CAER ENTRE LAS SABANAS DE OMAR ABBAR CAPITULO 8
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CAPITULO 8

OMAR…

Entramos al despacho de mi padre, había pasado bastante tiempo desde la última vez que, entre aquí, desde que tomé el mando del negocio decidí aislarme de mi familia una de las tantas razones por seguridad y la otra porque no deseaba que se entrometieran en mi vida ni en mis decisiones. Soy un hombre proactivo, me encanta tener en mis manos el poder y desde muy pequeño he sabido que el imperio de los Abbar seria mío en algún momento.

Fui criado de manera tradicional dentro del islam, siendo el primogénito el deber lo llevo en los hombros por lo que soy el sustento y la fortaleza de mi familia. Lo primero que ven mis ojos al entrar en el despacho de mi padre es a mi madre sentada frente a mi progenitor, ambos se miraban como si estuvieran discutiendo algo muy importante, y verla a ella aquí solo había un solo motivo.

Yo…

—Padres —no me siento, pero mis hermanos si toman sus puestos frente al escritorio.

—Bien, ya que están todos aquí y antes de discutir cosas del trabajo quiero dejar en claro algo Omar —él hace una breve pausa, mira a mi madre nuevamente antes de volver a fijar sus ojos en mi —eres el jefe y señor de nuestro imperio de sangre, no pienso cuestionar tus decisiones y espero que no estés equivocado con lo que acabas de decidir. Siempre nos hemos regido acorde a nuestras leyes, tradiciones, y por supuesto nos hemos dedicado a guardar la imagen ante el público. Te conozco bien y sé que no cambiaras de opinión por lo que hemos llegado al punto de aceptar tu compromiso con esa mujer extranjera.

—Habíamos llegado a un acuerdo con la familia de Rani antes de que naciera, tu compromiso con ella ha sido planificada por años Omar, y por un momento creí que…

—Madre, siempre he sido muy claro respecto a eso, no quiero a Rani como mujer, no la veo como esposa ni mucho menos como una amante, creo que te lo he recalcado muchas veces y prefiero que esta vez la mantengas fuera de mi relación con Gema.

—Deja que tu madre termine de hablar Omar —mi padre se pone de pie y camina hacia el área de licores. No solemos beber, pero de vez en cuando lo hacemos de todos modos ya hemos cometido muchos pecados.

—Como decía hijo mío creí que podrías llegar quererla de una manera u otra y la convivencia entre ambos hubiese ayudado mucho en su relación.

—No me casare con ella —digo seriamente, no sé cuántas veces tengo que decírselo para que lo entienda.

—Lo se hijo ya lo tengo claro, si no porque hubieras traído a esa mujer aquí a nuestra casa para presentárnosla. Está bien aceptare este compromiso pero con la condición de que traigas un heredero a nuestra familia.

—Madre no hay problema con eso, pienso tener muchos hijos con mi futura esposa incluso quizás en este momento ya venga uno en camino —digo sin vergüenza alguna. Mis padres me miraron un tanto incomodos pero no dijeron nada por unos segundos.

—Y otra cosa… pero creo que eso ya va de parte de la muchacha —madre se levanta y se para frente a mí —pienso educarla y adentrarla a nuestro mundo, quiero que sea una digna esposa para ti Omar, no te preocupes la tratare como si fuese una hija, ella vivirá en nuestra familia por lo que tendrá que cambiar muchas cosas de su vida occidental.

—Madre creo que eso va hacer un poco difícil además la quiero tal cual es aún no se adapta bien a nuestras costumbres por lo que espero que les dé tiempo para que se aferre a nuestra forma de vivir.

—Bien, te doy un mes hijo, solo un mes para que le enseñes cuál es su lugar y que es lo que se espera de ella —dice antes de salir y cerrar la puerta. Mis manos se hacen puños pero no replico nada, conocía a mi madre por lo que no tenía más de otra que hacer lo que se me pide, aparte de que deseo más que nada en este mundo que Gema y mi progenitora se lleven bien y no sea un martirio para Gema vivir a mi lado.

—¡Siéntate! —ordena mi padre con gran autoridad. Tomo asiento frente a él y cruzo mis piernas. Padre me mira con cierto desdeño como si hubiera hecho algo que él no pudiera tolerar.

—Agradece a tu madre de que me ha convencido de esta absurda decisión tuya, hubiese preferido que tu primera esposa estuviera dentro de nuestra religión pero por supuesto tenías que comportarte como el gran Omar Abbar.

—Padre…—el levanta la mano haciéndome callar.

—Hijo, desde que te has sentado en el trono de nuestro imperio no he cuestionado ninguna de tus decisiones y eso no va a cambiar, tampoco te pienso obligar hacer algo que tú no quieres por lo que no diré nada. Esta chica tuya no sé de dónde ha salido pero espero que tú me cuentes la verdadera historia que hay entre ustedes, espero que no me mientas esta vez.

—Padre yo…

—Mi hermano secuestro a la chica —responde Harum.

—¡Harum! —lo reprendo, pero este no se queda callado.

—La secuestro y la obliga a estar bajo sus órdenes, ella es una modelo de ji Armani York, una de las industrias más famosas de estados unidos —suelto un suspiro pesado y fulmino con la mirada a mi hermano.

—Has secuestrado a una mujer, ¿de verdad? —Mi padre me mira sorprendido —no era mejor cortejarla, ¿no se?, quizás le hubieras mandado flores o ese tipo de cosas que las mujeres les gusta, ¡por Alá Omar que tienes en esa cabeza tuya como para secuestrar a una mujer!

—Simple padre, la vi y la quise, no quería que se fuera al siguiente día y la secuestre qué más da ¿no? de todos modos ella ha aceptado estar conmigo eso es lo que importa.

—¿Dime que no has usado el chantaje? —No respondo —perfecto sería mejor que esto no lo sepa tu madre, ya te imaginaras el escándalo que haría por esto es mejor evitarlo si en verdad deseas que esa Mujer sea tu esposa —hace énfasis en “Mujer” —bueno saliendo del tema de Omar los he reunido aquí para informar que pronto expandiremos nuestras mercancía a Europa, por los momentos solo invadiremos una parte de España como lo es Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia, nuestro único problema son los rusos pero ya llegaremos a un acuerdo con ellos.

—Nosotros traficamos armas padre, de seguro que estarán más que interesados gracias a su gran fascinación por todo lo que explote —respondo desinteresado en el tema, lo único que hay en mi mente en este momento es Gema, su cremosa piel y aquellos ojos puros como las estrellas del cielo —¡Omar estas prestando atención!

—Mmm —parpadeo varias veces para fijar mis ojos en el hombre que una vez me enseño todo lo que se.

—Tenemos que llegar a un acuerdo con el jefe de la Bratva, por lo menos colocar límites y llegar a un punto medio entre ambos imperios.

—Padre creo que eso está muy bien puedes solucionarlo tú, muy poco me la llevo cerrando negocios con hombres que se creen mejor que satanás, tu encárgate de lo oscuro que yo limpio el desastre —me levanto dispuesto a marcharme pero su voz me detiene.

—Que esa mujer no te sosiegue Omar, no dejes que esa chica te domine y te desvié del camino, no somos hombres buenos pero tampoco somos malos y una simple mujer no nos domina.

—Lo se padre —digo antes de salir y caminar hacia la belleza rubia que me espera en la cama. “Si supiera mi padre que desde el primer momento que la vi ya me tenía comiendo de su mano”. Para nosotros las mujeres son la perfecta joya de nuestra casa, los hombres mandamos, somos quienes dirigimos por lo que no nos damos el lujo de bajar la cabeza o arrodillarnos ante nadie ni siquiera ante la mujer que nos dio la vida. Por primera vez pienso diferente, ella es distinta, ella es la mujer a la que quiero tener y deseo arrodillarme.

Cuando entro a la recamara lo primero que quiere ver mis ojos es a la chica acostada en la cama con su cuerpo desnudo, agotado por el placer pero lo que encuentro es una cama vacía y las puertas de la terraza abierta. Temí, temí por un momento pero quise desgraciadamente quise creer que no era lo que mi mente estaba pensando.

Cerré la puerta tras de mí y camine hacia la terraza y justo allí la encontré, parada, mirando las estrellas del cielo, cubierta con tan solo las sabanas de satín, con su cabellera rubia revoloteando por la brisa y cayendo como cascadas sobre su espalda blanca y aterciopelada, Gema es pura perfección, mi hermosa pantera.

—Gema… —ella salta por el susto pero no se gira solo se mantiene así. Camino hacia ella y rodeo su cuerpo con mis brazos. Hundo mi rostro en el hueco de su cuello y me empalago con su aroma dulce, deliciosamente fresco embriagador —habibi, que haces aquí… la noche está fresca puedes resfriarte.

—Quería ver las estrellas, dicen que en Dubai parecen diamantes —responde sin quitar sus ojos del cielo.

—¿Te gustan los diamantes? —pregunto sin dejar de frotar mi nariz en su cuello, mi miembro va despertando a segundos que me froto contra su espalda.

—Me gustan los Zafiros —responde encogiéndose de hombros. Se gira y enrolla sus brazos alrededor de mis hombros —¿Dónde estabas, creí que había pasado algo malo? —pregunta con su ceño fruncido. Acerco mi rostro al de ella y poseo sus labios con los míos. Necesito tenerla, joderle el coño como un maldito desquiciado, quiero que su cuerpo se arquee en cada enviste que mis caderas den, la deseo tanto.

—Te llenare de Zafiros perlas y todas las joyas que hayan en este mundo Gema, ´ant malakati, eres y seguirás siendo mi reina —alzo su cuerpo y la llevo hasta nuestra cama, acostándola en ella con sumo cuidado empezando a quitar la sabana, besándola, acariciando cada gramo de su cuerpo. No quiero follar, quiero ser más que su amante esta vez, deseo hacerle el amor, cautivarla con mis caricias, sumergirla en el delicioso placer de ser querida bajo mi cuerpo, hacerla suspirar en cada acto de pasión y al fin obtener su corazón.

***

GEMA.

Lo pensé, quise hacerlo, quise escapar tenía la oportunidad de hacerlo pero algo me decía que no era el momento por lo que me quede, no me vestí solo enrolle la sabana alrededor de mi cuerpo y Salí a tomar un poco de aire. No sabía exactamente qué estaba haciendo Omar y la verdad no me importaba como tampoco me importaba las miradas desdeñosas que su querida madre me dio durante toda la cena.

La mayoría de las suegras son un grano en el culo y por supuesto la mía no podía quedar atrás, sonrió y niego, “Mi suegra”, desde cuando me puse título, solo soy una de las tantas concubinas del poderoso Omar Abbar, le odio pero sabe cómo mover esas caderas no hay que negar eso.

Cuando escuche su voz mi piel se erizo, escuchar mi nombre de sus labios es malditamente excitante, hay que admitir que Omar Abbar es excitante, el hombre perfecto aunque no sea el mio o eso quiero hacerme creer yo ¿no?

Sentir sus brazos rodearme, decirme palabras tan jodidamente bonitas calentó una parte de mi pero no quería caer de nuevo bajo el poder de su hipnótica voz, no quería entregarle mi corazón aunque nunca hubiese amado a un hombre en mi vida, no conocía el amor pero ahora conozco el sexo y eso hay que disfrutarlo. Ahora entiendo más que nunca a las mujeres que les encanta la pasión carnal, es entendible, se siente bien, y sin duda alguna con un hombre como Omar es como vivir en el puto cielo.

Era jodidamente bueno, muy bueno en poseer, en amarrar y sacar la perversión de ti, el hombre que me sostiene y me toma como todo un tigre en celo es lo que cualquier mujer desearía inclusive yo aunque me niego a ello.

Pero esta vez fue diferente, esta vez se dedicó a mirarme a los ojos y hacerme sentir en una nube de algodón de azúcar, despertó un cálido sentimiento que jamás creí que sentiría, ¿Qué era lo que estaba pasando conmigo?, ¿Por qué no puedo dejar de mirarlo?, mi cuerpo respondía al suyo, sentía la gloria cada vez que sus labios me besaban con dulzura mientras su miembro penetraba mi sexo.

—Omar… —murmuro su nombre con gesto de ternura, entierro mis uñas en sus hombros y arqueo mi cuerpo para recibirlo aún más profundo.

Necesidad, eso es lo que estoy sintiendo ahora, lo quiero todo, todo de él, lo necesito con anhelo, con un fervor, no quería ser una dependiente, pero Omar me está cambiando de una manera u otra lo estaba haciendo y temía por ello.