La autorización de las capturas
Mientras esperaban la decisión judicial, el equipo no se detuvo. Con apoyo del personal de inteligencia, iniciaron la búsqueda de los principales implicados: el Profe y la Gata.
Se movían con discreción, levantando información, reconstruyendo rutas, revisando contactos. No podían darse el lujo de esperar pasivamente. Sabían que, si alguno de ellos sospechaba que estaba siendo investigado, desaparecería sin dejar rastro.
Cuando finalmente llegó la resolución, el juez había declarado fundado el requerimiento. La detención preliminar contra el Profe estaba autorizada.
Z recibió la noticia sin celebraciones. Solo asintió, con la serenidad de quien entiende el peso de lo que viene después. A partir de ese instante, el caso cambiaba de naturaleza. Ya no se trataba de reconstruir lo ocurrido. Ahora se trataba de salir a buscarlos.
Reunió a su equipo de inmediato. No hubo discursos largos ni explicaciones innecesarias.
—Tenemos que ejecutar la medida lo antes posible, antes de que la información se filtre —dijo con firmeza—. A más tardar en un par de días… No podemos darnos el lujo de esperar más.
Las miradas se cruzaron. Todos entendieron. La fase operativa había comenzado.
En paralelo, llegó también la resolución correspondiente para la menor conocida como la Gata, tramitada a través del Juzgado de Familia. Su situación no cambiaba el objetivo: debía ser ubicada. También formaba parte de ese engranaje criminal que estaban desarmando pieza por pieza.