Epílogo
Twila
Un año después…
Enamorarme —y después aprender todo sobre el hombre con el que estoy a punto de casarme— ha hecho que este sea un año tremendo. ¿Quién iba a decir que Tanner lleva camisetas de cuello en pico debajo de todo y que se cepilla los dientes en la ducha?
Supongo que él no sabía que yo era un ave nocturna (frente a su alma de madrugador) o que era vegetariana. Ups. La primera vez que mencionó ir a comer barbacoa, le lancé una mirada asesina.
Pero todas esas son cosas divertidas de aprender; pequeñas sorpresas que nos recuerdan que el amor consiste en saber ceder y recibir.
El viaje a Australia para mi curso de fotografía fue increíble; Tanner hizo esnórquel en los arrecifes, exploramos el país juntos y he aprendido muchísimo sobre cómo hacer mejores fotos.
Mi cuenta de Instagram, Curvy Girl at the Beach, ha explotado.
De repente, recibo invitaciones para ser ponente principal en conferencias por todo el mundo.
Al parecer, mi mensaje sobre la aceptación corporal resuena en mucha gente.
Y estoy agradecida por ello, pero el mensaje va más allá de sentirse bien en mi propia piel: se trata de amarme a mí misma por dentro y por fuera.
Se trata de correr riesgos, de aprovechar las oportunidades y de ser valiente con el amor, igual que soy valiente al ponerme biquinis y vaqueros de talle alto.
Estoy viviendo mi mejor vida, día a día.
Y Tanner ha estado a mi lado en cada paso del camino. Dios, lo quiero y ahora, hoy, finalmente, nos casamos.
—¿Crees que debería dejarme el pelo suelto? —le pregunto a mi peluquera, Lisa. Estamos en casa de mi madre preparándonos. La ceremonia tendrá lugar en mi jardín no tan secreto.
Ella niega con la cabeza. —Te queda perfecto recogido. Y has estado enviándome ideas de peinados durante los últimos seis meses, así que ya no puedes volver a cambiar de opinión.
Xander entra con un traje de lino, con una corbata de color rosa claro completando el conjunto. —¿Te está dando guerra? —le pregunta a Lisa—. Siempre es un caso difícil.
Me río. —Para ya. ¿Se me ve bien?
Xander se vuelve hacia mí. —Estás preciosa. Como una reina.
Esbozo una gran sonrisa ante eso. Él no sabe que ese es el nombre que Tanner me dedica en el dormitorio, pero me tranquiliza de todos modos.
—Es la hora —dice mi madre al entrar en la casa. Ha estado de aquí para allá con el catering de The Red Crab y con los floristas, asegurándose de que el jardín esté perfectamente preparado—. Todo el mundo está aquí, sentado, listo para ver a la novia.
—¿Y Tanner? ¿Está aquí?
Mi madre se ríe. —Por supuesto que está aquí. Ha estado aquí todo el día, nervioso, emocionado y, Dios, está guapísimo. Twila, has hecho un buen trabajo encontrándolo.
Tomo la mano de mi madre, con Xander al otro lado, mientras caminamos hacia el jardín. Una arpista está tocando cerca de la cascada y el pastel está colocado bajo una enredadera en flor.
Xander acompaña a mi madre por el pasillo, pero mis ojos están fijos en el hombre que me espera.
Todo el mundo se pone en pie, girándose hacia mí cuando empieza a sonar la marcha nupcial. Las lágrimas me llenan los ojos al pasar junto a mis amigos y los de Tanner, su hermano y la nueva novia de Mark, Jade.
Les dedico sonrisas a todos: las personas que se han esforzado tanto para que este día sea tan especial. Pero cuando llego al final del pasillo, todos los demás se desvanecen en el fondo y la única persona a la que veo es a Tanner.
El hombre de mis sueños, al que nunca esperé encontrar, el que me había estado esperando todo este tiempo.
Más tarde, llegamos al Bahama Grand Hotel, algo achispados por el champán, después de haber bailado durante horas. Ante la puerta de la suite nupcial, Tanner me levanta en brazos, abre la puerta de una patada y me lleva en vilo al cruzar el umbral.
—Dios, he deseado estar a solas contigo todo el día —digo sin aliento mientras me deja en el suelo.
—Y yo, nena —dice él, quitándose la chaqueta del traje y aflojándose la corbata—. Quiero sacarte de este perfecto vestido de encaje.
—¿Y luego qué? —pregunto con picardía mientras me doy la vuelta para que me desabroche el vestido.
—Luego te haré el amor por primera vez como mi esposa.
Suelto un gemido. —Me encanta cómo suena eso. Esposa. Marido. Es tan excitante.
—Tú estás excitante —dice Tanner, obligándome a girar para quedar frente a él. Mi vestido cae al suelo y me quedo ante él desnuda y lista para hacerle el amor a mi marido.
—Y tú estás tan duro —digo, liberando su miembro y acariciando su verga grande y gruesa.
—Maldita sea, qué bien se siente.
Me pongo de rodillas y me meto la polla de mi marido en la boca, disfrutando de la sensación de complacerlo.
Le provoco las pelotas con los dedos, acariciándolo mientras se la chupo como a mí me gusta. Mi lengua juguetea sobre su punta y mi coño se empapa mientras tengo su miembro palpitante en la boca.
Sé que está cerca por sus manos en mis hombros mientras se corre. Su semilla salada se desliza por mi garganta y me lamo los labios, dándole unas últimas succiones mientras termina.
Ayudándome a ponerme en pie, me lleva a la cama. —Ahora, deja que pruebe el coño de mi mujer.
Me río. —Sabe igual que anoche, supongo.
—Tal vez —dice Tanner con una sonrisa, inclinándose sobre mi cuerpo desnudo—. Pero nunca me canso del coño de mi chica de curvas.
Me separa las rodillas y yo le sonrío, al amor de mi vida, al hombre de mis sueños, a mi única verdad.
El fin.