Cruces Fatales (AJ Docker 5) CAPÍTULO VEINTINUEVE
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CAPÍTULO VEINTINUEVE

Mary y yo, atrapados por la escena final de una película de Netflix, nos sobresaltamos cuando Shawn irrumpió en la habitación.

Vio nuestra película, se sentó en una silla y abrió su computadora.

En cuanto terminó la película, nos fijamos en él, que llevaba una camiseta de Volver al Futuro y un sombrero amarillo neón.

—Tenemos un problema —dijo Shawn.

—¿Fallaron las cámaras? —pregunté.

—No funcionaron bien. De hecho, puede que hayan funcionado demasiado bien. No vas a creer lo que grabamos. Es bastante sangriento. Quizás no quieran verlo.

Miré a Mary, quien se encogió de hombros.

—Déjanos verlo, podemos apartar la mirada.

—Está bien, están advertidos.

Shawn presionó el botón de reproducir en su pantalla y vimos cómo alguien subía un hombre y una maleta al barco.

La figura pálida revisó su maleta, la abrió con cuidado e inspeccionó su contenido.

Ni Mary ni yo estábamos preparados para la siguiente escena: de repente, sacó su arma y disparó varias veces a dos hombres en la cubierta.

Ambos nos quedamos sin aliento y apartamos la vista de la pantalla, como si eso nos distanciará de la violencia.

Nos giramos para ver cómo el hombre guardaba tranquilamente el arma en la maleta y hablaba con el cubano que quedaba cerca, Shawn pausó el video.

—Yo también me quedé impactado. Ese tipo les disparó sin pensárselo dos veces. Les voy a arruinar el final: los encadenaron y los tiraron por la borda. Eso sí que es tener la sangre bien fría.

Me tomó un momento aclararme la mente para procesar la información.

—Ponla de nuevo desde el momento en que recogen al tipo.

Shawn reinició el video y observé en silencio como el hombre subió a bordo, abría su maleta e inspeccionaba el contenido.

—Pausalo. ¿Podemos ver que hay en la maleta? —pregunté.

—No. Todas nuestras cámaras están demasiado bajas. Ninguna tenía un ángulo lo suficientemente bueno para ver el interior de la maleta.

—Está bien, sigue reproduciendo, por favor.

La escena del tiroteo no fue menos impactante la segunda vez. Mantuve la vista fija en el tirador y me sorprendería que su pulso hubiera subido a más de 70 ppm en algún momento. Claramente tenía experiencia disparando a la gente. Shawn dejó que el video continuará y subió el volumen.

Mary y yo nos quedamos boquiabiertos cuando él se jactó con calma de su habilidad para matar al presidente, Shawn volvió a detener el video.

—El video no revela nada más. Regresan en silencio, descargan y abandonan el barco. Doc ¿qué quieres hacer con esto?

—Esa es una gran pregunta. Tenemos a un tirador entrenado ilegalmente en el país con un arma especial destinada a matar al presidente. ¿Crees que van tras nuestro presidente o contra el presidente de México?

—Tiene que ser el presidente de México, viene mañana, lo cual no puede ser casualidad.

Además, ha estado tomando medidas enérgicas contra los cárteles y ya sabemos que están detrás de esto.

Apuesto a que lo van a matar con un disparo de francotirador a un kilómetro de distancia.

¿A quién debemos contarle esto? Sabemos que hay varios policías y federales corruptos entre los locales y no obtuvimos este video legalmente, pero no podemos quedarnos con esto.

—¿La policía tiene la jurisdicción sobre los asesinatos o son los federales, porque estaban en el mar? —reflexionó Mary.

—Ese no es el asunto más importante en este momento. Tenemos la obligación de detener un posible atentado contra el presidente de México. Pueden juzgar a este asesino cuando aclaren los detalles, pero debemos evitar otra muerte antes de que sea demasiado tarde —dije.

—Doc, sé que te gusta hacer esas cosas de héroe, pero esto es mucho más grande de lo que podemos manejar. Necesitamos profesionales —dijo Mary.

—Y preferiblemente, mantener nuestro trasero fuera de la cárcel —añadió Shawn.

Mantenerme fuera de la cárcel era una prioridad absoluta. Había pasado un tiempo en la cárcel de un pueblo pequeño y no tenía ningún deseo de volver a una celda.

—Tengo una idea. Podemos pasarle la información a Seguridad Nacional y dejar que ellos se encarguen. Al fin y al cabo, es terrorismo. Deben tener planes para lidiar con este tipo de cosas y tienen recursos ilimitados —dije.

—No es mala idea, pero es un departamento bastante grande. Va a tomar mucho tiempo que nuestra información llegue a las personas adecuadas —observó Shawn.

—Conozco a un tipo al que puedo llamar en Washington DC.

Saqué mi teléfono y busqué entre mis contactos hasta encontrar a Clarence Duff, un agente experimentado de Seguridad Nacional.

Había trabajado con él meses atrás para recuperar datos científicos con implicaciones para la seguridad nacional y él ya sabía que no tengo reparos en burlar las leyes para obtener información que necesito para salvar vidas. Él sabría qué hacer.

El Agente Duff contestó al segundo timbre, no muy contento de saber de mí.

—Buenas noches, Doc. Justo a tiempo. Me acabo de sentar en mi sillón favorito con un libro nuevo y una cerveza fría, pensando que nada me arruinaría la noche. De repente, tu nombre aparece en mi teléfono. Supongo que no es una llamada para saludar.

—Buenas noches, Agente Duff y tienes razón en que esto no es una llamada para saludar. Estoy en Miami y me enteré de que un francotirador profesional está en la ciudad para eliminar al presidente de México.

Un silencio cargado se apoderó del teléfono y estoy casi seguro de que el Agente Duff escupió su cerveza sobre el libro nuevo.

—Si fuera cualquier otra persona llamando a esta hora con semejante historia, no lo creería. Explícame qué pasó, despacio, desde el principio .

Le conté toda la historia, desde el tiroteo de Ernesto en urgencias hasta encontrar a Carmen, la colocación de los micrófonos en el barco que ella me había mencionado y finalmente, el video que grabamos esa noche. El Agente Duff no me interrumpió y lo oí tomar notas frecuentemente mientras hablaba.

—Necesito ese video —dijo.

—Claro, mi investigador te está enviando el enlace ahora mismo.

—¿Quién más sabe sobre esto?

—Solo yo, un investigador privado y mi novia.

—Que siga así, si esta información se divulga, van a ir por ti. Voy a mandar a un par de agentes que te va a hacer mil preguntas. ¿Dónde estás?

—Estamos en la UCI del Jackson Memorial, el hijo de mi novia va a tener un trasplante de corazón mañana.

—¿Un trasplante de corazón?

—Sí, tuvo una infección viral en el corazón y sufrió una insuficiencia cardiaca.

—Mierda. Lo siento, amigo. No quiero interferir ni estresarte, pero es urgente.

—Entiendo. Envía a los agentes y busco una sala de conferencias que podamos usar.

—Bien. Voy a ver este video y hacer algunas llamadas.

No confíen en nadie sin consultarme primero y estén muy atentos.

Sabemos que el cártel soborna a las fuerzas del orden.

Simplemente no los hemos atrapado a todos.

Me alegra saber de ti de nuevo, Doc y gracias por arruinarme una noche tan relajante.

—Ánimo. Vas a ser famoso cuando los atrapes.

—O me van a despedir si no lo hago. Me tengo que ir.

Shawn había escuchado casi toda la conversación y se afanó en hacer copias de seguridad de sus archivos.

—¿El gobierno me va a quitar la computadora?

—Probablemente, pero Duff es una buena persona. Te la va a devolver en cuanto pueda.

—¿Estás seguro de que podemos confiar en él?

—Sí. Fue muy competente en DC y de hecho me localizó después de que unos tipos malos me secuestraran y estuvieran a punto de darme una muerte miserable.

—¿Te importa contarnos un poco más de esa historia ?

—La verdad, sí. Firmé un acuerdo de confidencialidad que me mandaría a la cárcel por quinientos años si lo rompo. Vamos a buscar una sala de juntas que podamos usar.

El equipo de la UCI estuvo encantado de dejarme usar una sala de conferencias docentes, que de todas formas siempre estaba vacía por la noche. Veinte minutos después, dos agentes con trajes oscuros se unieron a nosotros en la sala.

—Ustedes son muy rápidos —señalé.

—Cuando Washington dice que es urgente, actuamos con rapidez. Soy el Agente Barber y este es el Agente Simpson.

Abrieron sus placas de identificación y las colocaron sobre la mesa.

Los dos agentes parecían salidos del mismo molde.

Ambos, de casi dos metros de altura y esbeltos, Barber tenía el cabello oscuro, bien peinado y corto, mientras que el cabello corto, rubio y rojizo de Simpson se revelaba antes un desorden involuntario.

Sus trajes oscuros parecían hechos a medida para disimular las armas que llevaban en la cadera.

Sus rostros serios no revelaban ninguna arruga de expresión.

La reunión duró unos cuarenta y cinco minutos. Barber hizo preguntas y Simpson tomó notas, además de la grabación. Shawn les explicó detalladamente el tipo y la ubicación de las cámaras y los micrófonos en el barco. Al terminar se llevaron la computadora y se marcharon.

—Bueno, eso fue divertido, me interrogaron y me robaron la computadora. Gracias por una velada tan agradable, Doc.

—Sí, muy divertido, pero me alivia que estén tras ese asesino. Sal de aquí, descansa un poco y recuerda no decírselo a nadie y ten mucho cuidado.

—Tú también —dijo Shawn, mientras hacía como si se sellara los labios y salía de la habitación.

Regresé a la habitación de Billy, donde Mary le leía de nuevo a su hijo, escuché su voz relajante.

—¿Todo bien? —preguntó, cuándo terminó el capítulo.

—Sí, ahora es su problema. ¿Estás bien? Mañana es el gran día.

A Mary se le saltaron las lágrimas y se apoyó en mi hombro.

—Todavía no puedo creer que esto esté pasando, dime que va a estar bien.

—Tienes un gran equipo cuidándolo, está en buenas manos. Va a recibir el nuevo corazón y estará en camino a la recuperación .

—Eso espero.

Nos abrazamos durante varios minutos hasta que Mary me soltó.

—Vete a casa, Doc, necesito dormir un poco.

La besé en la frente y la cubrí con una manta mientras se estiraba en el estrecho sofá. Salí y encontré a la enfermera jefe en su escritorio.

—¿A qué hora es el paseo de honor mañana? —pregunté.

—A las seis en punto. ¿Vas a estar aquí?

—No me lo perdería por nada del mundo.

Yo también me fui a dormir. Había sido un día largo y mañana prometía ser agotador.