Corazones divididos (Dulces corazones de Sweet Creek nº 4) Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

—Dios mío, chica, estás embobada —Cory volvió a echar un vistazo rápido y le hizo una mueca a Kelsey—. Quienquiera que sea, viene hacia aquí.

El corazón de Kelsey dio otro salto ante la idea de enfrentarse a Ben después de tanto tiempo.

La primera vez que lo vio, estaba sentado en ese mismo asiento, mirando por la ventana. Se había sentido atraída e intrigada por su actitud tranquila, su reserva y su belleza morena.

Él y su socio solo estaban de paso, le dijo cuando ella se acercó a tomarle el pedido y charlar un poco. Iban de camino a otro trabajo.

Aquellos rasgos cincelados, el cabello castaño oscuro y los profundos ojos color avellana insinuaban secretos guardados, y ella no podía apartar la mirada. Algo chispeó entre ellos. Sintió como si el tiempo se hubiera detenido y un mundo de posibilidades se abriera ante ella.

Fueron conociéndose, y al día siguiente él la invitó a salir. Lo pasaron de maravilla, aunque fue una cita tranquila. Hablar con Ben se volvió más fácil a medida que él se fue abriendo.

Rieron y charlaron y, por primera vez desde el cruel rechazo de su último novio, sintió un atisbo de esperanza.

Ben llegó al restaurante al día siguiente, y esa esperanza floreció cuando la miró fijamente con sus ojos oscuros, una sonrisa en el rostro.

Entonces apareció su madre con Chris, que en aquel momento tenía un año.

El niño había estado llorando, y su madre pensó que quizá necesitaba a Kelsey.

Kelsey lo cogió en brazos y lo acunó contra su pecho.

En ese instante, la sonrisa de Ben se desvaneció, él retrocedió y le preguntó si Chris era hijo suyo.

El tono gélido de su voz, junto con su distanciamiento, le dejó claro que no volvería a verla.

Igual que Thomas.

En ese momento apareció Carter, el socio de Ben, rebosante de vida, energía y encanto coqueto. Le hizo cosquillas a Chris en la barbillita regordeta y lo hizo reír. Luego preguntó si podía coger al niño y, para sorpresa de Kelsey, Chris dejó de llorar.

Carter se volvió hacia Ben, presumiendo de su don con los niños, y le preguntó si quería cogerlo. Ben negó con la cabeza, masculló algo de que tenía que hacer una llamada y se marchó.

Aunque Kelsey había superado casi por completo la vergüenza de volver a Sweet Creek como madre soltera, la reacción de Ben hizo que resurgiera de golpe.

Por suerte, Carter resultó ser atento y cariñoso. La llenó de flores, tarjetas y atenciones. Cuando le pidió matrimonio, Kelsey aceptó, cautivada por su energía y el evidente cariño que sentía tanto por ella como por su hijo.

A partir de entonces solo vio a Ben de vez en cuando, y él rara vez le dirigía la palabra. Aunque se mostraba amable con Chris, ella no podía olvidar su reacción inicial.

Pero en el funeral de Carter lo oyó decir que este nunca debería haberse casado con ella. Que su socio había cometido un terrible error.

La vehemencia con que pronunció aquellas palabras no hizo sino acentuar la confusión de sentimientos que Ben le provocaba.

Y ahora había vuelto a Sweet Creek. Al restaurante de sus padres.

Aunque tenía la mirada clavada en la taza, percibió tanto como vio su figura alta acercándose hacia ellas y detenerse junto a su mesa.

—Hola, Kelsey.

Su voz grave resonó y despertó en ella un torrente de emociones y recuerdos.

Se obligó a alzar la vista, a encontrarse con aquellos ojos oscuros y sostenerle la mirada.

—Hola, Ben. ¿Cómo estás?

Las palabras le salieron mecánicas y forzadas, pero ¿qué otra cosa podía decirle a alguien a quien no había visto en dos años? ¿A alguien que, incluso después de tanto tiempo, seguía despertando en ella sentimientos encontrados?

¿Y qué hacía allí ahora?

Pese a las preguntas y emociones que su presencia suscitaba, no pudo evitar fijarse en los cambios.

Llevaba el pelo oscuro más corto, y las entradas acentuaban sus rasgos cincelados.

En lugar de su habitual camisa de cuadros y vaqueros raídos, vestía una chaqueta de cuero que le caía con suavidad sobre los anchos hombros.

Unos vaqueros y una camisa negra completaban un estilo informal pero elegante.

Desprendía un aire de refinamiento y éxito que no encajaba con el Ben Dempsey que ella había conocido.

—Estoy bien, Kelsey —respondió él con voz neutra—. ¿Y tú?

Ben habría cambiado por fuera, pero seguía siendo el mismo hombre taciturno de siempre.

—Estoy bien —dijo, ignorando la mirada curiosa de Cory.

—Así que has vuelto a Sweet Creek —dijo mientras se metía una mano en el bolsillo del pantalón.

—Sí. Volví después de... después de que Carter muriera.

Una patada bajo la mesa la sobresaltó y le recordó sus modales.

—Perdona. Ben, te presento a mi amiga Cory Luciuk, futura McKnight —dijo señalándola—. Cory, este es Ben Dempsey. Era el socio de Carter.

La mirada desconcertada de Cory se cruzó con la suya, y Kelsey casi podía oír las preguntas bullendo en la cabeza de su amiga. Por suerte, lo único que hizo fue tenderle la mano y dedicarle su sonrisa más encantadora.

—Encantada de conocerte —dijo.

Acto seguido, para horror de Kelsey, apartó la silla en una invitación tácita que remató con:

—¿Por qué no te sientas con nosotras?

Kelsey intentó lanzarle una mirada de advertencia, pero su amiga la ignoró por completo.

Sospechaba que aquella invitación era una pequeña venganza por haberle insistido tanto con Matthew, su prometido, pero Cory no entendía lo difícil que podía resultar aquel encuentro.

¿Por qué iba a querer estar cerca de alguien que pensaba que no debería haberse casado con su socio?

Ben miró a Kelsey, que esbozó una sonrisa forzada. Él acercó una silla. Por suerte, Cory, al percibir su incomodidad, tomó las riendas.

—Y bien, Ben, ¿qué te trae por Sweet Creek?

—Trabajo —fue su escueta respuesta. El buen viejo Ben, siempre tan parco en palabras.

—Eso abarca muchas cosas —dijo Cory.

—Perdona. Tengo una empresa de construcción de carreteras. Como ha dicho Kelsey, Carter era mi socio... Mi antiguo socio —se corrigió.

Kelsey tragó saliva, con la mirada gacha, tratando de recuperar la compostura.

Odiaba sentirse fuera de control. Incluso después de dos años, le molestaba que Ben aún pudiera alterarla con solo entrar en la misma habitación.

Todavía resonaba en sus oídos el desprecio de su voz en el funeral de Carter.

Kelsey lo observó mientras hablaba con Cory, con la expresión serena de siempre. Rezó una breve plegaria pidiendo fuerzas mientras intentaba pensar en qué decirle.

—Voy a traerte un café, Ben. ¿Quieres pedir algo más? —preguntó Cory.

Él negó con la cabeza.

—Con el café me basta —respondió Ben.

Cory se levantó y, al pasar por detrás de Ben, le hizo a su amiga el gesto de «OK» con el pulgar y el índice.

Si tú supieras, pensó Kelsey consternada.