49 - A la sombra del padre
La imagen de tu padre, herido y debilitado, es una espina que hiere y molesta, una llaga abierta en el alma de quien lo veía como una de las rocas de la montaña.
La visión de su cuerpo tembloroso da fe de la violencia del ataque y la gravedad de sus heridas, un cuadro que choca con el recuerdo del hombre fuerte e inquebrantable.
La traición que Chispi insinuó, la idea de que el respetado guerrero Chachapoya habría vendido su lealtad, no encaja con el hombre que te crió, el guerrero que te enseñó a luchar con honor y a amar las montañas con la misma devoción.
Es una mentira sórdida, una artimaña cruel para sembrar la discordia, y te niegas a aceptarla.
Te desprendes de Muxsiri, cuyas palabras de cautela y desánimo resuenan como campanas fúnebres que necesitas ignorar, y corres por las sombras alargadas de las estructuras de piedra de la ciudadela de Kuélap.
El aire frío de la mañana corta tu rostro, pero es la urgencia en tu pecho lo que te impulsa.
El sol está naciendo y, con él, las esperanzas de los incas de romper las defensas de la fortaleza.
Los primeros rayos dorados tiñen de luz las murallas y los patios, y la niebla espesa de la noche, que sirvió como un manto protector y cómplice de la discreción, se disipa.
La visibilidad aumenta a cada segundo, y todo se volverá más difícil para los chachapoyas que aún resisten.
Necesitas actuar antes de que la luz del día exponga tus movimientos y anula cualquier posibilidad de infiltración silenciosa.
Necesitas entender lo que está sucediendo.
Necesitas encontrarlo, necesitas desenmascarar la farsa, recuperar tu honor y, más que nada, necesitas salvarlo, antes de que la traición o las heridas arrebaten la vida del último pilar de tu familia.
El tiempo es un enemigo implacable y cada paso es una oración silenciosa para llegar a tiempo.
¿Qué hacer?
82 - Ir a la entrada principal de Kuélap, intentar salir solo
69 - Buscar exploradores y cazadores que aún no han huido