Casarme con el papá de mi bebé (Cómo cazar un marido 5) Capítulo 21
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Capítulo 21

—C onnor, ¿qué haces aquí? —Rebeca acababa de abrir la puerta, lista para sacar la basura, cuando se encontró con un Connor completamente desaliñado, a punto de tocar el timbre.

—Me llamaste —dijo él. Tenía el cabello revuelto, barba de tres días, la camisa arrugada y un aspecto realmente miserable. ¿Había sido ella la causa?

—Sí. —Dejó la bolsa de basura en el suelo y lo invitó a pasar—. Te llamé porque quería hablar contigo; no significaba que tuvieras que venir hasta aquí.

—Yo también quería decirte algo muy importante. —La miró directo a los ojos.

Oh, Dios. Rebeca se preparó. Ese era el momento en que él diría que ella estaba rota y que se iría para no volver a verla jamás, ni a ella ni al niño.

—Espera, mentí. —Respiró hondo; la garganta se le cerraba, pero necesitaba ser valiente, tenía que decirlo—. Esa noche Sí significó algo, lo significó todo para mí. ¡Solo tenía miedo! —gritó. Gran manera de hacerlo, se reprochó.

—Lo sé. —Connor sonrió con sinceridad—. Lo sé.

No voy a dejar que me alejes nunca más. A partir de ahora, yo voy a decidir el estado de nuestra relación —dijo con picardía—.

Y tengo noticias para ti, ángel : eres mía.

Si quiero estar con alguien, nadie va a detenerme —añadió, repitiendo sus propias palabras—. Ni siquiera tú.

—¿Viniste a decirme que quieres estar conmigo? ¿Que me eliges? —Por alguna razón, estaba lista para suplicar, aunque no creía que él realmente la estuviera diciendo eso.

—Sí. No te vas a deshacer de mí, y no voy a dejar que nos sabotees. —Le acarició las mejillas con los pulgares—. Seré valiente por los dos. ¿Entiendes, ángel ? Me tendrás que aguantar por siempre.

Rebeca saltó a sus brazos y lo besó.

—Estoy tan feliz de que hayas vuelto. Pero ¿qué pasa con la obra?

—Expliqué mi situación y me ofrecieron un horario razonable. Tengo un suplente. También pienso pagarte muchos vuelos para que vengas a verme. ¿Crees que a Ana le gusten los aviones?

Ella lo besó otra vez.

—Espera, de verdad tengo que decirte algo.

—Puede esperar —dijo él, cerrando la puerta sin interrumpir el beso, salvo un segundo para morderle el labio.

—No voy a poder viajar tanto; tengo que hacer otra cosa, tengo algo que mostrarte —insistió.

—¿Qué? —preguntó cuando ella caminó hacia el dormitorio—. Mientras no tengas a un ex atado a tu cama, estaremos bien.

Ella lo llevó al baño y señaló el bote de basura, donde la prueba de embarazo mostraba claramente dos líneas. Connor contuvo el aliento y se quedó mudo unos segundos.

—Lo logramos al primer intento —dijo, sorprendido—. Las probabilidades eran solo del veinte por ciento.

—Supongo que fue el destino—se encogió de hombros.

—¿Estás bien? —La abrazó—. ¿Te sientes bien? —preguntó, preocupado.

—Sí, solo tengo un poco de náuseas matutinas —lo tranquilizó—. Y este lunes es mi primera cita con el doctor. ¿Quieres venir?

—No puedo creer que mi esposa esté esperando a mi bebé —dijo Connor, abrazándola otra vez.

—¿Tu qué? —Rebeca abrió los ojos, atónita, y luego se rio ante su audacia—. No estamos casados.

—Apuesto a que puedo convencerte antes de que nazca este —dijo tocando su vientre con suficiencia—. O tal vez después del siguiente.

—Ya veremos —respondió ella antes de besarlo.