CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 42
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CAPITULO 42

Con el tiempo aprendes que la vida es tan solo una sola, de que incluso puedes desaparecer en cuestión de segundos. Al abrir mis ojos la luz fue lo primero que choco contra mí, estaba en un hospital, mi barriga ya no estaba, y casi no podía moverme. Cada partícula de mi cuerpo duele, es como si millones de aguja pincharan mi piel.

Trato de acomodarme en la cama de hospital en una posición sentada, pero es algo inútil por lo que miro a mi alrededor y me encuentro con una escena bastante conmovedora. Mi esposo… mi amado esposo, hombre de las tabernas, musulmán obsesionado, un maldito hombre de la mafia emiratí, mi luz y vida se encontraba profundamente dormido en uno de los sofás que hay en la estancia.

Suelto un suspiro pesado y me quedo viendo a mi marido dormir, es tan guapo. La puerta se abre y de ella desciende una enfermera, apenas entra le hago una señal de silencio y ella siente con una enorme sonrisa.

La mujer entra con una tableta en sus manos, cuando está cerca de mi empieza a trabajar en su expediente —su esposo se ha mantenido a su lado toda la noche, que bueno que ya este despierta el bebé necesita que le amamante.

—¿Mi hijo se encuentra aquí? —pregunto emocionada.

—Si, su esposo lo trajo consigo cuando la trajo a usted. Fue revisado por los especialistas pediatras, aunque es prematuro nació sano con todas sus partes completamente desarrolladas —voy a decir algo más, pero escucho como mi marido se mueve y abre esos enormes ojos preciosos que tiene.

Él al verme despierta se pone de pie y se sienta a mi lado. Toma mi mano entre las suyas y besa mis nudillos —esposa mía…

—Esposo —murmuro aun con la voz ronca —has dormido algo —él me regala una de sus sonrisas suaves y asiente.

—Estaba muy preocupado por ti, ayer casi me da un paro cardiaco cuando no vi que despertabas —sonrió —te he echado de menos cariño mío.

—Igual yo. Aun me queda suficiente vida para seguir fastidiando tu vida y la vida de tu madre —una risa estruendosa sale de su garganta. Posa su grande mano sobre mi mejilla y con sus ojos muy fijos en los míos dice.

—No hay razón en este mundo como para que yo te deje de amar como te amo, no hay locura tuya que me fastidie Gema, eres mi imperio, mi luna creciente, la mujer de la que me enamore a primera vista —él deposita un suave beso en mi frente —nunca lo olvides.

Miro a mi lado completamente ruborizada y me doy cuenta de que la enfermera había salido.

—Va a traer a nuestro bebé —murmuro entre lagrimas y mocos. Omar me mira con ternura mientras limpia las gruesas lágrimas.

—Si, nuestro bebé es un bonito niño con los ojos verdes de su madre. Lo hiciste bien mi amor, lo hiciste muy bien —por un momento pienso en el riesgo que casi corro de perder a mi hijo, en el miedo y la soledad que me carcomía en ese momento crítico —ya no te preocupes mas Gema eso no te hace bien, lo mejor es que te relajes para que cuando venga nuestro hijo solo sienta el calor de sus padres.

—¿Cómo lo llamaremos? —pregunto en un intento de apaciguar la angustia.

—No lo sé, no lo había pensado por un momento pensé que seria una hermosa niña y que le pondríamos Anisa, o Leila —miro a mi alrededor en busca de alguna idea hasta que vuelvo a ver a mi marido.

—Que tal Omer, Omer es un nombre bonito ¿no crees? —Omar ladea la cabeza y asiente.

—Omer suena como a Omar —sonrió.

—Si, suena como a Omar solo cambie la A —él me sonríe y asiente.

—Que sea Omer, Omer Onur Abbar un nombre perfecto y digno para él —la puerta se abre nuevamente y de ella desciende la misma enfermera, pero esta vez trae consigo a un bebé envuelto en mantas. Tras de ella entra también Salome que me sonríe cuando me ve.

—Miren quien esta aquí, el precioso bebé rubio de ojos verdes —saluda Salome. La enfermera me trae a mi bebé y lo acomoda en mi pecho. Apenas siento su calidez y su aroma dulce mi corazón empieza a retumbar en mi pecho. El pequeño esta dormido, pero se remueve cuando lo cambian de posición.

Poso mi mano sobre su espalda y lo acaricio suavemente con miedo de despertarlo. Su calorcito, su pequeño cuerpo me transmite una paz interna que no creí que llegara a sentir.

—Omer, mi pequeño Omer Abbar —beso su pequeña frente. Él pequeño vuelve a removerse y abre sus enormes ojos saltones y me mira con aquellos verdes intensos iguales a los míos.

—Es la viva copia tuya, no sabes lo mucho que me alegra tener una mini versión física —Omar acaricia los cabellos dorados de nuestro hijo —es tan hermoso igual que su madre.

—También tiene cosas de su padre, como su nariz, sus orejitas que son tan pequeñas, su bonita boca en forma de corazón, puede que tenga tu carácter Dios me libre de ello —reímos —tiene un olor delicioso.

—Si que lo tiene… —poso mi mirada en Salome y la forma en como nos ve me da la impresión de que también anhelaba algo parecido. Aunque entre Omar y yo ha habido demasiado por delante, al punto de quebrar mi espíritu y mis ganas de seguir luchando. Ahora se siente como si una parte de mi dependiera de él, de sus caricias de su amor posesivo, de sus ojos cautivadores quemando mi piel, de sus toques febriles, incluso me hacía sentir como una jodida bomba de tiempo.

—Me alegra mucho por ustedes, se lo merecen —murmura apenada.

—Tú también te lo mereces, algún día lo tendrás ya lo veras —sé que ella encontraría a alguien que, si la valorara como mujer, encontraría a un hombre capaz de luchar por ella y su amor. Desgraciadamente mi cuñado no era digno de ella.

Tuve que hacerlo, tuve que dejar el pasado y enfocarme en el presente, ese presente que no elegí tener pero que me daba mas de lo que había tenido, una familia, una pequeña familia un esposo que al principio era mi captor, pero se convirtió en mi mundo, en mi realidad, en el hombre que conquisto mi corazón y yo conquiste el suyo convirtiendo su coraza en cenizas.

***

TRES MES DESPUES.

Me quedo mirando a la nada, ya de haber estado casi dos meses en reposo absoluto, mi rutina diaria era darle el pecho a mi pequeño ángel, y dormir cuando Omer dormía. Aunque Salome había sido de gran ayuda con el pequeño llorón y mi esposo trataba de atenderlo por las noches, siempre Omer absorbía gran parte de mi tiempo, de mis ánimos.

Omar ha estado un poco afligido con lo de Amaya y mi suegro dejo de venir a casa.

La tensión que hay entre mi marido y su familia es palpable, pero lo entendía, una Abbar casada con el enemigo fue la bomba en el inframundo que gobernaba mi marido en su territorio. Una mujer musulmana no podía casarse con un extranjero a diferencia de los hombres que si se podían comprometer con mujeres extranjeras. Aunque ya aceptaron la leí donde las mujeres podían comprometerse con hombres fuera de su religión para los tradicionalistas era nefasto he inaceptable.

—¿En que piensas? —me sobresalto. Giro mi rostro para verla y le doy una sonrisa tensa.

—Amalia, ¿qué haces despierta tan tarde de la noche? —mi mejor amiga había sido liberada de sus deudas, ya no tenia que trabajar como prostituta para uno de los burdeles de mi marido. Ahora vivía aquí conmigo, aunque le di la opción de marcharse a estados unidos y encontrar un trabajo digno, pero se negó. Al igual que yo era huérfana de padre y madre, no tenía hermanos ni familia.

—No tenia sueño y como Omer suele estar despierto a esta hora quise hacerle compañía —una risita sale de mi y niego. Mi bebé dormía, rara vez lo hacia por la noche a tan solo que estuviera en mi pecho o el de su padre.

—Comió hasta saciarse y se durmió. Poco a poco se tendrá que acostumbrar que la noche es para dormir —mi amiga se sienta a mi lado.

—Quien lo diría, quien diría que estarías aquí sentada cuidando de tu hijo, casada con un multimillonario que por cierto tiene doble vida. Quien diría que lo amarías a pesar de lo que hizo al comienzo.

Muerdo mi mejilla interna —me obligo, pero cuando la intensidad de un amor es demasiado uno tiene que venerarlo, aprovecharlo, y simplemente Omar Abbar es del tipo de hombres que a pesar de que huyera el siempre iría detrás de mí. Puede que lo que yo sentía por el fuese síndrome de Estocolmo y que pensé muchas veces en huir para no seguir sintiendo cosas por él para sentirme libre de su acosada obsesión no funciono. Y ahora me alegro que no funcionara porque le amo, sea Estocolmo o no le amo con cada fibra de mi corazón. Tengo todo lo que tengo gracias a él, antes no tenia a nadie estaba sola pero ahora tengo una familia —miro la cuna donde se encuentra mi hijo —tengo un hijo hermoso que amo como la vida misma. Omar me ha dado mas de lo que desee tener.

—Pero aun así no es suficiente ¿verdad? —asiento.

—Todo me ha caído del cielo, no quise aceptarlo en el momento, pero ahora estoy más que dispuesta a tenerlo, pero… pero no es algo por lo que yo haya luchado. Mi marido tiene dinero mas del que yo podría desear, mi hijo tendría una vida asegurada incluso sus hijos y los hijos de sus hijos, pero yo quiero algo mío, algo que yo haiga levantado por mi esfuerzo y sudor, quiero algo propio Amalia, siempre quise algo propio.

—¿Por qué no se lo dices, dile que deseas trabajar, que quieres tener lo tuyo por separado? —niego.

—No lo va aceptar, ya se lo pedí una vez y no le agrado demasiado. Omar fue criado dentro de una religión donde los hombres son la cabeza de la familia y las mujeres son las que se encarga de mantener la casa impecable, quien se encarga de criar los hijos y educarlos en base a sus propias costumbres. Para él que su mujer trabaje estaría hiriendo su machismo —juego con mi anillo —solo necesito tiempo para seguir acostumbrándome a sus arraigadas formas de vivir.

—Vale… entiendo, pero —alguien se aclara la voz detrás de nosotras y ambas giramos nuestro rostro para mirar quien es. Omar estaba ahí en el umbral de la puerta en su máxima altura, me tenso.

—Podrías dejarnos solo Señorita Amalia —mi amiga frunce el ceño, me mira y yo asiento. Ella se pone de pie y se marcha cerrando la puerta tras de ella. Omar camina hacia la cuna de nuestro hijo y lo mira con adoración. Me pongo de pie y camino hacia la puerta que conecta con nuestra habitación. Esta habitación solía ser la recamara de la esposa, pero como yo duermo con mi marido la elegimos para que sea la habitación de nuestro hijo. A la final decidimos quedarnos en el palacio, la mansión tenia demasiados recuerdos incomodos de nuestro inicio como pareja.

Entro en la habitación que comparto con mi marido y me siento en la cama, espero a que él entre y cierre la puerta, cuando alzo la mirada ya él esta frente a mi mirándome desde su altura.

—¿Escuchaste todo verdad? —el asiente.

—Una parte —suelto un suspiro. Él se sienta a mi lado y toma mi mano entre las suyas —no fue mi intensión hacerte sentir incapaz habibi.

—Omar…

—Tienes toda la razón, me he comportado como un cavernícola desde el principio y nunca me he disculpado por ello. Yo te amo Gema, te amo al punto de la locura es por eso que me prometí darte todo lo que quieres, todo lo que necesites, prometí hacerte feliz. Siéntete libre de disponer esposa, eres mi mujer no mi esclava, eres la madre de mi hijo te mereces el mundo por ello.

Una lagrima resbala por mi mejilla —yo también te amo —murmuro con la voz ronca —te amo a pesar de todo.

Omar acuna mi rostro y posa su frente en la mía —pídeme el mundo y te lo daré, eres libre incluso de matarme si así lo deseas.

—Solo quiero trabajar, mantenerme ocupada en el día cuando tu no estas mi amor, por que siempre te extraño y eso me aflige —él sonríe a medias y asiente.

—Bueno desde hace tiempo he tenido una idea sobre lo que quieres, pero no se si tu quieres —muerdo mi labio inferior.

—¿Qué es? —el se encoje de hombros.

—Cuando te conocí apenas habías entrado en el mundo de la moda, se te da bien vestir extravagantes vestidos, incluso puede que se te de bien manejar la moda de aquí ¿no te gustaría? —lo pienso por un momento y termino accediendo.

—Pero tu…

—Yo me encargare de una parte de la monta del negocio, de todas maneras, yo seria como un socio mayoritario, tu serás la jefa por supuesto te encargarías de toda la empresa —Omar me habla mas del tema sobre como haríamos y en que moda nos enfocaríamos, a la final la idea me pareció perfecta por lo menos mi tiempo estaría lleno y la soledad no se asentaría tanto.

—Esta perfecto, mientras haces todo eso querido esposo yo seguiré disfrutando de mis momentos con nuestro hijo —le doy un suave beso antes de ponerme de pie he ir al vestidor, necesitaba darme un baño. Estoy por entrar cuando Omar me toma de repente entre sus brazos y me lleva al baño como si fuera una novia recién casada —¿Qué diablos haces Omar Abbar?

—Voy ayudar a bañar a mi linda esposa —una risita nerviosa sale de mi garganta. Al entrar el me deja en el suelo y me ayuda a quitarme la ropa, ya completamente desnuda me meto en la bañare que había sido llenada con antelación por Salome. Suelto un suave gemido al sentir el calor del agua.

—Eso se siente bien verdad —asiento. Él se desviste para meterse después detrás de mí. Me acurruco en su pecho sintiendo su dureza —te amo esposa —sonrió —te amo mi luna dorada, mi pantera de oro, mi luz estelar.

—Yo te amo mucho más. Mi jodido, mafioso —me giro para poder ver su rostro —mi amado esposo, me has hecho caer bajo tus sabanas Omar Abbar —tomo su rostro y beso sus labios.

Mis cielos eran grises cuando no estabas, pero al momento en que apareciste todos mis días se llenaron de colores intensos, te convertiste en mi mayor fascinación y yo en tu destino incierto.

FIN