CAPITULO 6
OMAR.
La veo caminar por la orilla del mar, vestida de blanco, con su cabello ondeando por la brisa fresca del día, su vientre esta hinchado, sus pies descalzos húmedos y llenos de arena, mi corazón se hincha de felicidad, es la vista más hermosa que ha observado mis ojos, pero todo pasa tan rápido, veo como el cuerpo de mi amada cae al piso, su vestido se mancha de sangre y el mar choca contra su cuerpo inerte en el suelo.
Abro mis ojos, mi corazón late con gran ferocidad, siento como si una parte de mí se hubiese rota por completo. Paso mis manos por mi rostro y me levanto de la cama. Lo primero que busco es a Gema y esta no se encuentra en su lado de la cama, la preocupación de me envuelve y la busco por toda la tienda pero no la encuentro.
—¡GEMA! —Salgo de la tienda preocupado pero esa misma preocupación se marcha cuando la veo parada en una de las dunas que se encuentran a varios metros del Oasis —Gema… —vuelvo a entrar a la tienda y me visto con rapidez para ir por ella. Cuando llego esta de espaldas a mí, me acerco sin hacer ruido y envuelvo su cuerpo entre mis brazos.
Ella gira su rostro y me sonríe, suelto un suspiro al verla sonreír, ella es tan preciosa es como si Alá me hubiese mandado un ángel en vez de una mujer. Beso su mejilla completamente embobado por la preciosidad que tengo entre mis brazos, no sé cómo pueda ser eso posible pero me siento como un adolescente enamorado, un tonto adolescente enamorado.
—Ya es hora de regresar Jawhara, tengo asuntos que atender a parte de que mañana tengo que llevarte a conocer a mi familia —ella me mira sorprendida.
—¿Tu familia? —asiento, por los momentos no quiero decirle la verdadera razón por la que quiero que conozca a mi familia. La giro para poder tenerla frente a frente, ella posa sus manos sobre mi pecho y me mira dubitativa.
—Gema, mis padres y abuelos son personas religiosas, sé que esto será incómodo para ti pero ya tomaste una decisión y si verdaderamente has aceptado tu destino entonces lo único que te pido es que hagas lo que yo te diga y seas obediente, ¿entiendes eso habibi? —ella asiente.
—No soy una mujer que le guste cumplir órdenes Omar y creo que tu muy bien lo sabes —responde queriéndose alejar de mi agarre.
—Se quién eres y como actúas Gema, no llevamos mucho tiempo conociéndonos pero justo en ese momento en que ambos nos entregamos di por hecho que aceptaras todas mis exigencias, y simplemente obedecerás mis órdenes.
—Depende cuales sean —responde deteniéndose a mirarme a los ojos.
—Bueno, tienes que cumplir las reglas bajo el techo de los Abbar, y mientras tenga vida a ti nunca te faltara nada, tendrás una vida llena de lujos, de riquezas y poder mientras solo tienes que hacer lo que yo te ordene sin cuestionar.
—Está bien, pero quiero regresar a estados unidos, tengo amigos y muchas cosas que aclarar, además tu…
—Está bien, puedes ir pero será después del evento que ha preparado mi madre, ahí podremos ir a donde quieras pero yo te acompañare —ella no dice nada, la suelto y ambos regresamos a la tienda, el helicóptero no debe de tardar en llegar por lo que nos disponemos a terminar de arreglarnos.
—Le diré a mi abogado que prepare el contrato, cuando esté listo lo firmaras, a parte de un documento de confidencialidad, no podemos permitirnos errores soy un rostro ante el público y tú también lo serás porque tenemos que cuidarnos las cara o por lo menos mantener el margen de honor que siempre hemos tenido.
—Comprendo… —ella se vuelve a girar para fijar nuevamente sus ojos en el horizonte, el sol ya está por todo lo alto y pronto el calor abrazador nos envolverá en cualquier momento.
***
GEMA.
El cielo esta nublado, parece que va a llover en cualquier momento, no sé cuánto tiempo ha pasado pero ha sido lo suficiente como para que el mal clima me haga sentir melancólica. Recuerdo a mi madre, mi hermosa y dulce madre, esa mujer que siempre estuvo conmigo y me contaba cuentos cada noche, ella me defendía de los monstruos que se escondían en el armario, ella me amaba mucho tanto que era capaz de dar su vida por la mía.
Suelto un suspiro, recordar el pasado es doloroso, pero más doloroso es saber que nunca tuve un padre, uno que me amara de verdad y que a pesar de todo hubiese colocado a su familia antes que el poder. Soy consciente que el mundo es cruel, en realidad las personas son las crueles, vivimos entre gente que tiene el corazón oscuro, en vez de rojo sangre solo tienen petróleo.
Sonrió, maldito sean los hombres, quizás esa sea la razón por la que me negué tantas veces dejar entrar en mi corazón a un hombre.
Ahora esta Omar Abbar, el hombre que me secuestro, que me trajo aquí y ahora me tiene como su capricho. Me ha costado fingir ser todo lo que él quiere, y aunque mi cuerpo responde a sus caricias, a sus besos he incluso hace que mi corazón retumbe en mi pecho mi mente me recuerda que no vale la pena amar, que el amor es una mentira y que caer entre las sabanas de Omar Abbar no puede hacer perder mi juicio ni mucho menos mi razón.
Él no me hará caer, jamás lo hará.
Suena la puerta y esta se abre, de ella desciende Salome con una bandeja en sus manos, ha pasado dos días desde que me entregue a Omar, él me ha estado llenando de regalos y lujos cosas que han aunque me deslumbran no llenan el vacío que siento, la soledad esa que siempre me ha acompañado por tanto tiempo.
—Señora que bueno que este despierta ya, le he traído el desayuno, el señor Omar me ha ordenado que le prepare la maleta, me dijo que le informara que estuviera lista para el medio día, hoy irán al palacio de la familia Abbar.
Suelto un suspiro —lo sé, el me lo dijo anoche —murmuro un poco cansada por la acción que tuvimos. Omar es un hombre exigente y muy apasionado, aunque aún no me acostumbro a que sus ojos azules como un mar tormentoso me vean desnuda.
Muerdo mi labio inferior, me dispongo a desayunar, darme un baño caliente y vestirme con lo primero que veo en el vestidor. Tengo planes, solo espero que el sacrificio valga la pena, estoy dispuesta a todo con tal de salir de aquí. Salgo de la recamara y bajo las escaleras, en el salón principal me encuentro a Harum que está sentado en el sofá tomando té.
Últimamente viene muy seguido y la mayoría de veces lo pillo mirándome cuando cree que yo no me doy cuenta.
—Señorita Moore, que gusto verla de nuevo, ya mi hermano me dijo que lo acompañara a la casa de mis padres.
—SI, espero por el —respondo sentándome en uno de los sofás individuales. Harum fija sus ojos en los míos y en su rostro aparece una sonrisa pícara, su presencia siempre me pone nerviosa es como si no pudiera disimular su interés o curiosidad por mí.
—Sabes… mi hermano me sorprendió mucho cuando me dijo que había secuestrado a una persona, casi me da un paro cardiaco porque es la primera vez que hace algo tan loco como eso —mi ceño se frunce —y por lo veo tú no estás del todo feliz por eso y es comprensible pero puedo asegurarte que nada te pasara y que mi hermano es todo un caballero.
—Tan caballero que me ha secuestrado creo que eso no habla muy bien de él —respondo tajante. Una de las sirvientas trae un té para mí y bebo un sorbo sin quitar la vista de aquellas pupilas color avellanas.
—Bueno que podría decirte dulzura —se recuesta en el sofá y cruza sus brazos sobre su pecho.
—¿Qué quieres decirme con eso? —pregunto confundida aunque me imagino que solo quiere poner en buena estima a su hermano mayor.
—De que la única forma de sobrevivir y hacer de tus días más llevaderos al lado de mi hermano es ser la mujer que quiere que seas. Eres hermosa Gema serias una muy buena primera esposa para mi hermano aparte de que…
—No pienso casarme, no tengo elección siendo la mujer de tu hermano, pero lo único de la cual si tengo opción es en la decisión del matrimonio. Allí si puedo negarme…—respondo segura de mi respuesta.
—Te equivocas, solo hay una solución para que aceptes sin resistirte y es que te enamores de Omar cosa que cualquier mujer que lo conozca haría por el simple hecho de que tiene dinero, poder y sobre todo sin ser demasiado halagador es guapo.
Sonrió con ironía —sabes, ustedes los musulmanes tienen un pensamiento erróneo sobre el amor, a parte estoy secuestrada cualquier signo de sentimientos hacia Omar Abbar se podría llamar Estocolmo, no te confundas yo no pienso sufrir de eso —él se levanta y se acerca a mí, su rostro se ha endurecido y ahora me mira con recelo.
—La que no debería confundirse eres tú, aun no tienes claro quiénes somos y de que seriamos capaces de hacer, conoce tus limites Gema, y acostúmbrate a las exigencias de mi familia, no intentes escapar porque allí si conocerás al verdadero demonio que Omar tiene por dentro.
Me pongo de pie también, poso una mano sobre su pecho y lo miro burlonamente —te aseguro que ya he conocido a ese demonio Harum Abbar, y no sabes lo bien que se siente cuando lleva un alma al infierno —me alejo de el para después salir del salón con el corazón desbocado.
Que interesante situación, Harum Abbar, el segundo al mando y mano derecha de mi captor tiene intereses ocultos y pienso averiguarlo, Él seria de ayuda para salir de aquí.
***
Termino de arreglarme, no hace media hora Salome me trajo un caftán por órdenes de Omar debía ponérmelo para ver a sus padres, ellos son personas tradicionales por lo que no verían bien visto que una mujer vista tan descubierta y despampanante. La túnica o Abaya como suelen decirle aquí es blanco con adornos dorados, junto un mono Aladino y zapatillas bajas de punta con pedrería incrustada, me maquille ligeramente y Salome me ayudo a colocarme el hiyab, cubriendo gran parte de mi cabello rizado que cae por mi espalda como una bonita cascada rubia.
Cuando Omar aparece en mi habitación ya vestido con su típico traje árabe manga larga y blanca, junto a un turbante que cubre su cabello oscuro como la noche. Sus ojos recorrieron mi cuerpo un extraño sentimiento me albergo y sin verlo previsto me vi caminar hacia el rodear sus hombros con mis brazos y plantar mis labios contra los suyo.
—Mmm Gema mía —murmura extasiado por mis besos —mi dulce Gema. —Nuestras lenguas se enroscan entre sí, nos besamos con pasión y un deseo abrasador. Cuando el aire nos falta en los pulmones nos separamos para verlos a los ojos —te vez preciosa belleza dorada —sonríe con afecto, relamo mis labios hinchados y me encojo de hombros.
—Tengo que acostumbrarme —murmuro con la voz un poco ronca por el acto impulsivo.
—Lo harás preciosa, ya es hora de irnos, nos quedaremos una semana en la mansión de mis padres, pero si te sientes incomoda no dudes en decírmelo —asiento. Ambos salimos de la casa y el conductor nos lleva al imperio de los Abbar. Omar me compro una lacto junto a un teléfono, aún no he llenado el móvil, aún no he tenido la oportunidad de llamar a Ji Armani y aclararle mi situación, sé que ella me puede ayudar solo necesito tiempo a que Omar confié lo suficiente en mi como para no actuar de manera impulsiva y llega atraparme.
Muerdo mi labio, siento como una mano se entrelaza con la mía, giro mi rostro y lo miro, él sonríe con cariño haciendo que mi corazón se caliente y suspire inconscientemente.
—Te presentare a mis padres ellos son buenas personas, aunque suelen ser un poco estricto en algunas cosas, sé que le agradaras mucho a mis hermanas estoy seguro que incluso te dirán algunas historias bochornosas de mi niñez y de las suyas. Lo único que te pido Gema y hablo muy enserio nunca les digas que yo te…
—Me secuestraste, entendido no pienso decirlo —respondo secamente, el frunce el ceño y toma mi barbilla entre sus dedos.
—Júralo…
—Lo juro —me suelto de su agarre y me alejo de él.
—Esta demás que te alejes de mi Gema, desde el momento que me entregaste tu cuerpo tu destino fue marcado junto al mío, y espero sensatez de ti y sobre obediencia.
—La obediencia y el respeto son dos cosas muy diferentes, si te ganas mis respetos puedo darte lo último si quieres —él se encoje de hombros y ladea su cabeza hacia un lado.
—Me ganare tu respeto —se inclina hacia mí, haciendo que su aliento choque con el mio —y sobre todo sa’afuz biqalbik —responde seductoramente en su idioma natal. No sé qué me dijo de ultimo, pero eso me prendió como la pólvora, el me da un casto beso antes de alejarse y seguir mirando por la ventana del auto con una sonrisa de insuficiencia.
Suelto un suspiro maldito árabe…