CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 17
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CAPITULO 17

Llego a mi departamento, estos días he estado ocupada con todo lo del evento, los ensayos han sido rigurosos, cansones más aun porque pasamos horas caminando de un lado a otro con enormes tacones. He pillado a Ji Armani seguirme todo el tiempo, incluso no deja de alagarme de hacerme sentir importante para no decir que me ha puesto en un panel nombrándome así su favorita. No quiero pensar que hay otros motivos para alagarme, pero de vez en cuando su forma de actuar solo me lleva a la conclusión de que me está vigilando.

Meto la tarjeta y la clave, cuando se abre la puerta me sorprendo al ver las luces encendidas. Frunzo el ceño entro con sigilo, miro a todas partes, pero no veo nada. Suelto un suspiro optando por no darle mucha importancia, pero al ver al fondo, cerca del enorme ventanal me encuentro con la espalda de un hombre, y no es cualquier hombre.

—¿Qué haces aquí? —digo después de unos segundos mirándolo con nerviosismo. Él se gira y posa la mirada en mi —me prometiste darme libertad, ¿Por qué diablos estas aquí? —vuelvo a preguntar.

—De verdad me lo estas preguntando Gema —responde, él camina hacia mi dando pasos sigilosos como que si no le gustara que sus pies sonaran en el piso —creo haberte dicho que tenías tres meses, tres meses para que regresaras a Dubái, para regresaras a mi lado.

El recuerdo de ese día llega a mi mente “tres meses Gema, solo tienes tres meses para jugar a tu antigua vida y volver a mí por tu propio pie, si no vienes en un mes yo mismo te buscare y no te gustara lo que hare”

—Es verdad, pero aún no han pasado tres meses —respondo con calma, me quito mi abrigo y los tacones, mis pies se relajan por el frio piso por lo que suspiro de alivio.Dejo la cartera sobre el sofá y me encamino a la cocina por un vaso de agua.

Ver de nuevo a Omar ha removido algo dentro de mí, por mucho que he intentado olvidarlo no he podido, y aun sigo llevando su recuerdo en mi mente, incluso por las noches me siento vacía, enojada por querer su toque, por desear sus abrazos por las noches, sus besos, sentir la calidez de su cuerpo envolviéndome.

Hasta que lo recuerdo, recuerdo aquella noche en medio de la borrachera Albert me beso, justo en el mismo lugar donde está ahora Omar parado. Es entonces cuando lo comprendo todo, es el por qué Omar está aquí, parado frente a mi sala, vestido con un traje de tres piezas y su habitual turbante blanco.

—Muy cierto, pero por casualidad no tienes algo que decirme Gema.

—No te debo nada Omar —me sirvo un vaso de agua y me lo bebo de golpe. Pienso en algo para mentir, pero no me llega nada por lo que decido callar.

—No me debes nada —murmura en voz baja. Lo veo caminar hacia mí y pararse al frente de mis ojos —no me debes nada Gema, ¿de verdad me estás diciendo eso? —relamo mis labios y sigo mirándolo un poco temerosa.

—Que quieres que te diga…

—¡Quiero que me explique por qué te besaste con ese chico!, ¿acaso te gusta, dímelo está enamorada de él? —no respondo, el me mira con sus ojos oscuros por el enojo y posa sus manos sobre la encimera que nos separa —de verdad te piensas quedar calladla Jawhara.

—No te debo nada Omar Abbar, por lo que no responderé a esa pregunta —digo haciendo caso omiso, por un momento quise decirle la verdad, por otro recuerdo lo que escuche aquel día en que caminaba por el pasillo de la empresa de Ji Armani. He estado buscando la manera de huir de él, pero me tiene vigilada las veinticuatro siete del día y es imposible escapar sin que sus hombres sepan donde localizarme.

—¡NO PUEDO CREERLO!, dime Gema que más quieres de mí, te he dado todo, puse a tu nombre este departamento, te he dado la libertad que según tú no tenías en Dubái, te he dado una vida digna de una reina con todos los lujos incluidos y tú me pagas con esto, respondiéndome con que no me debes nada.

La rabia se apodera de mí de un momento a otro, y simplemente me acerco a él, lo enfrento como he querido hacerlo —¡Libertad, llamas a esto libertad cuando lo único que me has dado es una correa muy larga para después tirar de ella como maldito hijo de puta obsesivo he impulsivo! —el levanta una mano, por un momento pienso que me golpeara, pero me le enfrento más —atrévete a golpearme y juro por Dios que te cortare la mano.

El alza el rostro y con esa misma mano me toma del cuello, trato de mantener la calma —no te atreverías a cortar la mano que te daría placer Jawhara —me tenso —y yo sería incapaz de hacer daño, eres la gema más preciada que poseo.

—Tu no me posees Omar, no me posees —trato de quitar su mano de mi cuello, pero la mantiene allí, apretando poco mi cuello, demostrando su dominio sobre mí.

—Si te poseo, eres mía y porque lo eres vendrás conmigo de vuelta —dice soltándome y caminando hacia el sofá para sentarse en él. El enojo me carcome por verlo allí a pesar de que mi corazón retumbe de emoción. Camino de nuevo a la cocina, lleno un vaso de agua para después echársela en la cara. Él se sorprende y enojo reluce en su mirada.

—¡Eres un Idiota! —me encamino hacia mi habitación dando grandes zancadas, pero no llego a cerrar la puerta cuando ya lo tengo encima cargándome en su hombro, tumbándome sobre la cama, aprisionando mi cuerpo con él suyo.

Su camisa esta mojada, no carga su turbante dejándome a la vista sus risos oscuros.

—Tienes razón… soy un idiota por amarte tanto cuando no debería —su boca aprisiona mis labios, me remuevo entre sus brazos, pero no sirve de nada y sin poder seguir controlando mi cuerpo me dejo llevar por el anhelo y fervor que he estado sintiendo desde que me aleje de él.

Omar deja libre mis muñecas, mis manos toman su rostro, hundo mis dedos en la suavidad de su cabello, enredo mi lengua con la suya con tanto ahincó y deseo. Me pierdo, me pierdo en su aroma, en su calor, en su cuerpo, no dejo de besarlo de tocarlo, de sentirme viva cuando él esta.

Puede que este sentimiento sea efecto de los tantos días que estuve bajo su dominio, bajo este cuerpo musculoso, firme, jodidamente dominante. Lo necesitaba más que nunca, deseaba que me poseyera y no me dejara ir jamás.

—Mm por Dios Gema —se separa de mi un momento para desvestirse, y luego me ayuda a mí a desabrochar el vestido. Mi mente no funciona, todo lo hago impulsada por el corazón, por un amor que quise evitar sentir. Cuando estamos completamente desnudos nos volvemos a besar como si no hubiera un mañana, ambos caemos en la cama, abro mis piernas para él, su boca recorre cada gramo de mi cuerpo llevándome así al mismísimo paraíso con sus besos.

—Tómame Omar, Tómame —suplico, él se vuelvo alzar sobre mi tomando entre sus dientes mi labio inferior, follandome con su lengua, posicionando su miembro en mi húmedo coño y enterrándose en mi completamente en una sola envestida —Mmm oh Dios, si, si Omar —grito su nombre una y otra vez mientras embiste mi cuerpo como un animal salvaje.

Mi cuerpo entra en un estado de convulsión, incapaz de soportar las arremetidas y en el momento justo en que voy a caer en el puto abismó él se detiene y me gira poniéndome de rodillas con la cara en la cama los brazos encima de mi cabeza y su mano aprisionando mis muñecas. Mete su polla en mi coño y da pequeños giros dentro de mi dándome esa sensación tan deliciosa, gimo, muerdo mi labio, las sábanas, hago mis manos puños para después correrme. Omar sigue arremetiendo contra mí una vez más hasta que me llena por completo con su semen caliente.

Estoy jadeando, con la respiración entrecortada por la deliciosa acción de hace tan solo unos segundos, pero Omar no me da tregua, termina girándome tomando me di cuello con una sola mano para que la amenaza venga de sus labios.

—¡Eres mía, siempre serás mía y ese hijo de puta morirá si se atreve de nuevo a tocarte! —besa mis labios con rabia hasta soltarme dejándome con las ansias de más —me voy a bañar espero que empieces a recoger tus cosas nos vamos —él se levanta y se adentra al baño, me quedo mirando el techo aun completamente exhausta.

***

Regresamos a Dubai, no me dio chance de siquiera despedirme, pero esta vez no me negué, simplemente tome mis cosas las guarde en una maleta y Sali con él tomada de su mano. Que tenía que perder, no tengo familia, y Omar estaba dispuesto a serlo que más daba, lo tendría todo, incluso comodidad económica.

Era esto o vivir infeliz y luchando constantemente con él, mientras más se aburra de mi más rápido me dejara ir sin necesidad de que luche tanto con él, aunque algo muy dentro de mi sabe que estoy enamorada de Omar Abbar, el impasible príncipe de las sombras.

Huir, estoy cansada de correr y ser atrapada, estoy cansada de estar sola y, sobre todo, aunque haya tenido planes de irme a otro país estoy más que segura que Omar me encontrara y sus guardias me perseguirían hasta el fin del mundo.

Me quedo dormida durante todo el viaje, no he hablado, no he querido comer nada a pesar de la insistencia de Omar, me he mantenido neutra pasiva en mis propios pensamientos.

Pienso en Albert hijo del hermano de mi jefa, hace dos semanas regreso de Boston y desde que me vio no ha parado de perseguirme, he de admitir que su compañía fue de gran distracción por lo que permití que me besara esa noche en busca de olvidar al hombre que está sentado mi lado en el auto.

—Has estado muy callada, no me gusta verte así tan apagada Gema —él va a tocar mi mano, pero la quito, aun sigo molesta, fastidiada por tenerlo cerca a pesar de que mi corazón se sienta fascinado de tenerlo de nuevo a mi lado.

—¿Qué quiere que diga? —respondo secamente, mientras miro las calles de Dubái por la ventana —volveré a ser tu prisionera en tu enorme palacio de mármol.

—No digas eso, sé que nuestro comienzo no fue nada bueno en gran parte por mi culpa, pero creo que eso lo podemos solucionar —dice cada palabra con esperanzas —Gema podemos empezar de nuevo y ser felices, yo lo único que quiero de ti es que estes a mi lado respaldándome, siendo mi mujer en todos los sentidos de la palabra.

—¿Acaso tengo opción? —pregunto.

—La tienes —responde. Toma de mi barbilla me hace mirarle —tienes la opción de negarte, aunque tengo la extraña sensación de que no lo harás.

—¿Por qué crees que no me negare Omar?, si lo único que he estado intentado hacer durante estos meses que nos conocemos es huir de ti.

—Puedo verlo habibi, puedo ver en tus ojos la duda, el anhelo, la satisfacían de tenerme frente a ti —acaricia mi mejilla con sus nudillos —solo déjame entrar en tu corazón jawhara, solo déjame adueñarme de él -voy a responder, pero sus labios toman los míos, besándolos con suma suavidad como si quisiera saborearlos, como si quisiera recordarlos.

Cuando nos separamos un milímetro para tomar aire ambos nos miramos a los ojos —se mi reina habibi, se mi mujer.

—Está bien, acepto serlo —respondo insegura, que más daba no podía seguir huyendo de mi propio destino.

Llegamos a su mansión, el hogar que una vez fue mi presión y ahora se convertirá en mi casa, la jaula dorada va hacer el lugar donde viviré. Suelto un suspiro tenso, me bajo del auto con la ayuda de Omar, el besa mis nudillos con ese brillo característico en sus ojos.

—Bienvenida a casa jamali…