Del Escenario al Recuerdo (Ravens Fly First 2) Capítulo 17 P de Paramore
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Capítulo 17 P de Paramore

Nos quedamos hasta altas horas de la madrugada despiertos.

Incluso escuchamos entrar a mis compañeros pero no salimos.

Estábamos mejor allí en mi cuarto, no necesitábamos nada más.

Cuando todos se metieron en sus habitaciones y los creímos dormidos, salimos como dos ladrones en la oscuridad.

Ella debería hacer lo mismo al llegar a su casa para no molestar a sus compañeras de piso, pensé.

Momentos después me subí con ella en el coche y la acompañé hasta su calle, que estaba a pocos minutos de mi casa.

La seguí hasta el portal y, tras besarnos de nuevo, nos despedimos y regresé andando a casa.

No me creía lo que acababa de suceder y no sabía si podría pegar ojo las pocas horas que me quedaban para levantarme.

Cuando sonó mi alarma me desperté agotado. Me duché y salí a la cocina para ayudar con el desayuno. Entonces noté que un silencio más allá de lo común se respiraba en el ambiente.

─Y bueno, Dante, ¿qué tal tu ensayo de ayer? ─me preguntó Jesús.

─Pues la verdad es que parece como si hubiéramos nacido para tocar juntos. Fue ágil y productivo ─expliqué yo─. El local deja mucho que desear de momento, pero tenemos algunas actualizaciones en mente antes de que nos suban de nivel.

─Cuidado con ese Ilai, Dante. Ese tío es turbio. Vigila lo que firmas con esa alimaña ─me advirtió Davi.

─Gracias, Davi. Mis compañeros del grupo lo tienen calado también.

─¿Sigue haciendo lo de pedir un objeto por banda? ─quiso saber Annette─. Es mítica esa leyenda. Mira que es rarito el hombre.

─No tengo ni idea. Hasta que no pasemos la audición y registremos el nuevo nombre, no creo que nos pida nada ─me atreví a especular.

Seguimos desayunando y, al pasar cerca de mí para coger una tostada, Annette me habló en voz baja:

─Sé que ayer no estabas solo, pillín.

Y se rio discretamente. Al parecer, no habíamos sido tan buenos en la retirada como pensábamos. No para mi compañera la ninja, pensé.

Terminé de arreglarme y me fui a la universidad. Y al bajar del autobús me encontré con Taylor, que esta vez no me ignoró.

─Buenos días, Dante ─me saludó. Parecía nerviosa.

─Buenos días, Taylor. Me alegro de verte.

─No te voy a quitar mucho tiempo. Te debo una disculpa ─se sinceró conmigo─.

Me he comportado como una inmadura, no supe entender por qué no acudiste a nuestra cita.

No sabía lo de la pelea, yo no te dejé explicarte.

Pensé que te habías ido con otra persona sin decirme nada y no supe cómo reaccionar.

─Bueno, lo pasado, pasado está. Supongo que ambos hemos de esforzarnos para que esta amistad siga su curso.

Siento el malentendido que te llevó a pensar todo eso, pero una parte de mí he de reconocer que sigue dolida, ya que en lo poco que nos hemos visto no te he dado razón alguna para dudar de mí.

─Lo sé, Dante, y te pediré perdón todas las veces que haga falta hasta compensar el daño que te he hecho

Me empecé a sentir mal al verla así. No era necesario echar más leña al fuego.

─No hace falta, tranquila. El tiempo lo cura todo. Y en el rato que llevamos hablando ya casi se me ha olvidado ─le dije de corazón. De verdad, no quería que nadie más sufriera.

─Gracias, en serio. ¿Qué tal os va como grupo? Ha debido de ser un rollo tener que bajar al piso inferior y tener tus comienzos en esas cuevas ─me comentó.

─Bueno, creo que todos menos Sarah llevamos bien lo de haber acabado allí.

Noté que mencionar a Sarah le había ensombrecido el rostro. Sin embargo, no añadió nada al respecto.

─Ese grupo, los Punk Aches, era bueno ─cambió de tema ─ . Ciro el bajista es considerado uno de los mejores de la zona. Es algo mayor que vosotros y se le notan las tablas. Ha tocado con otros grupos del Rock Realm y está bien considerado. Jamás se ha llevado mal con nadie, que yo sepa.

─Es un tío encantador. Y fue el que me ayudó el día que me desplomé en los locales. Sabía lo que se hacía.

─¿Qué te pasó en los locales?

Se le notaba preocupada.

─Corrí tras de ti, ¿no te acuerdas? Pero no sé por qué razón me quedé sin aliento. Ciro dice que es más bien al revés y que realmente había tomado más del que necesitaba. Ansiedad, me diagnosticó muy seguro de sí mismo.

─Y yo no me quedé contigo... Soy de lo peor, en serio, Dante. No sé cómo sigues hablándome.

─Pues porque los breves momentos que pasamos juntos antes del malentendido me los guardé con mucho cariño ─le reconocí─.

Creo que saber pasar página es importante si lo que puedes conservar merece la pena.

Y tú vales mucho aunque te hayas equivocado.

No te eches cosas en cara si yo no lo estoy haciendo. Al menos me debes eso.

No quería que se atormentara.

─¿Te puedo hacer una pregunta más? La noche de la pelea, ¿viniste a …?

En ese momento apareció Sarah de repente y me saludó con un abrazo.

─Vaya, perdón por interrumpiros ─soltó tras separarse de mí.

Noté cierta territorialidad en su tono aunque lo disimuló con una sonrisa. Yo me encontraba incómodo a más no poder.

─Perdonad. Sarah, esta es mi amiga Taylor. Taylor, esta es Sarah. Taylor es una amiga de la facultad, y Sarah y yo estamos…

Me detuve puesto que, tras la noche que pasamos juntos, no sabía exactamente como nos veía Sarah.

─Saliendo ─añadió sin darme tiempo a seguir.

─Encantada, Sarah. Creo que nos hemos visto por los locales. Bueno, os dejo. No quiero llegar tarde a clase.

Acto seguido se marchó y Sarah y yo esperamos en silencio a que se fuera, muy tensos.

─Vale, lo siento. Me he pasado al presentarme como tu novia. Llámalo celos ─se disculpó bastante avergonzada─. Sé que ella es la chica en la que te has inspirado para una de tus canciones.

Sarah parecía arrepentida por esa impulsividad que le había superado.

─No te has pasado. Y me alegra que me consideres tu novio. Comprendo tu reacción al vernos juntos, pero necesitaba perdonarla para que ella hiciera lo mismo consigo misma. Es lo justo ─le expliqué con un tono serio.

─No tienes que darme explicaciones ─me aclaró satisfecha con mi respuesta─. Todos tenemos que cerrar nuestros asuntos si queremos avanzar y yo también quiero hacerlo contigo.

Me dio un beso en los labios y nos separamos para ir a clase.

Al terminar me marché a casa con Sarah. Con mucha normalidad me contó cómo le había ido el día y yo hice lo mismo.

Mientras tanto, en la radio del coche sonaba Californication de los Red Hot y le comenté lo mucho que me gustaba lo que hacía el bajista de ese grupo.

Ella me dijo que Ciro, justo antes de que se separaran, tenía un tema que empezaba con una línea de bajo muy curiosa y que le recordaba al estilo de esta banda.

Se llamaba Salvation . Tenía la letra y todo, pero a Nana, su cantante, no le terminaba porque era demasiado espiritual.

─Ya sabes, es el sello de Ciro. Es un tipo particular pero se aprende tanto de él que en una hora de ensayo te ha dado una clase magistral de sabiduría ancestral.

─Me parece un tío súper culto. Y sabe hasta primeros auxilios ─aprecié riéndome─. Tengo entendido que lleva mucho tiempo tocando y que conoce a mucha gente de los locales de ensayo.

─Sí, Ciro ha estado en este mundillo desde hace mucho.

Tiene veintiocho años y creo que sus andanzas se remontan al 94 o así.

Se ha cosechado buenas amistades con ese carácter afable que le caracteriza.

Ha hecho, además, muchas colaboraciones con grupos a los que les fallaba el bajo, tocando con ellos hasta que encontraran un repuesto. Pilota muchos estilos.

─Y, ¿como llegó a vuestra banda?

─Por Nana. Nana y él ya habían tocado juntos con anterioridad, y cuando vimos que nos faltaba un bajista en nuestra formación ella le llamó y encajamos de maravilla los tres. Hasta alguna vez le hemos pedido algún préstamo para pagar el alquiler del local. Está fijo en su curro de abogado.

─¿Abogado? ─ pregunté con sorpresa ─ . ¿De traje y todo?

No le pegaba nada.

─Sí, dice que hay que cambiar el sistema desde dentro.

─Y se encogió de hombros como si no lo entendiera del todo─.

Podrías venirte luego a mi piso con la acústica.

Después de estudiar podemos analizar esos temas de nuevo.

No vamos a molestar a nadie en casa, mis compañeras no están.

Una ha quedado y la otra tiene turno de tarde.

Me miró con cierta picardía al contármelo.

─¿A qué hora quieres que me pase? ─dije rápidamente sin poder disimular que me había puesto nervioso. Ella soltó una carcajada.

─Cuando veas que ya no puedes estar sin mí.

Y para su sorpresa añadí yo:

─Pues creo que mejor no me lleves a casa y nos olvidamos de lo de estudiar y la guitarra. Me quedo aquí.

Ante mi respuesta entrecerró los ojos mirándome con un toque casi reprobatorio, se acercó y me mordío el labio con ternura. Luego aproximó los suyos a mi oído para informarme de sus intenciones.

─No sabes cuánto me alegro de que pasemos la tarde juntos. No te vas a arrepentir.

Yo me ruboricé y la seguí hasta el ascensor, donde me besó hasta que llegamos a su piso, como anticipo.

Ya era de noche cuando me fui a casa después de cenar con Sarah. Al llegar me encontré con mi compañero Davi, que estaba recogiendo la mesa.

─¿Y los demás?

Me parecía raro verlo solo.

─Jesús ha quedado con Marta y, por su bien y desconexión, espero que no duerma aquí.

Marta era su pareja y... nos olía a boda en un futuro.

─Annette se ha ido a revelar unas fotografías a casa de una « amiga » . Ha dicho que no volvería a dormir, que tenían trabajo. Están preparando una exposición para el ayuntamiento. Y yo me he quedado para pensar un poco en el futuro de la emisora de radio.

Ese comentario me dejó preocupado.

─¿Qué sucede con Radio’n’Roll?

Ese era el nombre que él le había puesto a su programa.

─Pues que el cabrón de Ilai cada vez deja que toquen menos grupos en mi apartado de nuevas promesas ─se desahogó conmigo ─ .

Parece que los tiene acojonados y que quiere promocionarlos solo él.

Como siempre, hace una selección de los que quiere hacer sonar y a los otros no les da ni la opción de ser escuchados en esta humilde emisora. Es un maldito dictador.

─Cuando seamos conocidos, solo tú nos vas a poner en el aire. Tendrás la exclusividad para compartir nuestros temas. Te lo prometo, macho.

Debí poner mucho ímpetu en mi promesa porque me levanté y todo de la silla. Él se incorporó también y me estrechó la mano, como si selláramos un pacto.

─Eres grande, Dante, y no me cabe la menor duda de que lo harás. Ambas cosas, darte a conocer y cumplir tu palabra. Y entonces no me callará nadie con tu banda por bandera.

Lo noté emocionado. Luego me quedé con él hasta que terminó de fregar los cacharros, hablando de los grandes de muchos géneros del rock. Tras ilustrarme y recomendarme un grupo que acababa de conocer, unos chicos llamados Paramore, nos fuimos a dormir.

El día siguiente fue una jornada normal y corriente de clases.

Coincidí con Byron en el almuerzo y nos saludaron de lejos su hermana Nata y Taylor, que iban hablando de sus cosas.

Me daba pena que nuestra relación se estuviera enfriando, pero era lo mejor si no quería hacer sufrir a Sarah.

Taylor había entendido que ahora no era el mejor momento para que fuéramos amigos cercanos, y yo en cierto modo lo agradecí.

Al terminar mi última clase me fui a casa en bus. No había quedado con Sarah hasta el ensayo de las seis porque ambos teníamos que estudiar. Y nuestra última tarde juntos ya nos había retrasado bastante...

Antes de acudir al ensayo me fui a una tienda de discos que había cerca de casa.

Se llamaba Discos Merlín, y me puse a buscar algo de Paramore.

Me gustaba que el dueño nos dejara escuchar un poco de los discos en un reproductor con cascos que tenía en la tienda.

En ese momento sonaba el comienzo acústico de la canción I miss you de Blink-182 cuando un tímido «hola» me sacó de mi búsqueda por la letra P del estante de CDs.

─Perdona, no quería molestarte. Sigue.

La voz de Taylor parecía triste.

─No me molestas. ¿Qué te hace pensar eso?

─No quiero crearte ningún problema con Sarah. Eso es todo. O sea que estáis juntos... ─pronunció pensativa. Y esperó la afirmación que confirmaría de mi propia boca lo que tanto temía.

─Sí, desde hace unos días. Pero no tienes que dejar de ser mi amiga ─quise aclararle.

─Ella no es tonta y sabe que… ─se quedó callada valorando si seguir─. Bueno, ahora ya da igual que te lo cuente porque algo me dice que ya lo sabías. Intuye que me has gustado e independientemente de si fue correspondido, para una tía esa es una amenaza que no quiere cerca.

Su sinceridad me destrozó al tiempo que escuchaba el estribillo de la canción de los Blink.

─¿Y por qué me trataste tan mal si me querías contigo? ─le reproché con cierta rabia.

─Porque no viniste cuando Leo aseguró que no lo harías. ¡Porque me enseñó una foto de vosotros abrazados, joder! ─Lloró al soltar todo eso─. Entonces me puse a beber, dejé la puerta abierta confiando en que no me fallarías y vendrías a salvarme. Me caí y…

Mi voz completando su testimonio no la dejó terminar.

─Abrí la puerta, te recogí y te acosté en el sofá. Te tapé y pasé contigo toda la noche susurrándote cuánto te quería.

Mi tono se suavizó al contarle lo que pasó y en ese momento derramé una lágrima yo.

─No lo sabía. No te vi al despertar.

─¿Te habría gustado que te encontrara en ese estado? ─intenté hacerle entender.

─No, la verdad es que no. No habría querido que me vieras así ─confesó mirando al suelo.

─Sí que fui a salvarte, tardé porque había perdido el conocimiento, pero sí que fui a por ti y tú me echaste de tu vida. Y yo... Ahora he rehecho la mía ─sentencié sin poder callar lo que sentía.

─Y me lo merezco, por eso no puedo estar cerca de ti. Es demasiado doloroso y más ahora que, tras saber lo que sucedió en realidad, te amo más que nunca.

Se despidió y me dijo con una sonrisa forzada:

─En la P hay un grupo muy chulo que se llama Paramore, serán grandes.

Y minutos más tarde salí con el álbum en mis manos.