Café y curvas (Colecciones deliciosamente caóticas de amor instantáneo de L. Moone nº 3) Epílogo Uno
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Epílogo Uno

Richard

En mi vida anterior había visto muchas relaciones como las que Amber había tenido. Transaccionales y desiguales. Puede que ella y yo parezcamos desiguales, sobre todo por la diferencia de edad, pero en realidad no lo somos. Somos compañeros, dos mitades que encajan a la perfección.

Lo nuestro siempre tuvo que empezar así. Contratándola para un trabajo mientras fingía que no quería nada más de ella. Esa pausa fue necesaria para darme cuenta de cuánto me había estado mintiendo a mí mismo. Y también para disipar mis dudas sobre nosotros dos.

Trabajar con ella me enseñó que la edad es solo un número. Y que lo que sentía no era lujuria superficial, sino algo mucho más profundo.

Del mismo modo, a ella le enseñó quién soy en realidad. A mirar más allá de las apariencias y a mostrar también partes de su verdadera esencia.

Por supuesto, también hay mucha lujuria, como nos demostró anoche. Era su primera vez y estaba nerviosa al principio. Es curioso que pensara que eso me molestaría. ¿Acaso a los hombres les molesta ser el primero de alguien? Para mí fue un honor, más que otra cosa.

Le dije que debía marcar ella el ritmo, pero no estuvo de acuerdo. En cuanto volvió a estar en mis brazos después de su confesión, noté que anhelaba algo más tradicional, que quería que yo tomara la iniciativa. Por supuesto, encantado de complacerla.

También noté que al principio se sentía cohibida por su aspecto, como la mayoría de las mujeres. E hice todo lo posible para demostrarle que es perfecta. La elogié; adoré su cuerpo. Incluso intenté llevarla al orgasmo primero con la mano, pero no me dejó terminar.

En cuanto me dijo que era virgen, ya había trazado un plan. Quería que su primera vez fuera lo más perfecta y especial posible. No salió exactamente así. Bueno, no hasta la segunda y la tercera vez.

Una vez que recuperamos el aliento en el sofá, me levanté, la tomé de la mano y la llevé al dormitorio, como debería haber hecho desde el principio.

Con nuestros deseos iniciales saciados por el momento, nos acurrucamos un rato, desnudos, por supuesto, lo cual ya era una recompensa en sí.

Y luego me tomé mi tiempo con ella de verdad.

Exploramos nuestros cuerpos más a fondo... Intenté descubrir qué era exactamente lo que más le gustaba. Y cuando quiso probar a ponerse encima, bueno, obviamente, también lo hicimos.

Nuestra primera noche juntos fue sencillamente hermosa. Un comienzo perfecto para el resto de nuestra relación.

Adoramos nuestros cuerpos de todas las formas posibles hasta que los labios nos ardían y los músculos nos dolían. Y luego nos quedamos allí, abrazados, hablando del pasado, del futuro y de todo lo demás.

En un momento dado, Amber se acordó de enviarle un mensaje a Alice para que no se preocupara porque aún no había vuelto.

Seguro que tendrá opiniones que compartir cuando entremos juntos en la cafetería esta mañana...

Como dijo Amber, probablemente su comentario principal será: «Te lo dije».

Lo cual me parece bien. Resulta gracioso, visto ahora, que Amber nunca sospechara que yo tenía sentimientos por ella al principio, mientras que Alice nos caló a los dos desde el primer momento.

Es una buena amiga y me alegro de que esté en la vida de Amber, porque el resto de su vida parece haber sido bastante sombrío.

Tanto su crianza como sus relaciones anteriores dejaron mucho que desear.

No la culpo, por supuesto. Culpo a las circunstancias que le enseñaron a no confiar en nadie, especialmente en los hombres de su vida.

Por supuesto, no permitiré que siga siendo así. Haré todo lo posible para que sea feliz y esté bien cuidada. Como debe hacer un hombre de verdad. Soy chapado a la antigua en ese sentido, como no paro de decirle, y ya ha empezado a tomarme el pelo por ello.

Amber me contó más detalles sobre su familia y sobre lo que llevó a que su padre se marchara. Me partió el corazón que tuviera que pasar por eso a una edad tan temprana. Los problemas de pareja ya son bastante difíciles para los adultos, sin meter a los niños de por medio.

A mi vez, le conté mi pasado, mi matrimonio con Elaine, que afortunadamente no incluyó hijos cuando se torció.

Fue agradable poder abrirme con ella. Expresar cosas que no había podido decir directamente, salvo quizá en forma de trasfondo para los personajes de mi novela. Ella me dijo lo mismo: lo aliviada que se sentía sabiendo que podía ser ella misma.

Fue el mayor cumplido que podría haberme hecho. Y será mi principio guía de ahora en adelante. Nunca querría que sintiera que tiene que fingir u ocultarme partes de sí misma. Nunca la juzgaré ni la haré sentirse inferior.

Por muy cursi que suene, simplemente sé que lo que hacemos está bien.

La amo tal como es. Y parece que ella siente lo mismo.

Estamos a punto de convertirnos en uno de esos pocos afortunados: las personas que encuentran a su persona especial, esa que nos ayuda a superar los desafíos del pasado, a sanar, a inspirarnos para ser la mejor versión de nosotros mismos.

Esa persona especial que amplifica nuestras esperanzas y sueños y no se detiene ante nada para verlos cumplidos juntos.

Esos somos nosotros. Esos somos Amber y yo.

Y no puedo esperar a ver qué nos depara el futuro.

Epílogo Dos

Amber

La novela de Richard, En el autobús nocturno, lleva diez semanas en lo más alto de las listas de superventas. Y a nadie le sorprende, excepto al propio Richard.

Tiene una habilidad asombrosa para subestimarse, y le ha dicho a todo el que quiera escucharlo que el éxito de su libro se debe enteramente a mí y a mi destreza con el marketing online.

Yo sé que no es así, por supuesto, igual que todos los que han leído su novela.

Claro, puedes promocionar cualquier cosa si tienes los contactos adecuados y sabes lo que haces. Pero pasadas una o dos semanas, es el boca a boca lo que mantiene las ventas. Si el libro en sí no es bueno, las ventas se desplomarán hasta que nadie recuerde siquiera el título.

En cambio, su libro fue subiendo con el tiempo. Del décimo puesto al octavo en la segunda semana, luego al quinto la semana siguiente, hasta que llegó al número uno y ahí se quedó.

Nada mal para un autor debutante, y en este caso, completamente merecido.

—¿Estás listo? —le pregunto mientras me aplico un poco más de rímel.

—¿Supongo?

Me doy la vuelta y me derrito al verlo. Finge bastante bien estar seguro de sí mismo, pero puedo ver las pequeñas grietas en la fachada.

Lo veo un poco nervioso. Seguro que ya ha ensayado un millón de veces en su cabeza todo lo que va a decir en la firma de libros de esta noche, pero una cosa es practicar mentalmente y otra muy distinta hacerlo en la vida real.

Justo entonces, el teléfono le vibra en el bolsillo. Lo saca y lo mira, y se le abren los ojos como platos. Su compostura, tan cuidadosamente elaborada, se desmorona por completo. Algo lo ha pillado desprevenido.

—¿Qué pasa? —le pregunto.

—Nada.

Es evidente que no es verdad, pero sé que no me miente con mala intención.

—Dímelo —le pido mientras le pongo una mano en el brazo.

—De acuerdo. Pero no te lo vas a creer —Richard me mira, y la conmoción en sus ojos me desarma al instante.

—Quieren… —respira hondo. La pausa es casi demasiado para lo que queda de mi paciencia.

—¡Quieren convertirlo en una miniserie! Y me dan el control creativo absoluto.

—Joder, ¿qué?

—Te dije que no te lo ibas a creer.

—Oh, me lo creo. Me lo creo. Es solo que… no sé qué decir. ¿Estás bien? —pregunto.

—¡No lo sé! Todo está pasando tan rápido. Ni yo mismo me lo creo todavía.

Hay una parte de mí que adora verlo así de desconcertado. Es una faceta suya a la que solo yo tengo acceso, mientras que el resto del mundo únicamente ve una versión pulida de él que parece lidiar con todo el éxito y la atención sin inmutarse.

—Es increíble, Richard. Te quiero.

—Yo también te quiero, Amber. No podría haberlo hecho sin ti.

—Ay, ya empezamos —sonrío—. Te mereces todo el éxito del mundo.

—Y tú mereces todo el reconocimiento por el papel que has desempeñado.

Me rodea con sus brazos y me derrito un poco más. Es realmente especial, este hombre. Mi hombre.

Escritor, la persona más bondadosa del mundo, amante extraordinario. Lo tiene todo. ¿Cómo he podido tener tanta suerte?

Nos quedamos ahí, abrazados, un rato más. Hasta que noto cómo se relaja entre mis brazos y nuestros corazones recuperan un ritmo más normal.

—Se supone que debo mantenerlo en secreto, así que no se lo digas a nadie todavía, ¿vale? —susurra mientras me cubre el cuello de dulces besos.

Sabe que ese pequeño gesto puede hacer que acepte cualquier cosa. Por mucho que me muera de ganas de filtrar esta noticia en sus redes para crear más expectación.

Aunque, la verdad, todas las firmas que ha hecho han estado abarrotadas. Hoy no será diferente. Aunque sea en Foyle's, una de las librerías más famosas de Londres, o precisamente por eso.

Sé que bordará la lectura. Además, es genial con sus fans. Tiene justo la mezcla perfecta de cercanía y humildad.

Y con eso me basta.

—No diré ni una palabra.

—Gracias, cariño —parece aliviado. Supongo que ha estado dándole vueltas todo el día.

—No hay de qué. Venga, pongámonos en marcha. Tengo ganas de oírte leer, aunque ya te haya escuchado tantas veces.

—Todavía estoy nervioso —admite—. Pero con la noticia estoy tan eufórico que no puedo evitar sentirme emocionado.

—Eso solo hará que lo hagas mejor. Vamos a demostrarles de lo que somos capaces.

Se inclina para darme otro beso, y después recogemos los abrigos, los bolsos y todo lo que necesitamos para hoy antes de salir de casa.

La editorial ha enviado un coche para llevarnos a la firma.

Tardaremos un buen rato, desde Teddington hasta Charing Cross en el centro de Londres, sobre todo a esta hora.

Pero no me importa. Mientras me acomodo en el asiento trasero junto a Richard, siento que el mundo se desvanece y todo parece diluirse alrededor de nuestra pequeña burbuja.

Solo estamos nosotros dos, en el asiento trasero de la limusina, protegidos por las ventanillas tintadas.

En este momento, no importa que se esté convirtiendo rápidamente en uno de los escritores más comentados del Reino Unido.

Para mí, es solo Richard. El tipo del horrible cárdigan de lana al que conocí una mañana deprimente en la cafetería de Alice.

El hombre del que empecé a enamorarme desde el primer momento.

Aquel con quien voy a pasar el resto de mi vida.

No importa adónde nos lleve eso.

Tanto si su próximo libro es un éxito tan grande como este como si no. Tanto si mi pequeña agencia de relaciones públicas arrasa en el mundo editorial como si no vuelvo a firmar a otro cliente en la vida.

Estamos juntos en esto. En lo bueno y en lo malo. Ahora y para siempre.

Y no podría ser más feliz.

***

Gracias por leer El primer amor de Sugar Baby.