Carrera a Kuelap 46 - Por fin, Kuélap
39%

46 - Por fin, Kuélap

Respiras jadeante, escondido en la densa niebla cerca de la base de la muralla exterior de la fortaleza.

El silencio es ensordecedor, interrumpido solo por tu corazón acelerado.

Llegaste antes que el ejército inca. La muralla alta y maciza esconde la Luna, que ahora está del otro lado.

Tú, en las sombras, buscas la única entrada, el acceso principal.

Necesitas avisar a Chispi, el líder, pero no hay forma de gritar.

De repente, la niebla a tu lado se mueve con una fluidez imposible. Una sombra se materializa en el aire frío, y una voz tan baja que apenas rompe el silencio susurra en tu oído.

– Imataw akañi lurta, Atuch? Janiwa qullu patana jark'aqasmasmati? (¿Qué haces aquí, Atuch? ¿No deberías estar guardando la costa de la montaña?)

Te asustas, pero es Muxsiri, otro explorador chachapoya, que, perfectamente escondido como solo un Guerrero de las Nubes podría, vigila la cima de la montaña.

– Jupanakax akañiwa, Muxsiri. Ink'anakax qullu qala pirqata apaqañatakiw jutapxi. Tincchux jaq'ataw. (Están aquí, Muxsiri. Los incas vinieron a tomar la fortaleza. Tincchu cayó.)

– Jalt'am. (Sígueme.) – dice Muxsiri.

Muxsiri no espera una respuesta. Se gira y se adentra en una fisura casi invisible en la base de la muralla.

Lo sigues deslizándote a través de la piedra oscura.

Ambos entran rápido por el pasaje estrecho, en embudo, cuya única forma de invadir es en fila india, bajo el riesgo de ataque desde ambos lados.

El interior de la fortaleza no es un campo abierto, sino un laberinto de estructuras de piedra circulares y altas, apiladas en terrazas.

La luz tenue de las antorchas distantes proyecta sombras fantásticas en las paredes.

Muxsiri no desacelera. Cruzan corredores estrechos, donde la niebla se aferra como un velo, y pasan por dos guardias chachapoyas que, al ver a Muxsiri y tu estado, asienten con la cabeza, sin hacer preguntas.

La ciudad parece estar de pie, despierta, en plena madrugada.

Muxsiri te guía hacia el centro de la ciudadela, el punto más alto, donde se erige la estructura ceremonial más imponente.

Estás jadeante. Muxsiri te empuja dentro de una cámara de piedra.

El aire aquí es más cálido y tiene el aroma de coca quemada e incienso.

Sentado en una plataforma elevada, iluminado por la llama parpadeante de un brasero, está Chispi.

Viste mantos oscuros y un adorno de plumas, y su semblante grave parece cargar ya con el peso de la derrota.

Él es el líder militar y espiritual. Se levanta, te mira de arriba abajo, su expresión no revela sorpresa, solo un cansancio antiguo.

Le hace un gesto a Muxsiri, despidiéndose y, luego, a ti, indicando que debes hablar.

Es madrugada y tu presencia allí es señal de alerta.

Nunca has estado con Chispi, solo lo viste de lejos una vez. Pero el asunto era urgente y no cabia mediadores.

– Ink'anakax qullu qala pirqata apaqañatakiw jutapxi. Jank'akiw qullu pataru sarxapxi. Thakhi yatipxiwa. (Los incas vinieron a tomar la fortaleza. Están subiendo rápido por la montaña. Conocen el camino.) – dices, bajo y aún jadeante.

– Samañam uka marq’a umañam. Nayax ña yatisktan.

Jaqinakax ña uñjawayxapxiwa. Jupax akañi irparu.

(Respira y bebe el té. Ya lo sabemos. Otros ya los vieron.

Tu padre todavía los guía hacia aquí.) – Chispi habla, como si sintiera el peso de cada palabra.

– Phaxsi Mama jiwasan jaqi jark’aqani. Janiw nuwañanitix.

(La Madre Lua protegerá a nuestro pueblo. No lucharemos.)

Te sientes furioso. La revelación sobre tu padre y el destino de tu pueblo, todo en la misma frase, hace que ignores la fuerte presencia que tienes frente a ti.

– Janiw utasanakasa, jaqisanakasa jark’aqasmasati? (¿No vamos a proteger nuestras casas y a nuestra familia?) – dices, casi escupiendo el té caliente, que aún reposaba en tu boca.

– Jisa, sarxañani. Ukampis janiw Macro ukat Yalape kïkiti. Ukhama taqikunaru jark'aqañani. Pachamama jiwasaru jark'aqistani. (Sí, vamos. Pero no como Macro y Yalape. Así protegeremos a todos. La Madre Tierra nos guardará.) – dice Chispi, dándote la espalda y volviendo a su meditación.

Muxsiri entra y te tira del brazo, llevándote fuera de la estructura.

Un nudo de rabia y frustración aprieta tu garganta, y lágrimas calientes corren por tu rostro, mezclados con el sudor y el polvo.

Todo esto fue como una piedra pesada en tu corazón, reforzando la urgencia y la injusticia de la situación.

Algunas mujeres te dan un chuño (papa deshidratada), una calabaza de agua y un akulli (pequeña bolsa) de hojas frescas de coca.

Recuperas 6 puntos de Vitalidad. Mientras la noche te envuelve, sientes el peso de las decisiones que te aguardan.

Evalúa bien tus puntos de Vitalidad en este momento. Tu elección puede costar tu vida.

¿Qué vas a hacer?

47 - Seguir la orden y unirse a la evacuación

48 - Desobedecer y buscar armas para el combate

49 - Ir tras tu padre

50 - Buscar otros guerreros dispuestos a luchar