Cuando el Profe se hizo la víctima
En medio de ese ambiente cargado de indignación y desconcierto, vieron al Profe salir del juzgado. No había rastro de la tensión que minutos antes lo rodeaba. Caminaba con aparente tranquilidad, casi con soltura, mientras era rodeado por cámaras y micrófonos. Y ahí, frente a todos, comenzó a hablar.
Con una seguridad que rozaba el descaro, proclamaba su inocencia. Decía que se había hecho justicia. Que todo había sido un error. Que lo habían confundido. Sus palabras no solo buscaban limpiar su imagen, sino invertir la narrativa, colocarse como víctima de una investigación equivocada.
Pero no se detuvo ahí.
Con un tono aún más desafiante, insinuó que iniciaría acciones legales, que exigiría una reparación civil por haber manchado su nombre.
El contraste era brutal.
Mientras unos lidiaban con la impotencia de una decisión incomprensible, él construía su versión ante las cámaras, con una frialdad que no solo incomodaba… sino que indignaba profundamente.
El cinismo no solo era evidente… era insultante.