Cada paso me condujo a ti Capítulo 50 - Lo simple
98%

Capítulo 50 - Lo simple

E l golpe en la puerta la sacó del último mail.

—Adelante.

Cuando levantó la vista, él estaba ahí. Apoyado en el marco, mirándola con esa sonrisa tranquila a la que ya se había acostumbrado sin darse cuenta.

Mili parpadeó, sonrió algo sorprendida.

—Hola… no habíamos quedado hoy.

—No. Tuve una reunión a último minuto por aquí y quise venir a verte. —Dio la vuelta al escritorio sin prisa, como si ese espacio también le perteneciera un poco. Se inclinó y la besó. Brevemente. Después se sentó—. No sé si tenías algo organizado… si es así me basta con haberte robado un beso hoy.

Ella lo miró un segundo, con ternura.

—No tenía nada.

—Bien. Te espero a que termines entonces, si no te incomoda.

Ella negó, cerrando el portátil.

—De hecho, ya son las siete. Podemos irnos.

Caminaron sin apuro, tomados de la mano, sin necesidad de llenar el silencio. La ciudad seguía su ritmo alrededor, pero entre ellos había otra velocidad. Más lenta. Más propia.

Cuando se subieron al coche, él giró hacia ella.

—¿A dónde prefieres ir?

Mili sonrió.

—Donde prefieras. Tengo tanta ropa en tu casa como tú en la mía.

Él dejó escapar una risa leve.

—Interesante. Un detalle que podríamos solucionar.

—Vamos a la tuya —añadió ella—. Sabes que a Emily le gusta que le avises si no vamos a cenar. Seguro dejó algo preparado.

—Tienes razón. No quiero que se enoje mañana.

Hablaron de cosas simples durante el trayecto. Un viaje que tenían pendiente, un cambio en la agenda de la semana, una cena a la que probablemente ninguno de los dos quería ir. Nada importante. Y sin embargo, todo lo era.

La cena fue fácil, sin esfuerzo. Después, él se dejó caer en el sofá, medio recostado, apoyando la cabeza en ella como si fuera el lugar más natural del mundo. El cansancio le aflojaba la voz.

—Estaba pensando… quizás en unos meses podríamos vivir en un solo lugar.

No sonó a propuesta. Ni a decisión. Sonó a continuidad. A algo que simplemente tenía sentido.

Mili respondió antes de pensar.

—Sí… claro.

Él sonrió, los ojos ya medio cerrados. Como si esa respuesta bastara.

Y en ese instante no hubo ruido. No hubo ese reflejo interno esperando que algo se rompiera. No hubo miedo. Solo una calma nueva, extraña, pero firme.

Apoyó la cabeza contra la de él y se quedó quieta, escuchando su respiración acompasarse con la suya.

Se quedó. Ahí. Feliz. Plena.

Y sin necesidad de decirlo en voz alta, se sintió por primera vez en mucho tiempo, que era merecedora de esa paz.