Blanco fácil (Adam Drake 6) Capítulo 14
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Capítulo 14

Capítulo Catorce

Un dolor pulsante detrás de su oreja izquierda fue la primera sensación al recuperar la conciencia de modo que parecía seguir el ritmo de un bombo que retumbaba en alguna parte. A medida que los golpes del tambor comenzaban a desvanecerse un poco, escuchó un suave golpeteo cerca de su cabeza.

Abrió los ojos y giró la cabeza hacia la izquierda, una enfermera estaba golpeando suavemente una bolsa de suero en el soporte junto a su cama.

—Mantenga la cabeza quieta y no le dolerá tanto.

—Ahora dime —dijo Drake, y con cautela volvió a mirar hacia el techo—, ¿dónde estoy?

—Emergencias del OHSU, una ambulancia te trajo aquí.

—¿Hace cuánto tiempo?

Ella le dio una palmadita en el brazo.

—Veré si puedo encontrar a tu médico, él responderá tus preguntas.

Cerró los ojos cuando la enfermera corrió la cortina alrededor de su cama y se fue. Aparte del dolor en la parte trasera de la cabeza y una migraña tremenda, el resto de su cuerpo parecía estar bien.

La cortina se abrió y un hombre con uniforme quirúrgico azul se acercó a su cama.

—Señor Drake, soy el doctor Sands, ¿Cómo se siente?

—Dolor en la parte de atrás de la cabeza y una jaqueca brutal ¿Cuánto tiempo llevo aquí?

—No mucho, lo mantuvimos sedado mientras hacíamos algunas pruebas. ¿Puede decirme qué ocurrió?

Drake se pasó una mano por la cara y trató de recordar.

—Salí de mi oficina para reunirme con un nuevo cliente y desperté aquí, eso es todo lo que recuerdo.

El doctor asintió.

—Estoy seguro de que lo recordará con el tiempo. Un testigo dice que lo golpearon en la cabeza con una porra policial. Estuvo en algún tipo de altercado con tres hombres frente a un bar de vinos. ¿Eso le ayuda?

—No, no me ayuda, lo siento.

—Bueno, déjeme decirle lo que sabemos, su tomografía muestra que tiene una fractura en el hueso occipital, una fractura lineal causada por el golpe de un objeto contundente como una porra policial.

No tiene una conmoción cerebral, pero eso no me sorprende, no todas las fracturas craneales provocan conmociones.

Lo mantendremos en observación esta noche solo para asegurarnos, la policía quiere tomarle declaración, por supuesto, pero será dado de alta mañana a menos que surja algo más.

¿Hay alguien a quien quiera que llamemos?

—Sí, gracias.

—Dele el número a la enfermera y ella hará la llamada por usted, descanse, señor Drake. Se sentirá mejor por la mañana.

Drake esperó a que regresara la enfermera y le dio el número de Paul Benning.

Recordaba más de lo que le había contado al médico, había salido de su oficina para encontrarse con alguien, y ahora dudaba que esa persona fuera realmente un cliente potencial.

La llegada de la furgoneta y el intento de secuestro frente al bar de vinos habían sido demasiado oportunos, no fue un acto de violencia al azar, quienquiera que estuviera detrás lo había elegido como objetivo por alguna razón que no comprendía.

Pero lo iba a descubrir, recordaba haber visto algo que identificaba a sus atacantes tan claramente como la placa de identificación de su enfermera.

El hombre que sostenía el táser era zurdo, cuando le indicó que subiera a la furgoneta, tenía un tatuaje de tres triángulos entrelazados en el dorso de la mano izquierda.

Era el símbolo de Odín, un guerrero vikingo nórdico, y el tatuaje elegido por Volksfront , la banda de motociclistas supremacistas blancos.

Era la misma pandilla de motociclistas que lo persiguió en la carretera costera cerca de Gold Beach el fin de semana anterior.

Cerró los ojos por lo que pareció un breve minuto, al abrirlos, Paul y Margo Benning estaban de pie al pie de su cama, margo tenía una expresión severa pero preocupada.

—¿Qué pasó?

—Estoy bien, si eso es lo que preguntas.

—Sé que estás bien, hablamos con el médico. ¿Qué pasó?

Drake miró a Paul Benning e hizo una mueca.

—Supongo que no voy a recibir una tarjeta de simpatía de mi secretaria. ¿Has hablado con la policía?

Margo rodeó la cama hasta colocarse a su lado y le sujetó el antebrazo con firmeza.

—Tienes razón, siento que tengas una fractura de cráneo y un dolor de cabeza terrible. El doctor dice que vas a vivir, ahora dime, ¿qué pasó después de que saliste de la oficina?

—Tres hombres intentaron meterme a la fuerza en una furgoneta dejé fuera de combate a dos y luego cometí un error, me distraje un segundo y el tercero me golpeó, después desperté aquí, eso es todo lo que sé, Margo.

—¿Esto pasó antes de que te reunieras con el nuevo cliente que mencionó Margo? —preguntó Benning.

Drake asintió.

—Ocurrió antes de que entrara al bar de vinos, nunca conocí al cliente. No estoy seguro de que fuera un cliente real.

Margo tiró de su brazo.

—Espera un minuto, yo hablé con ese hombre durante veinte minutos. Fue muy específico sobre por qué quería que tú lo representaras, me dio mucha información, también sabía mucho sobre ti y fue muy elogioso, no dijo nada que me hiciera sospechar. ¿Por qué crees que no era un cliente potencial?

Drake elevó el respaldo de la cama y tomó su mano entre las suyas.

—Esto no es culpa tuya, Margo, aguien se tomó muchas molestias para organizar todo esto, sabían exactamente qué decir para llevarme a uno de mis lugares favoritos. Creo que el hombre con el que hablaste no era legítimo porque los hombres que me atacaron sabían adónde iba, me estaban esperando.

Paul Benning empezó a tamborilear con los dedos sobre la cama, junto al pie de Drake.

—Pero ¿por qué tomarse tantas molestias? Si alguien quería hacerte daño, hay maneras más fáciles que intentar secuestrarte a plena luz del día.

—No sé por qué, Paul, pero puede que sepa quién.

Uno de los hombres tenía un tatuaje que reconocí, habla con tus amigos en la Oficina del Sheriff y averigua qué saben sobre miembros de la pandilla Volksfront que vivan aquí en Portland.

No puede ser coincidencia que se sospeche que esa pandilla mató al padre del chico que te pedí que encontraras y que también fueran los motociclistas que nos molestaron en la costa hace dos días.

Margo le dio un toque en el pecho con el dedo.

—Sé lo que estás pensando y no quiero que tú ni Paul vayan tras una pandilla de motociclistas, deja que la policía se encargue, por favor.

Lo haré, pero tengo que saber quién me llevó al hospital.

Cuando lo sepa, con gusto dejaré que las autoridades se encarguen del resto, splo quiero encaminarlos en la dirección correcta.

Él supo, al verla entrecerrar los ojos, que esa conversación no había terminado, ella lo conocía lo suficiente como para saber que no descansaría hasta tener otra oportunidad contra quienes intentaron capturarlo, igual que él sabía que ella no dejaría de intentar disuadirlo.