Comprada por Santa (Obsesiones estacionales nº 1) Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

—La mayoría huiría de esta verdad.

—No soy como la mayoría —respondo, y es verdad. La oscuridad no me repele; me atrae, prometiéndome una profundidad de pasión y devoción que nunca he conocido.

—Entonces no pidamos perdón por lo que somos —dice, acortando la distancia entre nosotros. Sus labios capturan los míos en un beso que sella nuestros destinos, uniéndonos con más fuerza que cualquier voto.

En este momento, me doy cuenta de la gravedad de nuestra conexión. Con cada roce de sus labios, cada promesa susurrada, me hundo más en un mundo donde la moral se tiñe de gris, si no de negro: un mundo al que pertenezco, entrelazada con el enigmático y peligroso Nicklas Knight.

Termina el beso demasiado pronto para mi gusto, y gimoteo al perder sus labios sobre los míos.

Se yergue ante mí, un dios oscuro en su traje a medida, que le queda bien a pesar de que se lo desgarré hace poco.

Sus ojos arden con intención, el hambre en su mirada es casi palpable y me provoca una cascada de escalofríos por la espalda.

—Quítate el vestido —gruñe con voz baja y ronca.

Cuando volví de llevar a Will a ver al Dr. Hargrove, me puse un vestido negro y sexy, que ahora resulta haber sido una gran idea. Sin apartar la mirada, deslizo los tirantes por los hombros mientras me lamo los labios y me pongo de pie. Me bajo el vestido hasta que cae a mis pies.

Mis pezones ya están duros, y él me los pellizca rápidamente, haciéndome gemir y arquear la espalda mientras me desabrocho el sujetador y lo tiro.

Ahora estoy de pie frente a él, completamente desnuda.

Sus manos fuertes me agarran las caderas, me levantan con facilidad y me vuelven a sentar sobre el escritorio antes de separarme las piernas mientras se inclina hacia mí.

Su boca se cierne sobre la mía, tan cerca que podría sacar la lengua y lamerle los labios, pero aun así se siente demasiado lejos.

La anticipación es enloquecedora, pero no tengo que esperar mucho.

Captura mis labios en un beso abrasador, exigente y posesivo, y me derrito en él, perdida en el calor de nuestra conexión.

—Nick —gimo contra sus labios—, te necesito.

—Cada centímetro de ti es perfecto —murmura, dejando un rastro de besos por mi cuello y a lo largo de la clavícula. Al mismo tiempo, baja la mano y retira rápidamente el plug que todavía insiste en que lleve.

Luego se arrodilla ante mí, con la cabeza a la altura de mi sexo. La respiración se me vuelve entrecortada cuando su lengua asoma y acaricia la carne sensible. Un gemido escapa de mis labios, y él me mira con los ojos brillantes de satisfacción.

—Dime qué quieres, Gatita —ordena con la voz cargada de deseo.

—Cómeme —exijo, y las palabras salen de mis labios con abandono temerario.

Sin dudarlo, obedece. Su boca trabaja con pericia sobre mí y me envía oleadas de placer que recorren todo el cuerpo. Entrelazó los dedos en su pelo para mantenerlo cerca, desesperada por más.

—Joder, qué bien sabes —gruñe mientras su lengua se hunde más profundo y explora cada pliegue y hendidura.

Me recuesto sobre los codos, encantada con la forma en que me mira desde entre mis piernas. Tiene la mirada de un hombre que está haciendo algo que le encanta, y joder, eso me pone muchísimo.

—¡Nicklas! —jadeo, al borde del éxtasis—. Estoy tan cerca.

Me levanta las piernas sobre sus hombros y ajusta su posición para que el trasero me quede levantado del escritorio. Luego empuja dos dedos dentro de mí y me hace ver las estrellas con cada embestida. El orgasmo está tan cerca, solo necesito un poco más y entonces...

—¿Q-qué...? ¿Por qué? —gimo cuando retira los dedos. Los echo de menos de inmediato.

Entonces los siento en mi entrada fruncida, y esta vez no intento detenerlo. No por lo que pasó la última vez, sino porque lo entiendo. Quiere reclamarme por completo, llenar cada agujero que tengo, y yo quiero lo mismo.

—Relájate para mí, Gatita —gruñe mientras empuja el dedo dentro de mí.

Lo estoy intentando, de verdad que sí. Pero la intrusión se siente tan extraña que es casi imposible relajarme cuando el cuerpo quiere contraerse automáticamente.

—Lo estoy intentando. —No hay absolutamente ningún placer en lo que está haciendo, y tengo que contenerme para no apartarme de sus dedos que me exploran—. Me duele —siseo.

—Ponte a cuatro patas sobre la mesa —ordena, y hago lo que dice rápidamente, ansiosa por poner fin al experimento fallido.

Una vez que estoy a cuatro patas, desliza las manos desde los hombros hasta las nalgas y las aprieta suavemente. Todavía las tengo doloridas de hace tres días. De repente, su lengua está entre mis piernas y lame mi entrada.

—¡Oh, Dios! —grito y arqueo la espalda, ansiosa por más. Intento mirarlo por encima del hombro, pero no lo veo.

Continúa follándome el coño con la lengua, y no pasa mucho antes de que esté temblando, apenas capaz de mantenerme erguida.

—Córrete para mí, Fierecilla. Déjate ir —me insta mientras sus dedos se unen a su boca en la búsqueda implacable de mi placer.

Y entonces me desmorono, el cuerpo convulsiona en éxtasis mientras me hago pedazos bajo su tacto. Pero Nicklas no ha terminado conmigo todavía. Mientras desciendo del clímax, siento su lengua que lame desde mi canal empapado hasta mi entrada apretada.

—¡Nicklas! —jadeo, avergonzada de tener su lengua justo ahí.

Sin inmutarse, lame el borde antes de endurecer la lengua y meterla dentro de mi trasero mientras desliza dos dedos en mi coño húmedo. Estoy en sobrecarga sensorial, el cerebro se me apaga y lo único que puedo hacer es sentir lo que me está haciendo. Y joder, es tan... guarramente perfecto.

Arqueo la espalda, ansiosa por tenerlo más profundo, en ambos agujeros. Cuando retira la lengua de mi trasero y la reemplaza con un solo dedo, no hay dolor. Solo una necesidad ardiente e incontrolable de más; más de él, más del placer que se enrosca en lo más profundo de mi vientre.

—Así es —alaba—. Ver cómo mis dedos desaparecen en tu culo apretado es pura perfección.

Si esto es lo que se siente al alcanzar la perfección, voy a esforzarme por conseguirla cada día del resto de mi vida. Quiero decirle lo bien que se siente, pero no me salen palabras de la boca, solo sonidos ininteligibles y sin sentido que son más bien ruidos animales.

Nick acelera el ritmo y la espiral dentro de mí se intensifica. Parece que crece, y siento una necesidad abrumadora de orinar. —Espera... para... necesito...

En lugar de detenerse, me folla más fuerte y añade un tercer dedo a mi coño y un segundo a mi trasero. Esta vez el ardor es exactamente lo que necesito para llevarme al límite de nuevo. Grito su nombre, maúllo y chillo mientras todo el cuerpo se me tensa.

Entonces llega la liberación, y no puedo contenerme, me dejo ir y el líquido sale de mí a chorros como nunca antes. Lo que pensé que era una necesidad de orinar no era eso, era algo completamente diferente.

—¡Joder!

Apenas soy consciente de que Nick retira los dedos de mis entradas y me separa las piernas sin ninguna elegancia mientras... espera, ¿qué está haciendo? Siento sus labios cerrarse alrededor de todo mi sexo. Oh... me está bebiendo.

—Dame más —exige, como si yo tuviera algún control sobre ello.

Nunca he hecho eso antes, así que no sé si hay alguna forma de controlarlo.

Aun así lo intento, empujo para ver si sale más, y sale.

Sus gruñidos y gemidos de apreciación van directamente a mi coño y hacen que más humedad salga de mí.

Es como un círculo delicioso e intenso que simplemente sigue repitiéndose.

—No más —suplico cuando finalmente es demasiado—. P-por favor.