Capitan Luca CAPÍTULO 24 — EL REGRESO
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CAPÍTULO 24 — EL REGRESO

El viaje de regreso a Cabo Blanco transcurrió bajo cielos despejados y vientos favorables, como si el propio mar quisiera compensar a la tripulación del Estrella del Sur por las tormentas que habían enfrentado.

Durante la travesía, Luca dedicó horas a estudiar cuidadosamente los documentos recuperados, tanto los del naufragio original como los encontrados en el santuario de la Isla Perdida.

Elena lo ayudaba a organizarlos, mientras Tomás y Paco se turnaban en el timón, dejando que su capitán se concentrara en la tarea que consideraba más importante que cualquier otra: honrar correctamente el sacrificio de Ezequiel Roca y de Simón Ferrer.

—Capitán —dijo Elena una tarde, mientras ambos revisaban los pergaminos bajo la sombra de la vela mayor—, ¿qué planeas hacer con todo esto una vez que lleguemos a puerto?

Luca reflexionó un momento antes de responder.

—Creo que estos documentos deben ir a un museo, o mejor aún, directamente a las comunidades descendientes de los pueblos mencionados aquí. No me corresponde a mí decidir qué hacer con su historia. Me corresponde asegurarme de que esa historia finalmente sea contada.

—Eso es exactamente lo que Simón habría querido —dijo Elena con una sonrisa suave.

Nico, sentado cerca, dibujando en su cuaderno una escena del santuario en la Isla Perdida, levantó la vista.

—Capitán, ¿crees que volveremos a ver a Duarte alguna vez?

—Es posible —admitió Luca—. Hombres como él rara vez desaparecen para siempre. Pero por ahora, hemos hecho lo que vinimos a hacer. Eso es suficiente.

Paco, desde la cocina, gritó una pregunta que hizo reír a toda la tripulación.

—¡Capitán! ¿Eso significa que finalmente podré cocinar algo que no sea pescado seco? ¡Las provisiones frescas se están acabando!

—Te lo prometo, Paco —respondió Luca entre risas—. En cuanto lleguemos a Cabo Blanco, cocinarás el banquete más grande que hayas preparado jamás. Nos lo hemos ganado.

A medida que se acercaban a la costa conocida, Luca no pudo evitar pensar en todo lo que habían vivido: la tormenta inicial que casi los hunde, el misterio de las tres islas, el descubrimiento del Halcón Negro, la amenaza constante de Duarte, y finalmente, la revelación del verdadero tesoro que habían estado buscando sin saberlo del todo.

—Tomás —dijo Luca, acercándose a su primer oficial en el timón—, quiero agradecerte. A ti y a toda la tripulación. Sin ustedes, nada de esto habría sido posible.

Tomás sonrió, con esa calidez que solo los años de amistad genuina pueden producir.

—Capitán, hemos navegado juntos desde que ambos éramos más jóvenes y más tontos. No esperaba menos de esta travesía que peligro, misterio, y al final, algo verdaderamente importante. Así ha sido siempre contigo.

Cuando finalmente el puerto de Cabo Blanco apareció en el horizonte, bañado por la luz dorada del atardecer, toda la tripulación se reunió en cubierta para contemplar el regreso a casa.

Las casas blancas del pueblo, los muelles familiares, y más allá, la pequeña iglesia en la colina donde Luca solía ir de niño con su abuelo, todo parecía darles la bienvenida después de una travesía que ninguno de ellos olvidaría jamás.

—Hogar —susurró Nico, con una sonrisa cansada pero feliz.

—Hogar —repitió Luca, sintiendo la cruz de plata sobre su pecho, y agradeciendo en silencio por cada uno de sus compañeros, por el viaje completado, y por la verdad que finalmente vería la luz.