3 - Ataque furtivo
Te arrastras, furtivamente, por las grietas del muro antiguo.
Cada movimiento, calculado; cada paso, silencioso.
La rapidez y la precisión serán tus aliadas.
Al frente, tres figuras en guardia, sus armas reluciendo bajo la luz moribunda del día.
Conversan, de nuevo, desatentos, un murmullo que se pierde en el aire enrarecido.
El cuchillo, frío y letal, reposa firme en la palma de tu mano derecha.
La izquierda empuña el bastón de viaje, un compañero de tantas jornadas.
Las pocas sombras del crepúsculo se extienden, finas y alargadas, abrazándote mientras te aproximas, un bulto en la penumbra ahora creciente.
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