CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 11
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CAPITULO 11

OMAR.

Me acerco con cautela hacia la cama y me siento en la orilla de ella. Mi belleza rubia tiene sus bonitos ojos cerrados, su piel pecosa está más pálida de lo habitual, tiene la frente perlada de sudor y su cuerpo desprende mucho calor. Esto es mi culpa, lo que paso es mi culpa, no sé cómo podré vivir con esto después de lo ocurrido, no sé cómo mirare sus ojos sabiendo que la perdida de aquella criatura es mi maldita culpa.

Aunque yo no lo sabía, si hubiera sabido que estaba embarazada no hubiera sido tan brusco con ella al tomarla en el carro, y lo peor de todo, si Gema se entera de esto me odiara mucho más de lo que ya me odia. Ella sabe que es mi debilidad, sabe que si ella se marcha y yo una vez más llego a atraparla no le hare nada. Pero como le haría algo a la mujer que en cuestión de segundos se robó una parte vulnerable de mí, ella es la única mujer que ha sido capaz de desestabilizarme de tal manera que soy capaz de destruir por ella.

No soy un hombre bueno, pero por Gema incluso soy capaz de ser el puto príncipe de ensueño que ella necesita. Las mujeres aman a los príncipes, yo vengo de un reino oscuro y a su vez que vive bajo el ojo público, soy el príncipe de la noche, el hades como suelen decirme aquellos que conocen mis juegos turbios.

Tocan la puerta y esta se abre, de ella desciende dos sirvientas con un cuenco y paños limpios —señor, hemos venido a limpiar a la señorita —no digo nada, solo me levanto y dejo que la limpien, pero no quito mis ojos de ella en ningún momento. No puedo quitarle la vista ni un segundo, temiendo que en cualquier segundo no se encuentre allí.

El tiempo transcurre con gran rapidez, ella aun no despierta solo murmura cosas incoherentes por la fiebre que tiene. La medica ha venido varias veces a revisarla y le ha dado algunos remedios para limpiar su vientre de cualquier maleza. Madre ha venido a verme, pero no he querido hablar con ella, no pienso levantarme de aquí hasta que mi belleza dorada despierte, incluso si hay un ataque de parte de nuestros enemigos no me importa, lo único que quiero y deseo esta allí acostada luchando contra el dolor y la fiebre que la mantiene inconsciente.

Son las tres de la madrugada cuando decido ver la cámara que instale en la habitación para ver a mi pequeña cuando no estuviera en casa. Después de pensarlo decido verlo, y me sorprendo cuando abro la página de grabación en mi teléfono y veo a mi madre empujar a mi belleza rubia después de verlas discutir a ambas.

El enojo me envuelve, simplemente no pienso, me levanto hecho una furia dispuesta a ir en su busca, pero la voz de mi chica me hace detenerme.

—Omar… —me giro para ver a Gema con sus ojos abiertos mirándome fijamente de forma lastimera. Me acerco a ella sentándome en la orilla de la cama, estiro mi mano para acariciar su bonito rostro pálido, ella me da una sonrisa pequeña pero no lo suficiente grande como para decir que está contenta.

—¿Cómo te sientes Jawhara, te duele algo? —ella niega.

—No me duele, aunque no quiero estar aquí —murmura en voz baja. Me inclino hacia ella y beso su frente —¿Qué me paso?, lo último que recuerdo es a tu madre reclamarme y…

—Calla cariño, ya paso, te sacare de aquí en el primer momento en que tu cuerpo se encuentre en mejor estado, volveremos a nuestra casa —me inclino para besar su frente sudorosa.

—No quiero quedarme aquí, vámonos de este lugar —lo pienso bien y en parte tiene razón, por lo que tomó la decisión impulsivamente.

—Está bien, déjame hacer una llamada y después nos iremos —marco el número del chofer, este responde en el primer tono, le ordenó que prepare todo para nuestra marcha y cuelgo el teléfono —vamos cariño, déjame ayudarte a levantarte —la ayudo a sentarse, ella hace una mueca de dolor, pero aun así se pone de pie —si te duele demasiado déjame cargarte —ella niega.

—Puedo caminar, aun no me has dicho que fue lo que me ha pasado —no respondo, simplemente la tomo en brazos y esquivo una vez más su pregunta —Omar…

—En casa hablamos sobre eso cariño, no te preocupes —ella no dice nada, solo recuesta su cabeza en mi pecho y se deja llevar por mí. En el camino nos encontramos a mi padre y hermanos, ellos al vernos fruncen el ceño.

—¿Pasa algo?, a donde van…

—Regreso a casa, porque aquí por lo visto no es seguro para mi mujer —respondo en mi idioma. Ellos me miran con sorpresa sin entender a lo que quise decir.

—Omar…

—Más tarde vendré a hablar con mi madre padre, por los momentos prefiero que os mantengáis alejados de mi chica —digo decidido, salgo de la mansión y coloco con cuidado a Gema sobre el asiento trasero. Me subo del otro lado del auto y el chofer emprende por el rocoso camino de piedra.

Aun no podía creerlo, es más llevo horas queriendo asimilar lo que acababa de pasar, Gema merecía saber la razón de su colapso, pero temo que se aislé más de mí. Suelto un suspiro pesado, durante todo el camino a mi mansión ella se quedó dormida nuevamente, estaba muy débil, su respiración casi no se siente y eso me tiene un poco nervioso.

Al llegar tomo a Gema en brazos y la saco de la limusina, Salome al verme abre la puerta para mí, me dirijo directamente a nuestra habitación y la deposito con cuidado sobre la cama.

—Salome prepara una sopa nutritiva para subir las defensas de Gema, contacta con mi médico personal y dile que venga junto a una enfermera —la ama de llaves sale a toda prisa a hacer lo que le ordeno y a la media hora entra con el plato de sopa y el doctor detrás de ella.

—Señor Abbar —saluda el médico, el hombre al ver a mi mujer frunce un poco el ceño —¿Qué le ocurrió? —pregunta confundido. Le hago una seña para alejarnos un poco y evitar que ella escuche lo que tengo que decirle.

—Ha sufrido un aborto espontáneo o eso fue lo que el médico de la familia me dijo, pero confió más en ti, por lo que prefiero que la inspecciones y le recetes algo para bajar la fiebre —el asiente y se acerca a ella para hacer su trabajo. Salgo un momento para llamar a Harum, este al segundo repique contesta.

—¿Por qué te has ido de esa manera?, papá le ha reclamado a madre, y ella le ha dicho lo que paso con tu chi…

—¡Ella la empujo!, puse una cámara en mi recamara para mantenerla bajo vigilancia y vi como mi madre le reclamaba y la empujaba, puede que ese haya sido la gota que derramo el vaso y la razón por la que mi hijo nonato no pudo nacer —respondo eufórico, enojado, maldigo internamente —dime Harum, como demonios puedo seguir bajo el mismo techo de ella cuando por su culpa mi hijo perdió la oportunidad de vivir.

—Omar… Omar sé que estás enojado y encuentro la razón, pero ya conoces a madres y nosotros somos hombres no debemos meternos en asuntos de mujeres. Además, si madre hubiera sabido que ella estaba en cinta no se hubiese atrevido a empu… —cuelgo la llamada, no estoy para oír como defienden a la mujer que se dispuso a darle guerra a la mujer que elegí como esposa por el simple hecho de no ser de su agrado, de no ser la chica que ella había elegido para mi desde un principio.

Estoy decepcionado, pero no perderé a la mujer que quiero para mí y que es más que un simple capricho por el simple hecho que a mi progenitora no le agrade.

El doctor sale y me da una hoja de papel —estas son las medicinas que tiene que darle cada ocho horas, ella aún se encuentra dormida y lo más seguro que esta pérdida puede darle algunos cambios emocionales.

—Ella no sabe que estaba embarazada y que perdió al bebé, prefiero que lo mantengamos en secreto —el doctor asiente.

—De todos modos, hay posibilidades de que caiga en depresión, este tipo de situaciones suelen hacer cambiar el humor en las mujeres y es razonable, lo único bueno es que no lo sabe por lo que el afecto no se involucrara. Bueno, solo tiene que darle eso nada más, cualquier cosa llámeme y vendré, la enfermera se encargara de ella, no se preocupe la señorita mejorara.

—Que así Alá lo quiera —se despide con un apretón de mano. Regreso de nuevo a la habitación, Salome junto a la enfermera al verme salen de la habitación dejándome solo con mi chica, ella aun duerme, pero tengo que despertarla para que coma algo, necesita recuperar fuerzas.

Acaricio su bonito rostro, murmuro dulces palabras en su oído, incluso llamo su nombre como un canto de sirena, pero aún no despierta —habibi mi cielo despierta… habibi —me acerco a sus labios pálidos y tomo uno de ellos con mis dientes.

—Mmm…

—Sois una chica picara —digo entre risita —despierta mi amor tienes que comer —ella suelta un suspiro suave y abre sus bonitos ojos con pereza. Parpadea varias veces antes de incorporarse y sentarse en la cama con cara adormilada.

—No quiero —murmura en voz baja.

—Claro que, si quieres, tienes que comer para que recuperes fuerzas y vuelvas a enfrentarme como siempre lo haces —ella coloca los ojos en blanco y se rinde. Tomo la cuchara para tomar un poco de aquella sopa humeante y se la ofrezco. Ella toma cada sorbo con mucho cuidado sin dejar de mirarme de una manera extraña, pero no es incomoda es más me hace sentir una calidez inimaginable que sus bellas esferas se posen en mí.

—Esta bueno… —murmura aun con la voz ronca.

—Salome lo hizo especialmente para ti cariño —respondo con una sonrisa ladeada. Ella no dice nada, pero sigue comiendo, cuando se lo acaba por completo se vuelve acostar de lado.

—¿Dime, que me ha pasado? —pregunta sin quitar sus ojos de mí. Por un momento tengo miedo, pero trato de que lo que diga sea lo suficiente convincente para engañarla. Suelto un suspiro, estiro mi mano para tomar uno de sus mechones y llevarlo a mi nariz aspirando su rico aroma a rosas silvestres.

—Te desmallaste, el doctor dijo que el aire frio te hizo daño por lo cual te has resfriado, has tenido fiebre casi todo un día y…

—¿Por qué me duele? —pregunta con su ceño fruncido y posando su mano sobre la parte baja de su estómago. Me pongo nervioso por unos segundos, pero reacciono y coloco mi mano sobre la suya.

—Te ha llegado la menstruación, quizás seas por eso que te duele —respondo sin dudar. Ella se sonroja, incluso trata de esconder su rostro con su larga cabellera rubia. Por un momento quise decirle la verdad, quería que supiera que íbamos hacer padres, pero… no podía, no quería que se sintiera culpable, suficiente tengo con que lleve la carga de guardar ese secreto entre nosotros y peor aún tampoco deseaba que la enemistad entre ella y mi madre se ampliara —deberías dormir cariño, ha sido unas horas muy agotadoras.

—¿Me castigaras? —pregunta de repente, me tenso y la miro con sorpresa. “Castigarla”, como podría castigar a la mujer que por solo un par de días se había convertido en la madre de mi hijo no nacido. Jamás, incluso si esto no hubiera pasado no podría tocarle ni dañar ni siquiera un riso de sus dorados cabellos.

Es mi vida, mi luz en este mundo oscuro y diferente, es lo más bonito que mis ojos han podido conocer a pesar de que vivo rodeado de mujeres, lujos una vida complicada dentro de nuestras propias reglas y costumbres, Gema llego a mi vida en un momento inesperado. Ella es cautivadora, audaz, simple, incluso puede llegar a ser humilde y ambiciosa a la vez. Me enfrenta, no me tiene miedo ni mucho menos teme a lo que soy, aunque no sepa aun la magnitud del Imperio de los Abbar.

Tomo su rostro entre mis manos, acunándolo, acercando mi cabeza a la suya, uniendo nuestras frentes —escúchame bien Gema… por mucho que me molestes, me saques de mis casillas, ¡óyeme bien!, eres lo que yo más deseo en este mundo, y cualquiera que te haga daño no vivirá para contarlo.

—Incluso si es tu madre… —eso me dejo un poco estupefacto, pero igual respondí.

—Es mi madre, por lo que no puedo hacerle daño, pero lo que sí podría seria ignorarle eso es peor que la muerte para ella. Tu eres mi gema más preciada en este desierto, mientras estés a mi lado ten en cuenta que estarás más que protegida por mí. Mi hermosa reina dorada, desde ahora ese será tu título, no lo olvides nunca habibi, este hombre que está aquí contigo sería incapaz de dañarte un solo riso tuyo.

Ella sonríe lastimosamente —mientes, me has lastimado ya —murmura dejando derramar una lagrima. Eso me rompe el corazón en mil pedacitos, y en parte tiene razón, pero ya he aprendido mi lección y lo que paso no se volverá a repetir, ni en esta vida ni mucho menos en la siguiente.

—Lo sé, me salí de control, pero no te hice daño, o por lo menos no te golpee a diferencia de muchos hombres que se atreverían a estampar su puño contra una mujer, haciendo creer que son quienes mandan cuando es muy diferente. Perdóname Gema, sé que tome tu cuerpo en un momento de ira, me deje llevar por mi furia, solo quería demostrar lo loco que estaba, lo asustado que me encontraba al no saber dónde estabas.

—No hablemos más de eso, es mas no quiero recordarlo solo deseo dormir y estar sola —responde ella segundos después volteándose y dándome la espalda. Se está alejando, presiento que esto cambiara muchas cosas en nosotros.

A la final termino saliendo de la habitación después de depositar un beso en su coronilla, apago la luz y cierro la puerta tras de mí. Maldigo mentalmente, mis manos se hacen puño y sin pensarlo dos besos golpeo con fuerza la pared.

—No me dejaras, no permitiré que te alejes mi Gema Moore, te casaras conmigo y formaremos una hermosa familia juntos. Te enamoras de mí, serás mía en cuerpo, en mente y en alma, mi amada pantera dorada.