Canto del cisne (Hijos del desierto nº 1) Epílogo
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Epílogo

El elegante jet blanco brillaba bajo el sol de la tarde mientras rodaba hacia la terminal.

Sarah sentía un revoloteo de nervios en el estómago ante la perspectiva de conocer a Rashid, el padre de Khalid, y se aferró con fuerza a su mano mientras el jet se detenía y desplegaban la escalerilla.

A Khalid le hacía gracia.

—Habibti, ya lo conoces. No es ningún ogro. Todo irá bien.

—Salima dijo que si te concertaban un matrimonio, no sería con Magda, sino con una de las princesas.

A la vista de todos los del avión, se inclinó y la besó; la cálida presión de sus labios la reconfortó.

—Tengo todo lo que quiero. Y eso eres tú.

Lo que parecía un ejército de niños de todas las edades salió en tropel por la pequeña puerta del jet y bajó las escaleras.

Se arremolinaron a su alrededor entre exclamaciones y charlas animadas en árabe.

Una mujer alta y esbelta los seguía, una versión ligeramente mayor de Nadia, y los regañaba con suavidad.

Era Jauhara, pensó Sarah, y advirtió las sombras que acechaban en sus luminosos ojos marrones incluso cuando la abrazó a ella después de abrazar a Khalid, besándole las mejillas como había hecho Nadia.

—Solo tres son míos —le dijo a Sarah, mirando a los niños con cariño—. Farid, Samra y Asya.

Los tres tenían edades muy cercanas; la niña, Asya, era la más joven, con unos doce años.

Después venían los otros hermanos de Khalid, Michael y Faisal, y su hermana mayor, Natalie.

Otra mujer joven parecía ser la criada. ¿Habían traído a su criada?

Khalid le apretó la mano a Sarah y se inclinó hacia ella.

—Si creías que ya sabías cómo vive la otra mitad cuando eras pequeña, ¡espera y verás! —le murmuró al oído.

En medio de las presentaciones y felicitaciones, los respectivos padres y la criada, Constance, organizaban a los niños cuando Elyse y Rashid descendieron. Elyse se acercó rápidamente a Sarah, radiante de emoción. La abrazó con fuerza y atrajo también a Khalid hacia ella.

—¡Khalid! Querida Sarah, ¡me alegro tanto por vosotros!

Luego se hizo a un lado cuando su esposo se acercó a ellos. Era más alto que Khalid, y Sarah tuvo que alzar la vista para mirarlo a los ojos. Se le cayó el alma a los pies al captar la expresión que conocía tan bien: el semblante cortés del diplomático por excelencia. Opinión reservada.

—Sarah —dijo a modo de saludo.

Su voz profunda era exactamente como la de Khalid, aunque con un acento más marcado. Los ojos oscuros y velados, tan parecidos a los de Khalid, sostuvieron su mirada durante un largo momento. Entonces sonrió... una sonrisa de verdad... y Sarah supo que todo iría bien.

—Bienvenida, hija.

Khalid esperaba de pie ante el juez en una tranquila zona ajardinada de Oak Park, viendo a Sarah acercarse, hermosa con el sencillo vestido blanco que llevaba.

Keith caminaba a su lado, visiblemente orgulloso de su encantadora hija.

Incluso Vivienne parecía complacida, aunque aún se la veía perpleja, como si no terminara de asimilar que la criatura radiante junto a su esposo era en verdad su hija.

Aunque la boda era sencilla, había mucha gente. Todos sus amigos estaban presentes; Fatima, sobre todo, tenía los ojos llorosos de alegría. Grababan la boda en vídeo para Bennett, que seguía recuperándose en el hospital, aunque progresaba a pasos agigantados.

Sarah llegó a su lado y, bajo la sombra de los grandes robles, intercambiaron sus votos rodeados de quienes más amaban.

Detrás de él, Elyse lloraba en silencio mientras los declaraban marido y mujer.

Entonces él la atrajo hacia sí y ella se fundió en sus brazos; Khalid olvidó a todos los demás cuando sus labios se unieron en una promesa gozosa que sellaba sus votos.

Desde ese momento y hasta la eternidad, Sarah le pertenecía, y él a ella, con sus corazones y almas fundidos en uno.

Para ellos, juró Khalid en silencio, aquello era solo el comienzo.

¡La historia de Bennett, el más joven de los hermanos Al-Mansour, gravemente herido, es la siguiente! Castles in the Sand es el segundo libro de la serie Hijos del Desierto. Los libros son autoconclusivos, así que pueden leerse en cualquier orden (aunque leerlos en orden sin duda ayuda).

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