La revancha no conoció límites
Mientras alistaban sus cosas, la escena afuera era otra.
En las pantallas, en los celulares, en los televisores encendidos, aparecía el Profe dando entrevistas, repitiendo su versión, victimizándose, construyendo una imagen pública que comenzaba a calar.
Se estaba posicionando. Manipulando la narrativa.
Z lo observaba en silencio, moviendo ligeramente la cabeza.
—Es cuestión de tiempo… —murmuró.
Por momentos, una idea le cruzaba la mente: ¿qué habría pasado si aceptaba aquella conversación en la celda? Tal vez habría hablado. Tal vez habría confesado. Tal vez la historia sería distinta. Ese pensamiento lo rozaba, lo incomodaba… pero no se quedaba ahí. Rápidamente lo transformaba en impulso.
Aún había mucho por hacer.
Cuando regresaron, coordinaron con el fiscal y su equipo. El caso ya estaba formalizado, y eso cambiaba las reglas del juego. Con uno de los principales implicados en libertad, cualquier movimiento directo podía alertarlo y poner en riesgo toda la investigación. Había que pensar distinto.