Capítulo 15 Amigas
─Tienes mala cara, Taylor. ¿Estás bien? ─ m e preguntó Nata. Había recibido una llamada para vernos en su casa y ponernos al día y tenía que reconocer que necesitaba hablar con alguien que me escuchara.
─Bueno, he tenido épocas mejores, no te voy a engañar. Hasta me he saltado dos días de clases.
Yo misma noté mi voz cansada y mustia mientras me sentaba en un puf grande con forma de tarta. Aquel ridículo asiento me engulló dejándome boca arriba contemplando los colores crema azules y rosas de la habitación y la lámpara de perlitas verdes que parecía sacada de la mansión de Barbie.
─Lo siento mucho ─me dijo mientras abría su armario lleno de un colorido vestuario y un espejo de cuerpo entero en la puerta.
A los lados de este se veían pegatinas ochenteras de Madonna y Bon Jovi entre otros─.
Por cierto, el idiota de tu ex es un abusón de mucho cuidado.
¿Te puedes creer que intentó pegarle a mi hermano?
No podía creer lo que me estaba contando.
─¿Al pequeño Byron? ¿Qué me estás contando? ¡Pero si le saca por lo menos cuatro años! ¡Será cobarde! ─expresé con rabia.
─Pues sí ─afirmaba concentrada mientras elegia los colores con los que nos íbamos a pintar las uñas─. Si no llega a ser por Dante, mi hermano vuelve en ambulancia a casa.
─¿Dante defendió a tu hermano? ─pregunté extrañada.
─Sí, y no solo eso: dicen que cuando Leo os llamó zorras a ti y a otra amiga de Dante, le dio un puñetazo, ¡y el muy cretino salió huyendo como alma que lleva el diablo!
Parecía que Nata disfrutaba relatando lo sucedido. En su tono había una epicidad muy graciosa.
─¿De qué colores las quieres?
─Pues… Negras y lilas ¿Y luego?
Necesitaba saber más.
─Yo me las haré malvas y amarillas… Dante vino a mi casa, al día siguiente, y me contó que después de todo eso lo agarraron entre varios para pegarle una paliza a traición. Se quedó en el suelo del aparcamiento durante horas.
─No me fastidies…
Me estaba empezando a sentir culpable al no haberle dejado explicarse cuando me llamó. En ese momento hice la pregunta decisiva:
─¿Y luego se fue con la amiga esa a la que Leo llamó zorra?
Nata ya había pillado por dónde iba mi preocupación.
─Creo que voy a abrir la ventana, tía. Esto huele a intoxicación segura ─cambió de tema.
─¡Nata! ¡Vuelve! ─le insistí al verla dispersa.
─¡No, ansiosa, no! Ella trajo a mi hermano a casa y él se quedó porque había quedado con alguien. O eso me dijo mi hermano que le había escuchado decir a Sarah. Así es como se llama su amiga.
Su historia confirmaba el peor de mis miedos: sí que habría venido a verme de no ser por Leo y los otros de su banda. Y no, no había pasado la noche con ella.
No me lo podía creer. Lo había sacado de mi vida de una patada y sin razón alguna. ¿En qué estaba pensando? Es que me merecía estar sola, por idiota y por mis malditos celos. Estaba apunto de morderme el labio para no llorar cuando fue Nata la que me interrumpió:
─Has metido la pata pero bien, ¿a que sí? ─me soltó mientras se tiraba en su preciosa cama rosa con un vaporoso dosel blanco que la cubría cual velo de novia─. Lo veo en tu cara. Nos conocemos desde hace mucho ya.
─No lo sabes tú bien, Nata. Hasta el fondo y el más alla.
Y he perdido a la persona que más me importaba a pesar de lo poco que nos conocemos.
Sentí que era la pieza que me completaba.
Quizá parezca de locos, pero es que estaba tan segura...
Y para colmo, me he dado cuenta de que no lo merezco.
Ahora entiendo por qué ella lo abrazó sobresaltada en el local preguntándole si estaba bien.
Ella estaba allí para preocuparse y yo ni siquiera lo miré a la cara, por orgullo.
¿Por qué todo me sale mal con Dante? Cuando me acerco a él, todo se tuerce y lo alejo de mí.
Es como si me hubieran echado mal de ojo, en serio.
─Habla con él, Taylor. Es un buen chico. Te escuchará y podréis aclarar este malentendido.
En esa frase noté una carga de razón y ternura que me hizo explotar y derramar mis lágrimas por fin.
─Es que solo le voy a hacer daño.
En ese momento me invadió un oscuro pensamiento. Uno en el que perdía a Dante mientras su mano se escurría entre las mías para no verlo más. Parecía real en mi cabeza y me estaba empezando a encontrar mal. Tras ese instante de desconexión, Nata me dio un golpecito en el hombro y me llamó.
─Taylor, ¿estás bien? Te has quedado pálida e ida durante un momento.
─Sí, perdona, ha debido de ser el cansancio. No estoy pegando ojo y ya sabemos que la falta de sueño hace estragos en una ─le mentí a medias. Nos quedamos en silencio un momento.
─¿Sabes que el día que nació Kurt Cobain también es el día mundial del gato? ─ dijo de pronto sin venir a cuento .
Tras escuchar a Nata romper la tensión, supe que ella no se lo había tragado, pero que respetaba que no compartiera con ella en ese momento lo que se me estuviera pasando por la cabeza.
Era su manera de hacer las cosas y a mí me encantaba cómo era.
Entonces, las dos nos reímos y seguimos hablando de temas más triviales hasta que llegó la hora de separarnos.
─Gracias por estar ahí siempre, de corazón.
Necesitaba decirle eso.
─Nada, nada. Para eso estamos. A cambio dales de comer a Smurf y Gargamel ─me pidió con una sonrisa maligna.
─¡No, tía, sabes que la comida de peces me da un asco que te cagas! ─le grité mirando su acuario y tapándome la nariz como una niña pequeña. Nos reímos juntas y algo más seria continuó hablando:
─Mira, Taylor, eres una gran persona y una buena amiga. A quien tienes que empezar a cuidar es a ti. Creo que la vida te está poniendo a prueba con ese chico y algo me dice que no tienes que suspender este examen que se te ha plantado encima de la mesa. No quiero que sufras. Piénsalo.
Y me dio un sentido abrazo antes de irme a casa.
Después cogí mi teléfono para llamar a Dante, Nata tenía razón.
Pero por algún motivo mi móvil no funcionaba.
Era como si una extraña fuerza me hiciera errar en todos mis movimientos con él.
Probé de todo. No se encendía. «¡ Venga ya!
», pensé. Y lo guardé de nuevo. Volvería a intentarlo al llegar a casa.
Quizá solo necesitaba ponerlo a cargar un rato… o tal vez no.
Solo esperaba que mis torpes decisiones no lo hubieran separado de mí para siempre y que no me odiara. Eso sí que no lo podría soportar.