Flynn
—¿Ha llegado bien? —La pregunta, cargada de peso, sale de mis labios mientras Frank vuelve a entrar en la cocina, pero no levanto la vista de los huevos que estoy batiendo, por miedo a lo que encuentre en su mirada.
—Por lo que hemos visto, sí. Lo último que vimos fue cómo chocaba contra la verja.
En cuanto avisaron a seguridad, tuvimos que retirarnos, pero he dejado las señales adecuadas para que Antov las capte y sepa que estamos cabreados por la fuga y buscándola.
También hemos sacado un par de cadáveres que podremos hacer pasar por los guardias a los que disparamos.
Asiento mientras habla, repasando todo en mi cabeza mientras pliego los huevos y echo la especia que tanto le gusta a Angie. Me duele pensar en Kaia.
Si tenemos un golpe de suerte, Eva podría estar de vuelta con nosotros en un par de días y mi familia, hecha trizas, volvería a estar unida. O Kaia podría fracasar y entonces tendría que preparar el funeral para las dos.
Dejo de remover y finalmente levanto la mirada hacia Frank. Me observa con el ceño fruncido y, cuando nuestros ojos se encuentran, aprieta los labios.
—Esto es peligroso —murmura.
—Lo sé. Pero ¿qué otra opción tenía? En las semanas que ha estado aquí, lo hemos intentado todo.
Hemos matado a sus hombres, quemado sus negocios, atacado todo lo que se me ha ocurrido, y todo ese tiempo él ha estado usando la vida de mi hija como moneda de cambio, y yo sin poder hacer nada más que esperar a que me exija algo.
Así que Kaia... es nuestra única oportunidad real.
Frank suspira hondo y se une a mí junto a la placa. —Lo sé. Todo el mundo habla de cómo te has apartado. Antov presume de lo que tiene contra ti, y nuestros aliados y enemigos piensan que somos débiles. Estamos en una situación imposible.
—Lo dejaría todo, ¿sabes? —digo mientras sirvo los huevos en el plato de Angie—. Sin dudarlo, lo dejaría todo con tal de recuperar a Eva.
—Lo sé.
—Y ahora... Kaia. —Cojo el plato de Angie y me vuelvo hacia Frank—. Siento que la he enviado directa a la muerte.
—Mira cómo ha sobrevivido aquí. Ha intentado matarte. Dos veces. Incluso logró escapar una vez. Es una mujer fuerte, capaz y tiene un objetivo. Por mucho que no confíe en ella, espero que me sorprenda. Encantado de equivocarme.
Le doy una palmada en el hombro al pasar y entro en el comedor, donde me pongo una sonrisa feliz y falsa antes de servirle el desayuno a Angie.
—¡Papi! —Nos mira radiante—. ¿Kaia puede desayunar con nosotros también?
—Lo siento, cariño, no puede. —Mientras me inclino sobre ella, le sirvo el zumo de naranja.
—¿Sigues enfadado con ella?
—Un poco. Pero no es por eso.
—¿Entonces por qué? —Coge el tenedor y pincha distraída los huevos, mientras balancea las piernas y me da con ellas cuando me siento a su lado.
—Kaia... ha tenido que irse.
Angie deja de comer enseguida. —¿Como Eva?
—No, no, cariño. No como Eva.
Su labio inferior tiembla mientras asiente. —¿Entonces volverá?
Se me parte el alma al ver tanto dolor en esos ojos enormes y me muero de ganas de prometerle que ambas volverán, pero no es una promesa que pueda hacer. —Lo intentará —le respondo—. ¿Recuerdas en tus cuentos, cuando la abuela hada viene, hace feliz a la gente y luego se marcha para ayudar a otros?
Estoy intentando encontrar algo a lo que agarrarme, pero por suerte Angie asiente y sigue comiendo.
—Pues es algo parecido. Kaia ha tenido que marcharse a hacer algo especial e importante, así que no sé si regresará. Pero espero que sí.
—Vale, papi —responde Angie metiéndose huevos en la boca—. Y Eva también.
—Y Eva también. —Inclino la cabeza y le doy un beso en la coronilla—. Come, cuando termines podremos hacer lo que tú quieras hoy.
—¿Lo que yo quiera? —pregunta con la boca llena.
—Eso es. Hoy es tu día.
Por mucho que adore pasar tiempo con Angie, ella también es, en parte, una distracción.
Saber que estoy tan cerca de Eva y sin poder hacer nada me está matando, pero mi cabeza no se calla y mi corazón no deja de acelerarse.
Y Kaia.
No fui capaz de mirar cómo mis hombres la golpeaban, aunque ayudase a hacer creíble la mentira.
Ni siquiera pude levantar la mano para hacerlo yo. Me importa.
Creo que me importa desde hace mucho, pero realmente lo sentí en el momento en que se subió al coche y se marchó corriendo.
Hay algo en ella que se me metió bajo la piel la primera vez que intentó matarme, y desde entonces ha ido creciendo hasta algo que no sé explicar, aunque hasta ayer solo hervía bajo la superficie.
Hasta que se lanzó sobre mí y la follé con toda la fuerza que pude, como si de alguna manera eso fuera a impedir que llevara a cabo su plan y por arte de magia se me ocurriera otra manera de salvar a Eva.
Pero no hay otra manera.
Esta es la mejor oportunidad que tengo y, sin embargo, siento que estoy sacrificando a Kaia para lograrlo.
Me he acostumbrado a la culpa en el pecho desde que se llevaron a Eva, pero ahora tiene una arista nueva.
Una arista que apareció cuando me enamoré de Kaia y la envié de nuevo a la boca del lobo.
Centrarme en Angie durante el día ayuda durante un tiempo.
Jugamos a juegos y hacemos una fiesta de té con dos sillas vacías para Eva y Kaia.
Pintamos juntos, jugamos al escondite en el jardín, luego preparamos pizzas y vemos películas hasta que la emoción del día hace que Angie se quede dormida en mis brazos.
La llevo en brazos a la cama, la arropo y paso una hora junto a ella simplemente observándola dormir.
Y como cada noche, se me rompe el corazón al imaginar cómo estará durmiendo Eva. Siempre fue la más tímida de las dos, siempre un poco más callada y dulce.
Aunque Kaia tenga éxito, nunca me perdonaré haber fallado tanto como padre.
Los suaves sonidos de Angie durmiendo casi consiguen dormirme también, hasta que me sobresalto y salgo de puntillas de su habitación.
Frank sigue sin tener noticias de Kaia, y ninguno de mis equipos de seguridad informa de ningún movimiento.
Ha pasado un día.
Mientras deambulo por la mansión, le doy vueltas a planes de emergencia. Podría llamar a los italianos.
Llevan décadas en paz con los rusos, pero si llega el peor de los casos, sé que me ayudarían a asaltar la mansión principal de los Yudkin.
Puedo contactar con algunas otras familias irlandesas, pero muchas de ellas compiten por mi posición en el mundo de la falsificación, y no puedo confiar en que ninguna aproveche esta oportunidad para quitarme del medio.
Al final, mi deambular me lleva hasta la puerta que baja a las celdas principales donde está Vic.
No sé por qué siento la necesidad de visitarle, pero antes de darme cuenta ya he bajado las escaleras y me acerco a los barrotes de su celda.
Bajo mi supervisión, se ha asegurado su cuidado y tratamiento desde el incendio, recibe una comida al día y una dosis de analgésicos para mantenerle despierto.
Está sentado de espaldas a la pared y suelta un silbido grave cuando me acerco.
—Vaya, vaya —murmura cuando llego cerca—. Así que por fin vienes a verme. —Su rostro se tuerce—. Cuando Kaia no volvió, supe que era demasiado gallina para matarte. Esa gorda es todo palabrería.
—¿De verdad pensabas que lo conseguiría?
Vic se aparta de la pared y escupe en el suelo a su lado.—Tuvo una oportunidad. Más cerca de lo que yo he estado. ¿Así que qué le has hecho?
—¿Me estás preguntando si la maté cuando intentó acabar con mi vida?
—¿Por qué coño hablas así? —gruñe Vic—. Joder, todo en ti parece un puto espectáculo.
Me burlo.—¿Y cómo quieres que entienda lo que coño quieres decir cuando ni siquiera logras construir una frase?
El rostro de Vic se vuelve aún más agrio.—Ya, claro. ¿Mataste a mi hermana?
—No.
Se le contrae el cejo.—¿Sigue viva?
—Por ahora.
Vic vuelve a recostarse y suspira.—¿Por qué estás aquí?
—Quiero preguntarte algo.
—¿Y te ha costado hasta ahora sacar huevos para venir a verme?
—Dejemos una cosa clara, Vic —murmuro—. No necesito huevos para venir a verte. La única razón por la que sigues respirando es por mí, ¿lo entiendes? Podía haberte dejado sin cuidado ni medicación y haberte dejado sufriendo hasta hartarme.
—Pero no lo hiciste —Vic sonríe de lado—. Porque eres un cobarde.
Me muerdo la respuesta inmediata y hablo con tensión.—¿Por qué no me mataste aquella noche? ¿Por qué llevarte a mi hija?
La cabeza de Vic rueda contra la pared.—Diversión.
—¿Diversión?
—Matarte así no tiene gracia. Es aburrido y yo de aburrido no tengo nada.
Pero todo el mundo sabía lo que adorabas a tus hijas desde que tu puta murió.
Te comportabas como si fueras mejor que todos los demás, así que quise darte una lección: nada es intocable.
Ni siquiera los irlandeses de mierda como tú.
La rabia me arde dentro.—¿Eso es todo? ¿La secuestraste solo para jugar conmigo?
—Mhm. Y ha sido jodidamente delicioso.
Miro al suelo y medito sobre sus palabras.
Por las noches esperaba exigencias de negocios, de rescate o incluso por mi vida, pero nunca llegaron.
Debajo del dolor, nunca logré entender por qué la secuestraron y no pidieron nada.
Ahora sé que era solo por diversión.
—¿Quieres saber por qué te he cuidado? —pregunto en voz baja, alzando la mirada—. ¿Por qué te he tratado, alimentado y mantenido con medicación?
—Claro —bosteza Vic.
—Porque eres un animal, Vic. Y un animal que cree que tiene una oportunidad de escapar, seguirá luchando.
Cualquier otra opción arriesgaba a que intentaras quitarte la vida antes de que descubriera dónde escondíais a Eva.
Te he mantenido vivo y alimentado con la esperanza justa para que sigas creyendo que puedes ganar.
Los ojos de Vic se clavan en mí y se le afilan hasta volverse rendijas.—Mentira.
—¿Ah sí? —doy la vuelta y me encamino hacia las escaleras—. Kaia trabajaba para mí, pedazo de cabrón. Y te ha manejado como le ha dado la gana.
El rugido furioso de Vic me sigue hasta lo alto de las escaleras.