CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 13
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CAPITULO 13

Los días transcurrieron lenta y tortuosamente, me mantenía siempre en el mismo lugar, sentada en uno de los tantos sofás que hay en la habitación, mirando por la ventana, el jardín que de vez en cuanto suelo caminar por las mañanas. Estaba cansada, cansada del encierro, cansada de ver su rostro perfecto que desde que me escape me miran con mucho sigilo como si temiera que escapara de nuevo.

Eso es lo que me ha estado rodeando la cabeza, huir es la única solución para salir de aquí pero cada vez que un día pasa el otro y veo todo a esos guardias cuidando mi alcoba perdía la esperanza. Omar viene a mi recamara cada noche, hay veces que se queda a dormir, me tenso cuando su brazo me rodea la cintura y deja un casto beso sobre mi coronilla, hay veces que trae consigo una infinidad de bolsas llenas de ropas de marcas, maquillajes, cremas, joyas, incluso ramos de rosas blancas, me he visto admirando, sorprendiéndome con cada cosa que trae, pero trato de disimular mi fascinación por el lujo, tratando todo lo posible no caer bajos tentaciones y no olvidarme de mi objetivo.

Y eso es salir de aquí.

Suelto un suspiro ahogado, con las lágrimas a punto de salir de mis cuencas, obstina de sentir este sentimiento opresivo, fastidiada de que me guste demasiado mi captor que a pesar de lo que hice y de lo que ocurrió no me ha obligado hacer nada, ni mucho menos se atrevido a tocarme de manera indebida, cosa que me fastidia ya que quiero que me posea, deseo que lo haga, que me tome y me someta a su voluntad.

“Tengo una grave enfermedad llamada Estocolmo”.

No deseo sentir cosas por él, no deseo fascinarme con su belleza arábica, odio sentir calor cada vez que sus brazos rodean mi cuerpo y me obliga a dormir pegada a él, aunque más que una obligación es una tentación, una tentación que mi cuerpo, mi coño, incluso mi corazón está dispuesto a pecar.

He tratado todo lo posible de no pensar en lo que paso aquella noche, esa donde me tomo con violencia y desato si ira conmigo, esa donde casi logro ser libre. También trato de no recordar las crudas ofensas de su madre, esa mujer no tiene límites, tanto que fue capaz de insultarme, de llamarme casa fortunas y prostituta, tuvo la santa osadía de ofenderme sin importarle que su hijo dejo muy en claro su obsesión por mí.

Pero no me calle, me defendí como pude y ella me cacheteo, me empujo y pateo sin una gota de piedad, esa mujer es una amenaza por lo que prefiero evitarla y mantenerla lo más alejada posible de mí.

Salgo de mi pensamientos cuando escucho la puerta abrirse y de ella entra Salome con un enorme ramo de rosas blancas y junto a ella una de las sirvientas trae la bandeja con el desayuno. Mayormente suelo estar dormida cuando ella entra y ya Omar se ha ido a trabajar pero esta noche no pude conciliar el sueño, incluso sentí como Omar se iba sin hacer el más mínimo ruido, lo último que escuche decirme fue un hasta pronto y beso mi frente como siempre lo hace.

De cierto modo ese simple acto hizo calentar una parte de mi corazón masoquista.

¿Cómo podría gustarme un hombre así, un hombre que fue capaz de tomarte contra mi propia voluntad, traerme a su enorme palacio marroquí y apropiarse de cada parte de mí?

Imbécil, si eso es lo que es, un hombre imbécil neandertal, loco, psicópata, obsesivo, impulsivo, atrevido, osado, malditamente hermoso, cariñoso, detallista, digno hijo de la madre que lo pario, todo un cabro, todo un hijo de puta que se cree inferior por el simple hecho de ser un príncipe de la oscuridad.

Lo odio, lo dio tanto que incluso mi corazón sangra, no puedo sacármelo de mi sistema y él se encarga de que nunca lo olvide, siempre está allí para recordármelo, para marcarme como mejor lo sabe hacer.

A través de sus besos, a través de sus caricias, incluso cuando me abraza y me hace sentir protegida, Omar Abbar quiere que sea dependiente de él y hay veces que creo que lo está logrando. Omar está logrando que dependa de su calor, de su forma de consentirme de hacer sentir amada y eso me está confundiendo, me está llevando a un abismo que no quiero caer.

—Mi señora, le he traído el desayuno —dice con una enorme sonrisa en su rostro. Le he dicho más de una vez que me llame por mi nombre, pero insiste en llamarme señora o señorita en presencia de todos, incluso creo que la razón por la que es tan formal conmigo es por Omar, él debe haberle dicho algo u ordenado algo para que me hable con tanto respeto y rigidez.

—Bien, quiero estar sola —respondo sin mucho interés, Amaya viene casi todos los días para hacer de mi día no tan aburrido dentro de esta urna de cristal, pero aún sigo esquiva cada vez que saca en conversa mi relación con Omar.

Ella no responde, incluso se acerca a mí y me entrega el rapo de rosas blancas —el señor las ha hecho traer para usted, y me ha dicho que espera que acepte su invitación a cenar esta noche con él en algún restaurant de la ciudad.

—Dile a Omar que no quiero, que mejor invite a otra persona —dejo el ramo en uno de las mesitas que hay cerca de la ventana.

—Mi señora…

—¡YA BASTA SALOME, BASTA!, deja de decirme señora porque no soy tu señora —grito obstinada de su manera de tratarme, estoy cansada, cansada de estar aquí y fingir que nada pasa cuando me pasa todo, estoy hastiada de sentirme presa, amarrada sin opción alguna de ser libre, solo quiero de vuelta mi libertad, mi vida, mi trabajo, solo quiero ser yo misma sin tener que adaptarme a las exigencias de nadie, no quiero ser dependiente de ninguna persona ni siquiera de él.

—Gema, con este comportamiento no lograras nada, lo único que tiene que hacer es rendirte, rendirte y dejar que el destino se encargue de tu vida, todo en esta tierra está escrito y tú ya tienes tu vida escrita en estas tierras, junto al señor Omar.

La miro con furia y me acorto la distancia entre nosotras —¡NO, no lo aceptare jamás!, lo único que tendrá de mi es odio, un odio que nos quemara a ambos.

—Entonces… convertirás esta mansión en cenizas —responde bajando el rostro y marchándose, pero antes de salir dice en esa misma voz baja —tienes que estar lista antes de las nueve, el espera que vistas de gala y uses maquillaje —ella sale sin decir nada más ni dedicarme una última mirada.

***

OMAR.

—Hermano, creo que la mejor opción es que dejes tu orgullo aun lado, es nuestra madre ella siempre querrá lo mejor para nosotros, no es su culpa ella solo actuó en base a sus impulsos la conoces bien no le haría daño ni a una mosca.

—No la victimices, desde un principio se ha estado metiendo en mi relación con Gema, ella ahora me odia, es la causante de que mi mujer valla en contra mía por el simple hecho de no querer entrar en nuestras costumbres.

—Desde un principio sabias que esto iba a pasar, Omar esa chica no es adecuada para ser tu esposa es una mujer problemática y la hace una bomba de tiempo para ti gracias a tu forma tan sutil de enamorarla, o mejor dicho de raptarla y arrebatarle sin permiso alguno su antigua vida.

Me bebo el licor de un solo trago y fijo mis ojos en los de Harum, este tiene su ceño fruncido, su cuerpo esta rígido, sus músculos se tensan haciendo que su Abaya blanca se apriete —ella se acostumbrara, me asegurare de eso.

—¿Le has dicho lo del bebé? —pregunta a sabiendas que esa es otra cosa que haría desfallecer a mi hawara.

—No le he dicho nada —respondo un poco incómodo. Aun no supero que Gema haya estado embarazada, no supero que lo haya perdido de manera inesperada, de que ni siquiera me dio tiempo de evitar que sufriera, no lo pude proteger ni mucho menos pude disfrutar de su existencia, quizás ese hubiera sido lo único que me hubiera ayudado a retener a Gema Moore. —Aunque creo que lo sospecha.

—¿Cómo que lo sospecha, acaso te ha dicho algo? —niego.

—Solo tiene la extraña intuición de que algo ha pasado, pero no he querido responder a sus dudas.

—Deberías hacerlo Omar, si en verdad la quieres y deseas que ella vuelva a ti tienes que ser sincero con ella, demostrarle tus sentimientos y liberarla porque eso es lo que la está alejando poco a poco de ti.

—No puedo dejarla ir —moriría si ella no está a mi lado.

—Pero debes hacerlo, libérala y veraz que ella regresara a ti —responde con seguridad.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de que regresara a mí?, ella no me quiere, y si ha estado conmigo es porque no tiene más opción.

—Puede ser, pero he notado la química que hay entre ustedes, he notado como sus ojos brillan cada vez que te ve, aunque no me agrade del todo puedo asegurarte que esa mujer siente algo por ti por mucho que lo niegue y se haga la difícil, tú le gustas y mucho tanto que podría decir que te ve como su única opción ya que sois la única persona que la quiere.

—No me quiero arriesgar a perderla Harum, no la liberare por mucho que ella desee volver a su vida.

—Tú mismo la llevaras a la muerte Omar, espero que cuando eso pase no sea demasiado tarde —el sale de mi despacho sin decir nada más dejando solo y con esa idea en la cabeza.

Liberarla, liberar a mi belleza rubia, a mi pantera de ojos preciosos, eso es un sacrilegio, un sacrificio que no quiero hacer, aunque sería una última opción. Abro uno de los cajones de mi escritorio y tomo la pequeña caja de terciopelo azul rey, del saco una bella pieza de oro blanco y un diamante camaleón que cambia de color con la luz.

Lo mande hacer para ella, mi joyero lo hizo a mi gusto y fui muy exigente cuando lo encargue, solo espero que lo acepte, aunque tenga una extraña sensación de que no lo hará, de que se negara aceptar mi propuesta, de que no verá con buenos ojos el anillo que con tanto amor diseñe para ella. Pero no pienso perder las esperanzas, luchare por mi amor, no descansare hasta que su corazón ya no haya espacio para nadie más que yo. Seré el único, dependerá de mi amor como yo dependo del tuyo.

Gema Moore será llamada señora Abbar, primera y única esposa de Omar Abbar.

Después de estar horas trabajando en el casino, regreso a casa con un ramo de crisantemos ya que es un día diferente, es especial y deseo regalarle algo distinto que sea de su agrado. Al entrar Salome me recibe, ella es la que se ha estado encargando de los berrinches de Gema y es a la única que le tiene la suficiente confianza como para hablar libremente y decirle lo que piensa sin guardárselo.

—¿Cómo esta ella? —pregunto ansioso por saber que hizo en el día.

—Hoy no salió al jardín, se mantuvo encerrada en su cuarto no quiso desayunar y apenas probo bocado del almuerzo, la ayude a bañarse y si le soy sincera está más delgada que antes —eso ya me había dado cuenta pero preferí no decir nada por obvias razones, no desear obligarla a hacer algo que no quiera.

—¿Qué te dijo sobre la cena? —vuelvo a preguntar quitándome la chaqueta y los zapatos en la entrada de la casa.

—Se negó, dijo que le digiera que buscara otra compañía para esta noche —responde en voz baja y su ceño fruncido. Me imagine que diría eso por lo que no espero, camino hacia las escaleras y subo cada escalón en dos en dos. Cuando llego a su recamara no me molesto en tocar, al entrar la encuentro sentada en uno de los sofás con un libro entre sus manos y su cuerpo enfundado con una de sus tantas batas color champan que utiliza para dormir.

—Has llegado —dice sin completo interés, ella ni siquiera me mira solo sigue mirando el libro como si mi presencia solo fuera una mota de polvo en la habitación.

—Tienes veinte minutos para bañarte y arreglarte Gema —respondo con voz autoritaria, no me gusta utilizar mi autoridad con ella, pero es necesario.

—Ý si no me da la gana —responde dejando el libro aun lado y levantándose, dirigiéndose hacia la cama.

Suelto un suspiro pesado, trato de calmar a mi animal interior y bajo un poco la voz —por favor cena conmigo, te estaré esperando abajo si no aparecer juro que vendré y te sacare de esta mansión en volandas sin importarme nada ni siquiera tus quejas Gema.

No espero a que me responda, me doy media vuelta y me marcho, mientras bajo las escaleras miro mi reloj, solo veinte minutos, si ella no sale no me importara utilizar mi fuerza bruta para sacarla, ella sabe que cumpliré lo prometido y solo espero que esta vez deje su rebeldía aun lado y me de la oportunidad de conquistarla esta noche.

Solo tengo una sola oportunidad y no pienso desperdiciarla.