Cicatrices de Amor un viaje a travez del dolor (Cicatrices de amor un viaje a trabez del dolor nº 1) El reencuentro contigo
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El reencuentro contigo

Después de pasar tanto tiempo intentando entender a los demás, llegó el momento de mirarme a mí.Durante mucho tiempo estuve pendiente de lo que otros necesitaban, de lo que esperaban, de lo que sentían.

Había dado cariño, comprensión, oportunidades y perdón.Pero en medio de todo aquello, había dejado de escuchar mi propia voz.Me había olvidado de mí.

Cuando una relación termina, cuando una etapa se rompe o cuando dejamos atrás una parte importante de nuestra vida, existe una pérdida de la que pocas veces hablamos: la distancia que podemos crear con nosotros mismos.

A veces nos acostumbramos tanto a ser parte de un “nosotros” que olvidamos quiénes éramos como individuos.

¿Qué me gustaba?¿Qué quería?¿Qué soñaba antes de que mi vida comenzará a girar alrededor de otra persona?

¿Qué partes de mí había dejado en pausa para sostener una relación?

Esas preguntas comenzaron a aparecer poco a poco.Y algunas respuestas me sorprendieron.Había partes de mí que todavía estaban esperando ser escuchadas.Comencé a disfrutar nuevamente de las pequeñas cosas: una canción, una caminata, una conversación conmigo misma, una tarde tranquila.Hice planes sin preguntarme si alguien más estaría de acuerdo.Me permití reír sin sentir culpa.Y descubrí algo hermoso:Todavía estaba ahí.Debajo del dolor.Debajo de las decepciones.Debajo de todo aquello que había ocurrido.Yo seguía ahí.Quizá sea diferente.Quizá con más cicatrices.Quizá con una mirada distinta sobre la vida.Pero seguía siendo yo.Y esta vez quería conocerme desde un lugar nuevo.La soledad, que alguna vez me había asustado, comenzó a sentirse diferente.Descubrí que estar sola no significaba estar vacía.El silencio dejó de ser un enemigo y se convirtió en un espacio donde podía escuchar mis pensamientos, reconocer mis necesidades y descubrir qué quería realmente.Ya no necesitaba llenar cada espacio con la presencia de alguien.

Podía disfrutar de mi propia compañía.Y cuando una persona aprende a estar consigo misma, deja de aceptar cualquier presencia solamente por miedo a quedarse sola.Mis decisiones también comenzaron a cambiar.Ya no quería elegir desde la necesidad de ser querida.Quería elegir desde el respeto que empezaba a tener por mí.Poner límites dejó de parecerme una amenaza.Decir “esto no me hace bien” dejó de producirse culpa.Decir “no quiero” dejó de necesitar una larga explicación.Comprendí que mis sentimientos no tenían que ser aprobados por los demás para ser reales.Mi tranquilidad tenía valor.Mis sueños tenían valor.Mi tiempo tenía valor.Yo tenía valor.También recuperé la confianza en mis propias decisiones.Durante mucho tiempo me preguntaba qué era lo correcto para los demás.Ahora había una pregunta que necesitaba estar presente:“¿Qué es lo correcto para mí?”No siempre tenía una respuesta inmediata, pero por primera vez me permitía buscarla.Cuidarme no significaba convertirme en una persona fría.Significaba reconocer hasta dónde podía dar sin desaparecer en el intento.El dolor había cambiado algunas partes de mí, pero no quería permitir que me quitara la capacidad de amar.Quería conservar mi sensibilidad sin permitir que otros se aprovechan de ella.Quería seguir creyendo en el amor sin dejar de creer en mí.Y entonces comprendí que este encuentro conmigo no consistía en recuperar a la persona que fui antes de sufrir.Esa mujer ya había vivido su historia.Yo era alguien diferente.Una mujer que conocía sus límites.Que reconocía su valor.Que podía perdonar sin regresar.Que podía recordar sin quedarse atrapada.Que podía despedirse sin sentir que su vida terminaba con una persona.Y, sobre todo, una mujer que finalmente entendía que no necesitaba esperar a que alguien la eligiera.Ella también podía elegirse.Todos los días.En cada decisión.En cada límite.En cada nuevo comienzo.Elegirme no significaba dejar de querer a los demás.Significaba dejar de abandonarme para conseguir que alguien se quedara.Ese fue el verdadero reencuentro.No ocurrió en un momento perfecto.No hubo una señal que anunciara que todo estaba sanado.Fue mucho más sencillo.Un día me miré al espejo y ya no vi solamente a la persona que había sufrido.Vi a la persona que había resistido.Vi mis cicatrices.Pero también vi mis sueños.Vi mis ganas de vivir.Vi todo lo que todavía podía construir.Y por primera vez en mucho tiempo, sonreí sin necesitar que nadie estuviera frente a mí.

Había encontrado un lugar al que siempre podía regresar:yo misma.Y esta vez comprendí algo que jamás quería olvidar:No importa cuántas veces la vida me cambie.No importa cuántas personas lleguen o se marchen.No importa cuántas cicatrices aparezcan en el camino.

Mientras conserve la capacidad de elegir, nunca estaré completamente perdida.