómo estaba.

Le contesté brevemente con una sonrisa y, tras darle las gracias a aquella exótica maestra de vida, me marché.