Corazones frágiles el peso de la verdad #2
59%

el peso de la verdad #2

—Bueno… no sé sobre eso—, respondió Pedro mientras mezclaba la masa y se robaba un poco con el dedo. —Mi hermano puede ser bastante obvio a veces y, por cómo dices que actúa contigo últimamente… sí parece que le gustas—.

—Sí, pero yo no lo veo así. Es como mi hermano mayor. Sería raro—.

—¿Estás diciendo eso porque es verdad o porque en el fondo todavía sientes algo desde que lo conociste hace dos años, pero no quieres aceptarlo porque ahora está Jordan? —

Por unos segundos me quedé mirando la bandeja de hornear pensando si Pedro tenía razón.

Pero Jordan era lo único en lo que podía pensar en ese momento.

Yo sabía en mi corazón que Jonás nunca estuvo interesado en mí.

Lo que siento por Jordan es algo nuevo y diferente.

Jordan era lo que necesitaba: una persona que me rete, que me haga sentir normal y que sabe que a pesar de mis errores humanos yo soy única.

Y eso confirmó todo. Jordan era quien realmente me gustaba.

—Aunque bueno—, continuó Pedro acercándose en su silla de ruedas, —eres una virgen emocional en relaciones y probablemente demasiado inocente para pensar en… ya sabes—. Movió las cejas insinuando algo inapropiado.

—¡Cállate! —

Le lancé harina y terminamos teniendo una guerra de cocina.

Los días pasaron y Raquel comenzó a llenar la escuela de carteles anunciando su fiesta de regreso a clases. Carolina apareció en mi casillero diciendo que yo iría quisiera o no.

—No voy a ir, Carolina. Raquel ni siquiera me soporta y sabes que odio las fiestas. Habrá alcohol y problemas—.

—Si no vienes conmigo, le enviaré a Jordan el video donde cantas Pocketful of Sunshine en la ducha—.

La miré horrorizada. No podía creer que me estuviera chantajeando. Así fue como terminé yendo a la fiesta de Raquel aquel viernes. Usé mahones negros rotos y una chaqueta de mezclilla sobre mi hoodie gris.

Jonás insistió en llevarme porque no quería que caminara sola por mi problema cardíaco.

Cuando llegamos, vi a Carolina, Carlos y Jordan esperando afuera de la casa.

Carlos y Jordan llevaban camisetas y mahones, mientras Carolina usaba un vestido corto rosado y llevaba su cabello rubio ondulado suelto.

Jonás me dijo que tuviera cuidado y que me divirtiera antes de que saliera del auto.

Su convertible negro hizo que todos me vieran bajarme de ahí.

Me sentí juzgada, envidiada y todos los ojos se enfocaron en mi salida del auto.

—¡Hola! Viniste—, dijo Carolina abrazándome y ofreciéndome una bebida que rechacé inmediatamente. Era obvio que sería la amiga sobria encargada de llevar a todos de vuelta a casa.

—Bueno, me chantajeaste. Tuve que venir—.

—¿Por qué Jonás Beckett te trajo a una fiesta de escuela superior? ¿No acabas de sacar tu licencia hace unos días? —, preguntó Jordan irritado. Carolina y Carlos se miraron entre sí y desaparecieron dejándonos solos.

Traidores.

Puse los ojos en blanco y tomé la mano de Jordan llevándolo dentro para encontrar un lugar privado donde hablar. Terminamos en uno de los baños del segundo piso porque todas las habitaciones estaban ocupadas por parejas besándose. Entramos y Jordan cerró la puerta con seguro.

Cruzó los brazos esperando mi respuesta.

—Mira, es el hermano mayor de Pedro y se está quedando en mi casa porque tuvo una discusión con sus padres. Solo quiso ser amable trayéndome a la fiesta. Eso es todo—.

Pero Jordan ni siquiera parecía escucharme. Estaba demasiado ocupado intentando controlar su enojo. —Okay, entonces… ¿cuándo pensabas decirme que había un chico mayor que tú viviendo en tu casa? —.

—No pensé que fuera tan importante—.

—Claro que era importante, Ofelia. ¡Es un chico! Tienes a un chico durmiendo en tu casa. ¿Qué se supone que debía pensar cada vez que te veía bajar de su auto? —.

—Perdón por no decírtelo, pero no me grites como si te estuviera engañando porque no soy tu novia—.

—Sí, eso me quedó bastante claro cuando dijiste que no querías una relación con nadie después de Navidad. Pero luego te veo llegando todos los días en el auto de otro tipo… aunque según tú no estás lista para salir con alguien—.

—Disculpa… ¿Me estás acusando de coquetear con diferentes chicos? —.

Jordan se quedó callado. Y luego salió del baño.

Afuera la gente comenzó a gritar y celebrar como si hubiéramos hecho algo sexual ahí dentro. Esperé unos segundos antes de salir. Entonces Raquel apareció frente a mí furiosa, usando una falda azul y un top diminuto.

—¿Qué demonios estabas haciendo sola con Jordan Miller en mi baño? —

—Déjame en paz, Raquel—.

Intenté pasar, pero se movió bloqueándome.

—Jordan es mío. Puede que no estemos saliendo todavía, pero vamos a terminar juntos. Así que aléjate, Felicia—.

—Es Ofelia. Y honestamente me da igual lo que hagas porque Jordan no soporta ni verte. Estás perdiendo el tiempo con alguien a quien ni siquiera le gustas—.

Pasé por su lado dejándola atrás. Entonces me tomó del hombro. Cuando me giré… vació su bebida sobre mi cabeza. Mi ropa quedó completamente empapada.

—La próxima vez piensa antes de hablarme, pequeña elfa—, dijo antes de alejarse.

Todos nos estaban mirando. Algunos incluso grababan con sus teléfonos. Jamás imaginé verme en una situación así. Carolina y Carlos atravesaron la multitud preguntando qué había pasado, pero antes de responder vi a Jordan aparecer entre la gente con una cerveza en la mano.

—Increíble…—.

Murmuré antes de irme directamente hacia la salida.

Escuché a Jordan llamando mi nombre mientras me alejaba, pero ya era demasiado tarde.

Caminé de regreso a casa bajo la lluvia fría, empapándome todavía más de lo que ya estaba.

Me puse los audífonos y dejé que la música intentara borrar a todos… y todo.