5. SADIE
SADIE
Mientras grabábamos un día cualquiera, Freddie llamó a mi puerta. Si con mi madre iba a costar, a él solo tuve que verle al otro lado para lanzarme en sus brazos.
—¿Tan capullo he sido? —me preguntó mientras me recogía, y negué sobre su pecho con las lágrimas recorriendo mis mejillas.
—Solo has estado muy triste.