Cuando el Destino nos encontró Capítulo 13 El enemigo en las sombras
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Capítulo 13 El enemigo en las sombras

La ciudad despertó ajena a la tormenta que comenzaba a formarse en la vida de Valentina.

Al llegar a Grupo Montenegro, notó algo extraño. Los empleados hablaban en voz baja y, al verla pasar, algunos desviaban la mirada.

—¿Qué está pasando? —preguntó a Camila.

Camila suspiró antes de responder.

—Esta mañana publicaron una noticia sobre Ricardo Salazar.

Valentina sintió un vuelco en el corazón.

Camila le mostró la pantalla de su computadora.

El titular decía:

“Ricardo Salazar, empresario investigado por fraude, reaparece después de veinte años asegurando ser el padre de una empleada de Grupo Montenegro.”

Valentina leyó el artículo de principio a fin.

Lo describían como un hombre ambicioso que buscaba dinero y notoriedad. No había pruebas, solo rumores y declaraciones anónimas.

—Esto no puede ser cierto… —susurró.

En ese momento, Adrián salió de su oficina.

—Ven conmigo.

Su voz era tranquila, pero firme.

Una vez dentro de la oficina, Adrián cerró la puerta.

—Lucas ya está investigando quién publicó esa información.

—¿Y si la gente la cree?

—Entonces demostraremos la verdad.

Valentina lo observó en silencio.

—¿Por qué me ayudas tanto?

Adrián tardó unos segundos en responder.

—Porque las personas que aprecio no enfrentan los problemas solas.

Aquellas palabras hicieron que el corazón de Valentina latiera con fuerza.

Mientras tanto, Lucas se reunió con Ricardo en una cafetería.

—He revisado el artículo —dijo el abogado—. Está lleno de acusaciones sin pruebas.

Ricardo asintió.

—Sabía que intentarían desacreditarme.

—¿Quiénes?

Ricardo miró alrededor antes de responder.

—Arturo Mendoza.

Lucas frunció el ceño.

Conocía ese nombre.

Era uno de los empresarios más influyentes del país, respetado públicamente por sus donaciones y su imagen impecable.

—¿Está seguro?

Ricardo sacó una carpeta desgastada.

—Hace veinte años reuní pruebas de que utilizaba empresas ficticias para ocultar dinero y sobornar funcionarios. Antes de presentar la denuncia, mi casa fue incendiada y desaparecieron casi todos los documentos.

Lucas abrió la carpeta.

Entre los papeles sobrevivientes encontró copias de transferencias, fotografías y anotaciones.

No eran suficientes para ganar un juicio, pero sí para comprender que Ricardo no estaba inventando la historia.

—Si conseguimos las pruebas originales…

—Podremos demostrar quién es realmente Arturo.

A varios kilómetros de allí, Sofía llegó a la oficina de Arturo Mendoza.

Era la primera vez que lo veía en persona.

—Gracias por recibirme.

Arturo la invitó a sentarse.

—He oído hablar mucho de usted, señorita Rivas.

Sofía sonrió con elegancia.

—Yo también de usted.

Arturo fue directo al asunto.

—Necesito que me informe de todo lo que ocurra dentro de Grupo Montenegro.

Sofía permaneció en silencio.

—¿Qué gano yo?

Arturo apoyó las manos sobre el escritorio.

—Poder.

Sacó un documento.

—Cuando todo esto termine, puedo convertirla en la directora general de una de mis empresas.

Era exactamente el ascenso que Sofía siempre había deseado.

Sin embargo, mientras observaba el contrato, recordó el día en que Adrián la rechazó delante de todos.

Su orgullo seguía herido.

—Acepto.

Arturo sonrió.

—No me decepcione.

Esa misma noche, Valentina recibió una llamada de su madre.

—¿Hija? ¿Estás bien?

Al escuchar su voz, Valentina sintió un nudo en la garganta.

—Mamá… necesito preguntarte algo.

Hubo un largo silencio.

—¿Conociste a un hombre llamado Ricardo Salazar?

Del otro lado de la línea no se escuchó ninguna respuesta.

Solo un llanto contenido.

Finalmente, Elena habló con voz quebrada.

—Pensé que nunca llegaría este día…

Valentina cerró los ojos.

—Entonces… ¿es verdad?

—Sí, hija.

Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.

—Ricardo es tu padre.

El silencio que siguió pareció eterno.

—¿Por qué me dijiste que había muerto?

Elena respiró profundamente antes de responder.

—Porque alguien me hizo creer que realmente estaba muerto… y porque después nos amenazaron. Me dijeron que, si alguna vez intentaba buscar la verdad, tú correrías peligro.

Valentina sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

Toda su vida había estado construida sobre una mentira nacida del miedo.

Cuando terminó la llamada, permaneció inmóvil en la oscuridad de su habitación.

Unos minutos después sonó el timbre.

Al abrir la puerta encontró a Adrián.

No dijo una sola palabra.

Simplemente extendió una pequeña bolsa con comida caliente y una caja de té.

—Camila me dijo que quizá no habías cenado.

Valentina intentó sonreír, pero las lágrimas volvieron a aparecer.

Adrián dio un paso adelante.

—No tienes que ser fuerte todo el tiempo.

Ella ya no pudo contenerse.

Se refugió en sus brazos y lloró en silencio.

Adrián la abrazó con delicadeza, sin hacer preguntas, dejando que descargara todo el dolor acumulado durante años.

Desde un automóvil estacionado al otro lado de la calle, un hombre tomaba fotografías de la escena.

Segundos después envió las imágenes a Arturo Mendoza.

El mensaje decía:

“Están más unidos de lo que pensábamos.”

Arturo observó las fotografías y sonrió con frialdad.

—Perfecto…

—Si Adrián Montenegro decide protegerla, entonces él también se convertirá en mi enemigo.