CAPITULO 19
Una boda.
En este preciso momento estoy vestida de blanco con una tiara de dos millones de dólares sobre mi cabeza, con un peinado recatado, elegante, muy acorde al evento de hoy. Me siento como una muñeca, como una plebeya convertida en princesa. Muerdo mi mejilla interna, desde que me coloque el vestido no he dejado de verme en el enorme espejo, no sé qué pensar, incluso mi mente está en blanco, en blanco como el hermoso vestido que llevo puesto.
Debería estar feliz pero no lo estoy, debería sonreír, llorar de felicidad, pero no hay ninguna emoción en mí, mi aspecto es perfecto pero mis sentimientos están revueltos.
—Te ves hermosa querida —no respondo, Amaya me coloca el velo bordado en diamantes que Omar mando hacer en Arabia Saudita, es largo lleno de diamantes y cheroqui. La maquillista no hace menos de media hora recogió sus cosas y se fue, solo falta una hora para que todo el show comience y deje de ser la señorita Gema Moore a ser la señora Abbar.
Un apellido que no pedí tener, pero ahí estaba, lista para caminar hacia Omar.
—Gracias por todo Amaya no hubiera logrado todo esto sin ti —me giro para poder verla de frente, ella lleva un hermoso vestido largo recatado y elegante. Su cabello está cubierto con un velo del mismo color rosa pastel.
—No es nada, todo sea por vuestra felicidad querida —dice cada palabra con una enorme sonrisa —ahora lo único que quiero advertirte es que mi hermano suele comer mucho, su único defecto es su carácter he impulsividad, aunque creo que ya debes haberte dado cuenta de todos esos detalles en el tiempo que llevas viviendo con él.
Asiento —conozco a Omar demasiado bien para mi gusto —respondo amablemente. Amar al hombre es una cosa, pero aceptar con todos sus defectos es algo muy diferente.
Omar es poseedor de muchos defectos, y sobre todo ser un hombre controlador.
—¿De verdad estad bien?, no te vez muy feliz cariño —me encojo de hombros.
—No quiero esto Amaya, nunca estuvo en mis planes esto —ella asiente —pero no tengo opción.
—No dejes que tus miedos opaquen tu felicidad, que esa incomodidad no sea un obstáculo entre vosotros Gema, con el tiempo te acostumbraras a las manías de tu marido incluso te acostumbraras a nuestra forma de vivir —dudo mucho que eso llegue a pasar.
—Comprendo… bueno creo que ya es hora —asiento. Ella me ayuda con la cola del vestido y el velo y ambas salimos de la habitación. Según como estipula la tradición la boda se llevará a cabo en la casa de la familia de Omar, pero el decidió que fuera algo diferente, por lo que se hará la celebración en uno de las instalaciones del hotel más famoso de los Abbar aquí en Dubái.
La madre de Omar junto con las otras mujeres partes de la familia están en una de los salones del hotel donde se celebrará la boda por separado, mientras los hombres se encuentran en otra parte del hotel. Cuando todo esto termine tanto los invitados y los novios tienen que ir al salón principal para la celebración ya después de la boda religiosa. No indague mucho sobre los preparativos de una boda árabe, la mayoría de todo se encargaron Omar y su hermana Amaya.
Una limosina fue lo que nos recogió, al llegar al hotel las mujeres me recibieron y me llevaron a la supuesta habitación donde se celebraría el festejo de las damas. Todo fue un proceso tortuoso, mi ahora suegra se mantenido todo el evento callada, mientras que su familia me felicitaban y llenaban de regalos. Luego de todo el protocolo vino un imán y dijo unas palabras inentendibles para mí, cuando di mi respuesta sí, me dieron terrones de azúcar junto con otros dulces. Todas las mujeres hicieron un raro ruido con sus lenguas para luego hacerme salir de la habitación y caminar hacia otra. Estoy por preguntarle Amaya pero apenas entrar me encuentro con un solo hombre en medio del pequeño salón.
Escucho la puerta cerrarse, no me giro las mujeres se han marchado dejándome sola y alejándose entre risitas nerviosas por los pasillos.
—Te vez preciosa Jawhara —no digo nada, solo me quedo allí paralizada. El acorta la distancia entre nosotros y posa una de sus manos en mi mejilla. Suelto un suspiro, algo muy dentro de mi se llena de un calor abrasador, de un sentimiento dividido —mi hermosa mujer, mía, mi mujer.
—Tuya hasta que te aburras de mí y busques a otra mujer —murmuro sin dejar de mirarlo a los ojos.
—Eso no ocurrirá mi bella esposa —no cuestiono sus palabras, el sigue acariciando mi mejilla hasta que se aleja y busca algo en su chaqueta. De allí saca una pequeña caja de terciopelo rojo abriendo el estuche y mostrándome en hermoso colgante de rubí y oro —quiero que te lo coloques en nuestra noche de bodas, que cuando apenas entre en la recamara me encuentre a mi belleza dorada sentada y desnuda.
Frunzo el ceño —me dirás que es un deber de esposa hacer lo que me órdenes. Quiero que sepas que eso no pasara, aunque me case contigo no me someteré a tu voluntad Omar —digo cada palabra con fastidio.
La sonrisa socarrona que aparece en su rostro enerva mis entrañas —¿de verdad crees que te veo como una mujer sumisa?, si te soy sincero si hubiera querido una mujer sumisa me hubiera casado con una de las tantas chicas de buena cuna que mi madre eligió para mí —vuelve acercarse a mí, me agarra de la mano y la lleva hacia sus labios besando mis nudillos —mi intención no es darte ordenes, solo complacerte cariño mío, solo deseo que seas feliz.
—Sabes muy bien que no soy feliz —murmuro —es que acaso no te das cuenta, no deseaba esto y lo hice porque no me diste opción, que más daba ¿no?, estoy sola siempre lo he estado.
—¿Sola?, no estás sola Gema yo estoy contigo, quiero y deseo estar contigo es que acaso no lo vez —me alejo de él lo suficiente como para que pueda respirar —te alejas de mí, me haces aun lado cuando lo único que he querido es que me ames como yo te amor
—Amor, dices amarme cuando lo único que haces es cortarme las alas, ¡cuando quieres cambiarme!, yo no deseo ser tu madre ni tu hermana ni mucho menos esas chicas que eligieron para ti.
—Enserio vamos a discutir esto ahora, en nuestra boda —no respondo, voy a salir de allí, pero la puerta está cerrada —ellos nos vendrán a buscar así que no te molestes en querer huir de mí.
—Te odio…
—Ambos sabemos que eso no es cierto, me amas por mucho que te lo niegues a ti misma, y si eso fuera el caso del odio al amor solo hay un paso Señora Gema Abbar —me tenso. Su apellido con el mío encaja también que da miedo.
—Ya basta de juegos Omar, basta, terminemos con esto para que al fin pueda dormir tranquila esta noche —el ceño fruncido, sus manos metidas dentro de los bolsillos de su caftán blanco me ponen nerviosa.
—Dudo mucho que duermas hoy cariño —responde con mucha seguridad. Mi cuerpo reacciona y el calor que se instala en mi vientre me enerva aún más.
—No dormiré contigo —respondo un poco dudosa.
—Eso lo veremos —la puerta se abre y de ella entran unos hombres desconocidos para mi, junto a los hermanos de Omar.
—Ya es hora —un Harum fija sus ojos en mí, puedo notar cierto recelo en ellos nunca entendí el por qué le molesta mi presencia cuando es su hermano quien me ha mantenido aquí sin ni siquiera importarle mi opinión al respecto.
—Vamos cariño, todos esperan por nosotros.
Ambos salimos de la habitación, caminamos en silencio por los pasillos hasta llegar al salón de eventos. Los gritos eufóricos de la familia de Omar no se hacen esperar, ellos festejan y gritan, nos felicitan y desean muchas bendiciones, yo me mantengo al margen de todo esto, es mas no me atrevo a abrir la boca en ningún momento del evento.
Cuando todo este show termina las mujeres me llevan a una de las habitaciones de hotel, me ayudan a cambiarme, a tomar un baño caliente perfumado, después Amaya hace más figuras de henna en mis manos, pies, estómago y por último agrega aceites con aroma a rosas.
Ya lista la madre de Omar trae consigo una caja blanca con moño dorado. Ella la deja sobre la cama puedo ver cierto desconcierto y molestia en sus ojos pero no dice nada de lo que piensa—este es mi regalo para ti nuera, espero que esta noche concibas un heredero para nuestra familia, un bebé hermoso y sano, tu deber de ahora en adelante es darle felicidad y prosperidad a mi hijo, tu deber ahora es cumplir y respetar nuestras tradiciones —la mujer abre la caja y de él saca una bata blanca de ceda, es larga llega hasta los tobillos y en el corpiño hay encaje casi transparente —esta noche es importante ya que es el sello de que vuestro matrimonio ha sido consumado.
Ella se aleja y asiente. Y ahí frente a todas las mujeres Amaya me ayuda a quitarme el albornoz y colocarme la bata que mi suegra me ha regalado, y para terminar Amaya saca del estuche rojo el collar de rubí y oro que Omar me mostro en el saloncillo.
—Cuñada, que tus días sean prósperos y fructíferos al lado de mi hermano, que el amor sea la fuerza y lo único que los una en los momentos de guerra, siéntete dueña de tu hogar, porque ahora el hogar de mi hermano es tuyo y todo lo que le pertenece también, bienvenida a la familia —todas las mujeres dicen eso ultimo antes de salir y dejarme sola en la habitación.
Trato de tranquilizarme para que el pánico no se apodere de mí. Espero sentada con los ojos mirando el piso, ya es de noche y la habitación esta adornada con velas, rosas y aromatizantes. En una mesa pequeña hay bocadillos, pero desde que me levante esta mañana no he podido comer nada, mi estomago ha estado un poco revuelto últimamente y me he sentido mareada cada mañana, quizás esté enferma, y puede si Dios quiere me muera pronto, creo que esa sería la única forma de que me libre de esta agonía.
No sé cuánto tiempo pasa, espero allí sentada en la cama hasta que la puerta se abre y Omar entra a la habitación. No se ha cambiado aún permanece con su caftán blanco y turbante —esposa…
—Esposo —murmuro muy bajo quizás no lo haya logrado escucharlo.
El termina de entrar y cierra la puerta tras de él.
—Aunque no estes desnuda he de admitir que te vez sexy, hermosamente pecaminosa jawhara —Omar se acerca a mi sigilosamente como si de un leopardo se tratara, como si yo fuera su presa —y a diferencia de todas las veces que emos intimado hoy será diferente.
—Me follaras, cual es la diferencia.
—Te follare es verdad, pero la diferencia de antes y ahora es que antes no eras mi esposa y ahora lo eres. No solo uniremos nuestros cuerpos también nuestras almas harán todo su máximo trabajo. Besare tu piel, te hare mía, te marcare y sobre todo te hare el amor como la novia que eres, solo cumpliré tus jodidos deseos para después joderte el coño como ya lo he hecho tantas veces —se detiene frente a mí; una de sus manos me toma de la barbilla alzando mi rostro para hacerme mirarle a los ojos —esposa, esta noche suplicaras por más y yo haré lo que me ordenes, te hare feliz como yo tú me harás feliz.
—Lo único que nos une Omar Abbar es la química que tenemos, pero nada más —respondo —seré tu problema y llegaras al punto de haberte arrepentido de elegirme, de posar tus ojos ese día en el centro comercial.
—Yo soy Omar Abbar, príncipe, jeque de los emiratos árabes, tu esposo. Puedo asegurarte que eso no pasara, y yo mismo te hare cambiar de opinión.