CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 27
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CAPITULO 27

En la mañana siguiente amanezco sin ganas de nada, hoy tengo cita con la doctora mi cuñada me había llamado a primera hora de la mañana para avisarme que me acompañaría. Omar se había ofrecido acompañarme, pero me negué, aunque me hubiera gustado que fuera sabía perfectamente que si él iba lo más seguro era que le preguntara por el sexo del bebé.

Quiero que sea secreto yo también lo había pensado, pero quiero que cuando nazca nos deje a todos sorprendidos, o por lo menos yo lo espero así.

Me levanto con todo menos ánimos, me doy un baño caliente y me visto con lo primero cómodo que encuentro. No tengo ganas ni de maquillarme por lo que no lo hago, me hago un moño en mi cabello, me perfumo y salgo de la habitación.

Estoy por bajar las escaleras cuando escucho ruidos en la sala principal, mi ceño se frunce al reconocer la voz de la bruja de mi suegra. Tomo una respiración profunda antes de decidirme bajar.

La encuentro charlando con mi cuñada, pensé que mi marido de había ido pero también está ahí con ellas sentadas en los sofás que hay en la estancia. Ellas al escuchar mis pasos voltean sus rostros para verme.

—¡Enserio vas a ir así a tu cita con la doctora! —se escandaliza mi suegra.

—Y eso que… voy cómoda —respondo sin darle mucha importancia. Omar extiende su mano hacia mi invitándome acercarme a él.Sin mucho ánimo me encamino a su lado y me siento junto a Omar. Éste a su vez me rodea con su brazo y me deja caer en su pecho como peso muerto.

—Buenos días cariño —froto mi rostro contra su camisa blanca. Hoy va de traje, mayormente lo veo con su habitual Abaya pero se ve jodidamente guapo con traje.

—Buenos días —digo con los ojos cerrados. Alguien se aclara la voz rompiendo mi burbuja.

—Hijo, enserio vas a dejar ir a tu esposa a si vestida —Omar de encoje de hombros.

—Me da igual, ella se encuentra cansada madre, lleva a mi hijo en su vientre por eso mismo la dejo llevar lo quiera —dice mientras besa mi coronilla. Miro a mi suegra sin apartarme de mi marido y le sonrió con malicia. Ella frunce su ceño con molesta y asiente.

—Como quieras… Amaya creo que ya debería ser hora de que te cases de nuevo, hay muchos hombres ricos y acaudalados, que te parece Samir, es un buen hombre ya tiene una esposa, pero puede ser la segunda —Amaya se tensa y sonríe a medias.

—Sabes bien cuál es mi opinión sobre eso madre —la forma en como lo dice me hace recordar el sufrimiento que debe de sentir recordar su matrimonio fallido, a su esposo violento deber ser una marca que no se puede borrar. Mi cuñada tiene miedo, miedo de avanzar y yo la comprendía, yo también tenía miedo de entregarle mi corazón mis pensamientos mi vida a el hombre que me secuestro, me hizo daño, me obligo a bajar la cabeza cuando yo no estaba dispuesta a rendirme y aquí estoy bajo su mando, esperando un hijo de él, siendo su esposa.

—Pero Amaya…

—¡Ya basta madre! Deja a mi hermana en paz, fuiste testigo de su matrimonio hace ya 10 años, fuiste testigo madre ahora no vengas con eso de que deseas que vuelva a vivir una pesadilla con otro hombre —el pecho de mi marido vibra bajo de mi cuando dice cada palabra con fuerza —si ella no se siente dispuesta a contraer nupcias con nadie que así sea, ya lo hizo una vez no es necesario que lo vuelva hacer de nuevo, ese maldito hombre ya pago por todo el daño que le hizo pero eso no quita que mi hermana haya olvidado ya lo que tuvo que pasar a su lado.

—Está bien hijo, no es necesario que me lo recuerdes —dice la mujer con la mirada apagada. Ella mira a su hija que ahora está llorando en silencio mientras juega con sus manos. Omar acaricia mi cabello y murmura.

—Amaya sabes bien que tienes mi apoyo y protección hermana —ella asiente y se seca las lágrimas.

—Lo se hermano… bueno creo que ya deberíamos irnos, Gema aun no has comido nada, pero sería bueno que fuéramos a comer algo después de tu cita, ¿te parece? —asiento.

Voy a levantarme, pero Omar no me deja me aprieta más hacia él —espérate, qué tal si las acompaño yo también quiero ver a nuestro bebé cariño.

—Omar…

—Seria estupenda idea hijo, y así aprovechamos para saber el sexo del bebé —miro a mi suegra con mala cara.

—Yo quiero saberlo cuando dé a luz, que sea una sorpresa —respondo con mala leche.

—Pero querida todos estamos ansiosos por saber que será el bebé, y si es un bonito varón su abuelo le hará una fiesta en su honor —mis manos se hacen puños.

Voy a decir algo mordaz, pero Omar se me adelanta —madre si mi esposa no quiere que lo sepamos entonces no lo sabremos, es su decisión y yo la respeto. Además, sea niño o niña yo lo amare por igual, además tenemos toda una vida para seguir trayendo bebés al mundo —la forma en como lo dice me calienta las mejillas, trago saliva y muerdo mi labio inferior —o no es así cariño mío, disfrutaremos mucho haciendo bebés —murmura en mi oído. Una sonrisa pequeña aparece en mi rostro.

—Pervertido… —digo lo suficientemente bajo para que mi suegra y cuñada no escuche.

A la final terminamos saliendo todos a la clínica, Omar no se separó de mi en ningún momento cuando entre a mi cita y la doctora hizo el ultrasonido. Por mucho que lo quería negar estaba muy emocionada. Omar sostuvo mi mano mientras ambos veíamos a nuestro bebé en la pantalla, mi suegra que también estaba aún lado miraba con emoción al igual que Amaya que sonreía.

Fue un momento bonito no lo voy a negar y me sentí como en familia.

Una lagrima resbala por mi mejilla recordando a mi madre, ¿Cómo hubiera sido tenerla a mi lado?, ella feliz y ayudándome con el embarazo, ella sosteniendo a mi bebé.

Al salir del consultorio con una foto de nuestro bebé nonato nos dirigimos a algún restaurante a comer —cariño… —dejo de mirar las calles por la ventana para fijar mis ojos en Omar —¿te encuentras bien? —asiento —¿Por qué tan callada? —miro por retrovisor a mi suegra que está metida en su teléfono y Amaya solo mira por la ventana.

—Yo… recordé a mi madre, solo es eso —vuelvo a mirar por la ventana los enormes edificios de Dubai.

—Nunca me has contado que les ocurrió a tus padres, es más se muy poquito de ti cariño mío —suelto un suspiro.

—Recordarlo es abrir una herida demasiado profunda Omar —él no dice nada más y sigue conduciendo. Cuando nos detenemos en uno de los semáforos la tensión se vuelve densa, mi mirada se fija en el retrovisor del auto y veo como una motocicleta se acerca a nosotros esquivando los autos. Cuando Omar vuelve a moverse esa misma moto corre a gran velocidad detrás de nosotros —Omar…

—Mmm, dime cariño —me tenso cuando la moto se acerca cada vez más rápido a nosotros.

—Creo que nos están siguiendo en una motocicleta —murmuro un poco bajo pero lo suficiente como para que él escuche.

—¿Cómo cariño? —me giro para verle con mi entre cejas fruncida.

—¡Maldición que nos están siguiendo en una motocicleta! —gritó alterada. Omar mira por el retrovisor del al frente y entiende lo que le estoy diciendo.

—¡Mierda! —vuelvo a mirar por la lentilla del auto y este está mucho más cerca. Omar acelera y esquiva a los carros como todo un maestro.

—¡Hijo que pasa, has subido la velocidad! —dice mi suegra sobresaltada. Yo no dejo de ver por el espejo del auto notando que lo hemos perdido un poco.

—Nos están siguiendo madre, pero tranquila ya lo perderé —mis manos están temblando mi corazón late frenético en mi pecho, siento que se me va a salir en algún momento. Omar sigue subiendo de velocidad y esquivando los carros hasta que en un cruce la motocicleta aparece nuevamente, pero está vez frente a nosotros apuntándonos con su arma. Omar no lo piensa dos veces para acelerar y llevárselo por delante, pero eso no evito que disparara varias veces antes de que el auto impactara contra el motociclista.

Mi suegra y cuñada se tiraron al suelo del auto mientras yo me tapo la cara con mis manos en el momento en que el carro impacta con el hombre, todo pasa tan rápido que cuando vuelvo en si ya Omar esta varios metros alejado del motociclista. Mis manos no dejan de temblar, mi corazón ha dejado de latir por un segundo hasta que pronto vuelve a la normalidad, pero sin dejar de bombear con fuerza en mi pecho.

—Ya ha pasado, creo que lo mejor es que volvamos a casa ¿se encuentran bien? —asiento. Miro por el retrovisor para ver a mi suegra aun agachada junto a su hija —¿Madre?

—Estamos bien hijo, llévanos al palacio —dice entrecortadamente.

Suelto un suspiro pesado. Cuando llegamos al palacio Omar ayuda a su madre a bajar yo no puedo ni siquiera moverme estoy tan paralizada en mi asiento que ni siquiera me doy cuenta cuando Omar abre la puerta.

—Cariño… —salgo de mi letargo y lo miro —¿te encuentras bien? —voy a responder, pero un movimiento brusco mío me hace quejarme del dolor intenso que se clava aun lado de mi costilla. La sorpresa en los ojos de mi marido me hizo entender que era lo que ocurría.

Una bala, hay una bala clavada en mi costado.

OMAR.

Verla herida fue como un golpe bajo en la boca del estómago. Por un momento estoy paralizado y en otro la estoy sacando del auto cargada. Su sudadera esta húmeda con su sangre; Salome había abierto la puerta para nosotros ella al verme cargar a mi mujer corre al salón para llamar al doctor de la familia. Subo a mi mujer a la planta de arriba y la dejo en nuestra cama. Su rostro está pálido sus ojos me miran adormilados.

—¡No te duermas Gema, por favor no te duermas! —suplico. La ayudo a quitarse la sudadera y veo la herida en su costado. No es tan profunda, pero temo que le haya afectado a nuestro hijo. No hay tiempo de trasladarla a un hospital solo me queda esperar a que llegue el medico al palacio.

—Omar yo…

—No digas nada cariño, no te esfuerces —ella alza la mano y la posa sobre mi mejilla.

—No dejes que muera nuestro hijo, no quiero perderlo —dice entre jadeos dolorosos y lágrimas.

Niego —eso no pasara cariño, nuestro bebé es fuerte y tú lo eres aún más —respondo asustado de que eso llegase a pasar.

—Omar… yo te yo te amo —dice antes de cerrar sus ojos.

—¡No, No habibi VAMOS DESPIERTA MI AMOR, ¡DESPIERTA! —digo tomando sus hombros y moviéndola con fuerza —¡no me dejes! —acuno su rostro pego mi frente con la de ella —moriré si me dejas… pantera mía.