Corazón Abierto (City General Series 2) Epílogo
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Epílogo

—Tu madre es una mujer encantadora, Izzy.

—Ann sonreía de oreja a oreja mientras se colaba entre Cara e Izzy, enganchándoles los brazos y atrayéndolas más cerca—.

Me ha invitado a pasar el fin de semana en Nueva York para ver un musical.

Acabamos de tener una charla maravillosa sobre teatro musical, y hace tiempo que no voy a Broadway.

—Apretó los brazos de puro contento, atrayéndolas todavía más—.

Ahora que Russ vuelve a estar en pie y Pat lleva el negocio, pueden apañárselas solos unos días.

Me alegro muchísimo de que hayan venido tus padres.

Izzy miró de reojo a su padre, que estaba sentado charlando con Russ. Andaban enfrascados en una conversación sobre el tejido cardíaco y la extracción de venas. Al cruzarse con la mirada de Izzy, Cara señaló hacia ellos con la cabeza.

—Ahora no habla más que de corazones y de medicación. Cualquiera diría que es la única persona que ha sobrevivido a una operación de corazón. —Se rio y puso los ojos en blanco.

—Pero está estupendo, y tiene mucho mejor aspecto.

—Izzy miró de Cara a Ann, que sonreían las dos de orgullo.

Había dejado de beber y había perdido dieciséis kilos desde la operación.

Era la viva imagen de la salud mientras charlaba con el padre de Izzy—.

Mi padre se pasará horas hablando de eso con él.

Se van a aburrir mutuamente hasta la muerte.

—¡Bueno, al menos se aburren entre ellos y no a nosotras!

Voy a asegurarme de que Sean tenga suficiente salmón y filetes de coliflor para la parrilla.

¡Dios no quiera que aparezca una hamburguesa en esta casa ahora que tu padre se ha hecho pescetariano!

—Ann se escurrió de entre las chicas y se encaminó hacia la barbacoa, que llevaban Vinnie y Sean, dejándolas a solas por primera vez en todo el día.

—Te dije que no te preocuparas. Todos se llevan de maravilla.

—Cara le rodeó la cintura a Izzy con los brazos.

Resultaba extraño que la abrazara la mujer a la que quería delante de todo el mundo, delante de sus padres.

Echó un vistazo rápido a su alrededor, casi con nervios, pero nadie les dedicaba una segunda mirada.

Las aceptaban por lo que eran, cada una por su lado y como pareja.

Nunca había llegado a creer que pudiera ser todo tan fácil.

En su cabeza lo había convertido en un obstáculo enorme.

No conseguía liberarse por la preocupación de lo que pensaran sus padres.

Pero la realidad era que ser sincera era exactamente lo que necesitaba hacer para vivir con más libertad.

Irónicamente, su madre lo había intuido años atrás, pero había querido que Izzy encontrara su propio camino.

Estaban orgullosos de quien era, y eso no dependía de lo que hiciera ni de con quién estuviera.

Izzy sintió un alivio enorme al mirar a su alrededor.

Se habría casado con Cara de todos modos, pero ver cómo todas las piezas habían encajado bien, eso era la guinda del pastel.

Sus amigas habían sido otro cantar. No conseguían entender qué le veía Izzy a Cara, y eso le había dolido, pero lo había hablado con Cara y con su madre antes de darse cuenta por fin de que no había gran pérdida en seguir con su vida sin ellas en ella.

Terri, la compañera de Cara, había estado encantada de meterse a dama de honor, aunque se negó en redondo a ponerse vestido.

Esa era la cosa con las amigas de Cara: resultaba mucho más fácil estar con ellas, y eso le gustaba.

Había todo un grupo, la mayoría gais o queer o cien por cien lesbianas, como les gustaba recordarle, y todas iban a ir a la boda. Iba a ser un desmadre.

Dentro de seis meses sería la señora… no tenía ni idea.

No conseguían decidir cuál sería el apellido.

¿Lo unían con guion, O'Leary-Frost? ¿Una tomaba el de la otra?

O quizá podían combinar los apellidos y sacar una especie de anagrama raro, aunque en inglés Fear o Lost —miedo o perdida— no podían estar más lejos de lo que sentía en ese momento.

—¿Crees que nos echarían de menos si nos escapáramos media hora a tu antigua habitación? —Una sonrisa traviesa se extendió por la cara de Izzy, seguida de un arqueo de cejas que sugería con fuerza que le convenía a Cara decir que sí.

—¡Solo si prometes no gritar!