Epílogo
—¿N o se te hacen familiares? —preguntó Santiago a Cecilia mientras los hombres encargados de la mudanza descargaban un sofá del camión.
Después de unos meses, habían decidido mudarse a la capital para dirigir la nueva planta, ya que Njinga había decidido retirarse anticipadamente para cuidar a su hija embarazada. Habían comprado una nueva casa y llegaron aquí apenas terminaron su luna de miel.
—Sí, siento lo mismo —dijo ella—. Solo que no los puedo ubicar. —Cecilia entrecerró los ojos, intentando recordar.
—Es raro. Tengo una memoria excelente —dijo él.
Caminaron por el jardín hacia la puerta principal.
—Sí… siento que los he visto alguna vez… pero es que siento que fue en un sueño —añadió Cecilia.
—Eso suena tan poético, cariño —dijo Santiago con una sonrisa y haciendo un gran gesto al abrir la puerta principal.
Habían comprado una casa de tres habitaciones con un gran patio porque Cecilia estaba ansiosa por empezar una familia numerosa.
—Espera a ver la poesía que hago en nuestra nueva cama —guiñó ella.
—Cariño, eres la reina de la seducción —dijo él, levantándola en brazos mientras entraban a la casa como recién casados.
Cecilia no podía dejar de reír.
—Sí que hacen una pareja bonita —dijo Phobos a su hermano mientras descargaban una cómoda del camión de mudanza.
—¡Te perdiste la boda! —dijo Cupido—. ¡Fue increíble! Transformaron todo el estacionamiento de la planta en una fantasía dorada, llena de plantas y lujos. Sus padres tiraron la casa por la ventana. Lamentablemente, el exceso de bótox de la madre no dejó que se notara su alegría.
—Eres malo con los humanos —dijo Phobos—. Me gusta eso de ti.
—Y su vestido era precioso, ¿sabes? Una diseñadora se mudó a la casa en ruinas cerca de la montaña y lo diseñó especialmente para Cecilia.
—¿Y la fiesta? —preguntó Phobos.
—Todo el pueblo estaba allí. Tocó una banda en vivo hasta las 9:00 a.m. —Sonrió Cupido—. La gente se fue con los tacones en la mano después de bailar toda la noche.
—¡Tenías que haberme avisado! —se quejó Phobos.
—Te llamaré para la próxima —prometió Cupido.
—¡Espera! —Phobos dejó caer una caja, golpeando el suelo, con una repentina duda—. Si ellos van a dirigir la empresa aquí en la capital, ¿quién será el nuevo jefe de la planta pueblo?