Capítulo 16
CAPÍTULO DIECISÉIS
Guardar el secreto de que a sus padres no acababa de caerles bien Izzy estaba matando a Cara.
No sabía cómo abordar ese tema con Izzy, ni siquiera si debía hacerlo.
Lo que de verdad quería era que le dieran otra oportunidad.
Quizá cenar en un ambiente más relajado, donde Izzy no se sintiera tan incómoda.
Por mucho que odiara saber que a sus padres no les gustaba su novia, ella seguía queriendo a Izzy. Eso no iba a cambiar.
Estaba sentada fuera del City General, mirando al frente el letrero del servicio de urgencias.
Se suponía que tenía que recoger a Izzy hacía veinte minutos, pero seguía ahí sentada, esperando.
Izzy siempre le escribía cuando iba a salir tarde, pero hasta el momento no había recibido nada de su novia.
Le había mandado dos mensajes en los últimos veinte minutos, y le parecía una cantidad razonable.
Cara sabía cómo funcionaba el mundo de la medicina.
Sabía que a veces salías tarde, que ese tipo de cosas escapaban al control de uno.
Es que Izzy era tan buena manteniendo el contacto que resultaba de verdad raro.
Cara no supo qué se apoderó de ella, pero sintió la necesidad de entrar a ver cómo estaba Izzy. ¿Y si había pasado algo? ¿Y si estaba metida en una operación de urgencia de doce horas y no podía avisarla? Salió del coche, lo cerró y se metió las llaves en el bolsillo de los vaqueros.
Cruzó el aparcamiento y entró por la puerta del hospital que daba al servicio de urgencias.
En un golpe de suerte, la primera persona que vio Cara con pijama sanitario fue Jack.
Parecía agotado, pero eso le dio a Cara la idea de que él e Izzy habían estado metidos en una operación juntos aquel día.
Izzy seguramente vendría justo detrás de él, ¿no?
—¡Jack! —lo llamó. Cuando él se giró a mirarla, Cara avanzó para cerrar la distancia entre los dos—. ¿Has visto a Izzy? Se suponía que tenía que recogerla hace veinte minutos.
Jack la miró, con evidentes ojeras. Había visto las mismas bajo los ojos de Izzy. Las señales de ser residente de cirugía.
—No —dijo, negando con la cabeza—. No la he visto desde la hora de comer. Creo… creo que dijo algo de hablar con la jefa antes de irse. Creo que tenía una reunión de evaluación con ella.
Cara no lo sabía. Seguramente se había perdido en algún punto de la comunicación entre las dos. Pensaba que a Izzy le quedaban unos días más antes de que se acabara su periodo de prueba.
—Ya. Vale.
—La jefa seguramente iba con retraso e hizo esperar a Izzy. Puedes ir a mirar si quieres. Su despacho está en la tercera planta, pasada la sala de espera. No tiene pérdida, es enorme.
No estaba segura de si debía subir o volver al coche, pero no le veía nada de malo a subir a la tercera planta a ver si la encontraba.
—Gracias, Jack, que pases buena noche. —Se dirigió al ascensor. Pulsó el botón de la tercera planta y esperó a que la subiera.
Todo el rato, a Cara le latía con fuerza el corazón.
Tenía esa horrible sensación de que algo iba mal, y eso la asustaba.
En silencio, deseó que el ascensor fuera un poco más rápido.
Cuando por fin pitó, señalando que había llegado a su destino, Cara salió a toda prisa.
Pasó de largo la sala de espera y se detuvo cuando vio lo que supuso que era el despacho de la jefa delante de ella.
Era más grande que las demás salas, sobresalía de la pared y hacía que el pasillo girara en un ángulo cerrado en lugar de seguir recto. Estaba pintado de blanco, un contraste brutal con el beige del resto de las paredes.
Se giró hacia la puerta del despacho y la encontró abierta de par en par. Cuando Cara se volvió a mirar dentro, se le cayó el alma a los pies.
Estaba en ese momento en que sus peores miedos se habían hecho realidad; ese en que se daba cuenta de que la vocecita del fondo de su cabeza había tenido razón desde el principio. Todas las emociones le hirvieron por dentro. No conseguía procesar lo que veía.
Los labios de Izzy estaban apretados contra los de otra persona. Estaba besando a la jefa de cirugía. No se fijó en ningún otro detalle, porque lo que vio era todo lo que necesitaba ver. Todo lo que podía ver.
—¿Qué cojones? —Su tono era de rabia e incredulidad—. No me lo puedo creer.
Una rabia al rojo vivo le puso el cuerpo entero ardiendo, la hizo sentir que no iba a ser capaz de controlarse. Así que hizo lo que le pareció mejor. Se dio la vuelta y se marchó hecha una furia.
La voz de Cara devolvió a Izzy a la realidad.
Sabía que sus labios solo habían estado apretados contra los de Sara unos segundos, que Cara simplemente había entrado en el peor momento.
Pero… no había un peor momento. Izzy no tenía excusa.
Había besado a otra persona que no era Cara, aunque sintiera que no había tenido otra opción.
No podía inventarse una excusa para lo que había hecho.
Se apartó de Sara y, sin decir una palabra, se levantó de la silla, bolsa en mano, y corrió tras Cara. Tenía que hablar con ella. Solo podía esperar poder explicarle la situación y que Cara lo entendiera.
Cuando salió del despacho, Cara no se veía por ninguna parte.
Izzy sabía que no tenía mucho tiempo. Tenía que llegar hasta Cara antes de que se fuera.
Sería su única oportunidad. Bajó por las escaleras, corriendo hacia la planta baja.
El corazón le retumbaba en el pecho, tan fuerte y tan alto que Izzy pensó que iba a desplomarse contra el suelo.
Las lágrimas que creía que ya había terminado de llorar volvían a aflorar a la superficie, amenazando con desbordarse en cualquier momento.
Hizo todo lo posible por mantenerlas apretadas hacia dentro, intentando concentrarse en llegar hasta Cara y explicarle las cosas.
Empujó la puerta de la escalera y cruzó corriendo el vestíbulo, hacia la puerta principal.