Capítulo 2
CAPÍTULO DOS
Izzy pidió un Uber a la salida del club y las dos se subieron atrás.
Ni siquiera dentro del coche conseguían quitarse las manos de encima.
No eran escandalosas al respecto. Iban sentadas con los muslos pegados, la mano de Cara aferrada al muslo esbelto de Izzy de un modo posesivo.
El calor de su mano irradiaba hacia arriba, e Izzy se estaba desesperando por llevársela a casa.
Se inclinó hacia el conductor y le dio la dirección de su edificio. Estaba a solo unas manzanas del club. Era la forma más rápida de quedarse las dos a solas, y por fin Izzy podría ceder a todos los impulsos que sentía.
Sentada así junto a Cara, en lo único que Izzy podía pensar era en besarla.
Quería saber si sabía al JB con Coca-Cola que había estado bebiendo antes o a algo completamente distinto.
Quería ver qué aspecto tenía su cuerpo bajo los vaqueros y la camiseta gris ajustada que llevaba. Cara era exactamente lo que necesitaba.
Cuando el coche se detuvo frente al edificio de Izzy, ella abrió la puerta de golpe, agarró la mano de Cara y prácticamente la sacó del coche a tirones. Entraron casi corriendo en el bloque, con las ganas creciendo entre las dos.
Izzy pulsó el botón para llamar al ascensor, y las puertas se abrieron de inmediato.
Mientras el ascensor subía las plantas, Izzy no pudo resistir el impulso de besar a Cara un segundo más.
Tenía los dedos entrelazados con los de Cara y la atrajo hacia sí para un beso largo y lento.
La respuesta de Cara le dijo que no era la única que acumulaba expectación por lo que estaba a punto de venir.
Por fin, el ascensor pitó y las puertas se abrieron. Izzy casi salió dando saltitos, arrastrando a Cara tras de sí y hacia su apartamento. Con una mano, peleó con las llaves y consiguió abrir la puerta. Entraron juntas, y la puerta se cerró de un portazo a su espalda.
En cuanto estuvo cerrada, Cara le soltó la mano a Izzy.
Se giró para quedar frente a ella y, sin un momento de vacilación, juntó sus labios.
El beso le mandó ondas de choque por todo el ser.
Al principio, en lo único que podía pensar era en lo suaves que eran los labios de Cara contra los suyos.
Pero el beso pasó de aquel inicio suave y tanteador a algo más profundo.
Los labios de Cara se separaron e Izzy pudo saborear el JB con Coca-Cola por el que llevaba preguntándose desde el trayecto en coche.
Cara dio un paso adelante y empujó a Izzy contra la puerta de entrada. Una de sus manos descansaba en la cadera de Izzy mientras la otra subía, enredándose en sus ondas oscuras. Movió la mano hasta sostenerle la nuca y la atrajo de nuevo hacia el beso.
El calor entre las dos crecía hasta el punto de la desesperación. Las manos de Izzy se movieron sin titubear y fueron a posarse en las caderas de Cara. Tiró, asegurándose de que no quedara espacio entre ellas.
El beso le aflojó las rodillas a Izzy, lo que atribuyó a llevar un tiempo sin que la besaran. Cuando se separaron, Cara le apoyó la frente en la suya, igual que antes en el club.
—Joder, te deseo —suspiró.
—¿Por qué no me enseñas cuánto? —respondió Izzy, con una pequeña sonrisita asomándole a los labios.
A Cara no hubo que decírselo dos veces. Sus manos volvieron a entrelazarse cuando ella se giró, recorriendo con la vista el apartamento diáfano de Izzy.
—¡Guau! —fue la única palabra que Cara logró pronunciar mientras miraba a su alrededor el apartamento elegante y moderno—. ¿Este sitio?
Era un regalo de sus padres por haberse licenciado en la Johns Hopkins y por emprender la residencia de cirugía cardiotorácica, y apenas se había mudado, así que todo el lugar conservaba aún ese aire de piso piloto.
—Si buscas el dormitorio, es la primera puerta a la derecha. —Izzy arqueó una ceja, mostrando el más leve asomo de impaciencia. Cara captó la indirecta con elegancia.
—Ah, sí, perdona. —Agarrando la mano de Izzy, la arrastró hacia el dormitorio, con la cabeza girando de un lado a otro para asimilar los armarios blancos y brillantes, los suelos de mármol y la gran televisión de pantalla plana.
En el fondo de su mente, Izzy se preguntó qué pensaría de ella.
¿Creería que se estaba acostando con una mujer de éxito arrollador?
¿O solo con una niña de fondo fiduciario?
Abriendo de golpe la puerta del dormitorio, Cara se giró para quedar frente a ella y le tomó las dos manos entre las suyas.
Caminó de espaldas, tirando de Izzy hacia la gran cama de matrimonio con su ropa blanca, impecable y almidonada, en el centro de la habitación.
No se cruzó ninguna palabra cuando Cara se detuvo y atrajo a Izzy hacia sí antes de dar la vuelta a las dos.
Izzy notó que la empujaban con suavidad sobre la cama. Cuando Cara se subió despacio encima de ella, sintió que la excitación volvía a crecer. Acercando la cara hasta quedar justo sobre la de Izzy, Cara susurró:
—Llevo esperando esto desde el momento en que te vi.
—Soy tuya para hacer conmigo exactamente lo que quieras.
Una descarga de electricidad recorrió a Izzy mientras veía oscurecerse de deseo los ojos de Cara.
Esta vez no hubo vacilación cuando las manos de Cara se deslizaron por su cuerpo.
Se detuvieron en la cintura, donde los vaqueros se encontraban con la parte de arriba.
Desabrochando los botones, se coló bajo la tela y le acarició la piel.
El roce de sus dedos hizo que Izzy tomara aire hondo, jadeando de expectación.
No tenía ni idea de quién era aquella mujer, pero era todo lo que necesitaba en ese momento.
Lo único que le importaba era librarse de la última capa de separación.
Quería sentir su piel contra la de Cara.
Las manos de Cara subieron y se detuvieron en el sujetador de Izzy. Se movieron sobre la tela de encaje, rozándola lo justo para que un pequeño sonido de placer se le escapara de los labios. Cara alzó la vista hacia ella con una sonrisita.
—Alguien tiene ganas —comentó, y a Izzy se le encendieron las mejillas de vergüenza.
Hacía tanto tiempo. Cara no dijo nada más. Sus manos bajaron hasta el bajo de la camiseta de Izzy y le dieron un tirón. Izzy se incorporó para ayudarla a quitársela. Enseguida acabó tirada en el suelo.
Le tocaba a Izzy desnudar a Cara. Imitó los movimientos de la otra mujer, con los dedos rodeando el bajo de su camiseta y sacándosela por la cabeza.
Cara estaba fuerte. No como una culturista, pero estaba claro que era una mujer que se enorgullecía de su cuerpo.
Era firme y musculosa. Lo único que Izzy quería era poner las manos en cada centímetro de ella.
Sus labios volvieron a chocar; este beso fue profundo y apasionado desde el instante en que se juntaron. Las manos ya no eran tanteadoras e inseguras. Las dos sabían que iban a hacerlo; sabían adónde querían que fuera la noche.
Cuando sus labios se separaron, los de Cara bajaron. Fue dejando besos suaves por el costado del cuello de Izzy, por el hombro, luego en la clavícula. Debajo de ella, Izzy suspiró, estirándose hacia los besos.
Izzy esperaba que Cara fuera directa al grano.
Esperaba que le quitara el sujetador justo después de que sus labios le besaran un rastro por el escote.
En lugar de eso, Cara paró con los besos.
Sus manos volvieron a la cintura de Izzy, esta vez para bajarle los vaqueros.
Izzy levantó las caderas para ayudar a quitárselos y Cara se los bajó hasta los tobillos, dejando que Izzy los tirara al suelo de una patada.
Cara se sentó sobre los talones, contemplando el cuerpo de Izzy, asimilando su piel lechosa y sus curvas suaves. Soltó un silbido grave, con esa sonrisita característica de vuelta en los labios.
—Me gusta el conjunto a juego —dijo, señalando su ropa interior.
A Izzy le ardieron las mejillas ante el cumplido, pero no tenía ni la menor idea de qué responder.
¿Era «gracias» una respuesta supervergonzosa?
¿Se suponía que debía soltar alguna pulla juguetona y coqueta a cambio?
Por suerte para ella, Cara no esperó respuesta.
Volvió directa a los besos. Se saltó por completo los pechos de Izzy y bajó hasta el vientre.
Los besos seguían siendo suaves como plumas; cada breve instante de contacto le acumulaba las ganas por dentro. Le encendía la piel, la hacía sentir electrizada. Cada beso le hacía desear más a Cara. Le hacían desear mucho más que besos pequeños y provocadores.
El rastro de besos de Cara se detuvo justo por encima del encaje de sus bragas. Recordando que Cara se había saltado los pechos, Izzy tuvo la sensación de que iba a saltarse justo el único sitio donde se moría por que la besara.
Solo que… no lo hizo. Bajó un poco más y dejó un beso sobre la tela de las bragas. Un aliento entrecortado se le escapó a Izzy de la boca. Necesitaba más. Cara se acomodó entre sus piernas, apoyándose en los codos.
—¿Quieres algo de mí? —preguntó con una sonrisita.
Estirando una mano, recorrió con el índice, arriba y abajo, la tela que cubría la entrada de Izzy.
Estaba tan cerca, y tan lejos. Izzy arqueó la espalda, empujando hacia su mano.
Su necesidad de sentir a Cara dentro era dolorosa. Tócame, por favor. Tócame de verdad.
Retorciéndose de deseo, intentó moverse para acercar los roces de Cara. En ese momento estaba sintiendo de verdad cuánto tiempo había pasado desde que alguien que no fuera ella misma la tocaba ahí. Empezaba a sentirse desesperada.
La sonrisa de Cara sugería que sabía exactamente lo que hacía, y que por eso la estaba provocando hasta el mismísimo límite.
—Por favor. —La palabra se le escapó de los labios sin que Izzy pudiera controlarla. No se había dado cuenta del todo de que había hablado hasta que la sonrisita que empezaba a resultarle familiar se dibujó en los labios de Cara.