Capítulo 37
J asmine siguió pasando las imágenes una a una. Le latía la cabeza, pero los analgésicos habían mitigado el dolor hasta convertirlo en una molestia soportable. Tenía cuidado de no tomar demasiados. Necesitaba concentrarse.
Aquella mujer era importante. Podía sentirlo.
—No tienes por qué hacer esto, mamá —Ryan estaba sentado a su lado, bebiendo a sorbos la Coca-Cola que Anna le había traído de la sala de descanso—. Deberías estar descansando.
—Estoy bien, cariño —dijo ella, dándole una palmadita en la rodilla. Era increíble tenerlo a su lado, a salvo. Ryan le había contado todo sobre Pat, cómo había reducido a Amir con sus propias manos tras dispararle en el hombro. Se moría de ganas de darle las gracias en persona.
Averiguar quién era esa mujer era lo mínimo que podía hacer para recompensar al equipo de Pat por todo lo que habían hecho.
Detrás de ella, Anna hablaba con urgencia por el comunicador. La dureza de su tono le provocó a Jasmine un escalofrío de inquietud por la espalda.
Ryan también lo notó. Se dio la vuelta con los ojos entrecerrados.
Algo iba mal.
—Hay una protesta cerca del edificio del Capitolio —decía Anna, con los dedos volando sobre el teclado—. Y un concierto en el National Mall, pero no veo nada más que sea lo bastante grande como para ser un objetivo.
A Jasmine se le revolvió el estómago. —¿Qué está pasando?
Anna exhaló. —No había bombas reales en el estadio. Todo el asunto fue una distracción.
El pulso de Jasmine se aceleró. —¿No... no han encontrado ningún artefacto?
La expresión de Anna se ensombreció. —Oh, los han encontrado. Señuelos. Todos y cada uno de ellos. Detonadores falsos, explosivos falsos.
—Me cago en la leche —masculló Ryan.
Jasmine le lanzó una mirada, pero apenas tenía energías para regañarlo.
—Pero no lo entiendo —dijo ella—. ¿Por qué se suicidaría Adam si solo fabricó bombas falsas?
Los dedos de Anna se tensaron sobre el escritorio. —Tu marido no fabricó bombas falsas. El ataque real está ocurriendo en otro lugar... y es hoy.
Las palabras cayeron como un mazazo.
Otro ataque.
Hoy.
A Jasmine se le cerró la garganta. —¿D-dónde?
—Ahí es donde entras tú —Anna se dio la vuelta, con la urgencia ardiendo en sus ojos—. Piensa, Jasmine. ¿Dijeron algo Amir o su primo? Algún lugar, un evento. ¿Cualquier cosa que pueda decirnos dónde está el objetivo real?
—No lo sé...
—¡Vamos, mamá! ¡Piensa! —la instó Ryan.
Ella apretó los puños. Maldita sea. —No escuché ninguna de sus conversaciones. Estuve encerrada la mayor parte del tiempo.
—¿Mencionaron una protesta? ¿Quizá algún grupo ecologista? —insistió Anna.
—No... creo que no.
—¿Y sobre el concierto?
—¿Qué concierto? —intervino Ryan.
Anna consultó un programa de eventos. —Forma parte del Festival de Verano de la Independencia. El plato fuerte sale a las seis. Una banda de rock joven, Midnight Riot . Sus teloneros son The Outlaws .
— Midnight Riot son geniales —dijo Ryan—. Pero nunca he oído hablar de The Outlaws .
Algo se removió en la memoria de Jasmine. Una conversación en casa de Amir.
Cerró los ojos, intentando recordar el momento.
—Nunca he oído hablar de ellos —había dicho Riad.
Amir se había reído. —No importa. Serán famosos después de esto.
—Oh, Dios mío. Creo que es eso —le contó a Anna lo que habían dicho.
Ella palideció. —¿Cuándo fue esto?
—En casa de Amir, antes de conocer a Patrick. Pero no sé si...
Anna ya estaba tecleando furiosamente, abriendo un plano del National Mall.
Se conectó al comunicador. —Pat, tenemos una nueva pista. El Festival de Verano de la Independencia. Jasmine recuerda a Al-Jabiri y a Riad hablando sobre las bandas.
Ryan no le quitaba el ojo de encima a Anna mientras Jasmine volvía a centrarse en la base de datos de afiliados terroristas.
Entonces, se quedó helada.
Era ella.
Pañuelo oscuro. Ojos delineados con kohl. Una mirada como de acero fundido.
A Jasmine se le dio un vuelco el corazón. Conocía ese rostro.
—¡Anna!
Anna levantó una mano, todavía hablando por el comunicador.
—¡La he encontrado! —gritó Jasmine.
Anna giró sobre sí misma con la mirada clavada en la pantalla. —¿Estás segura?
—Al cien por cien. Reconocería esos ojos en cualquier parte.
El tono de Anna bajó. —Ameera Mousa. Nacida en Estados Unidos de padres iraníes. Su marido cumple condena en ADX Florence por cargos relacionados con el terrorismo. Está en una lista de vigilancia, pero se considera de bajo riesgo.
Ryan frunció el ceño. —Espera, ¿entonces el gobierno simplemente vigila a gente así?
—A todos los que pueden —dijo Anna—. Hay demasiados para rastrearlos a todos constantemente. Algunos se escapan.
Jasmine apretó la mano de Ryan. No podía dejar de tocarlo; estaba tan contenta de que estuviera vivo. Tenía un rasguño profundo en la mejilla, pero estaba entero. A salvo. Físicamente, al menos.
Ella sabía mejor que nadie que algunas cicatrices eran muy profundas.
Anna se irguió, recuperando su actitud profesional. —Buen trabajo, Jasmine. Le envío esto a Pat ahora mismo. Ve a buscar algo de comer en la sala de descanso.
Ryan se animó; porque los adolescentes son capaces de comer en medio de cualquier crisis.
Jasmine se levantó, pero mientras se dirigía a la puerta, oyó decir a Anna: —Su última dirección conocida es Anacostia. Envío los detalles ahora.
El corazón se le encogió dolorosamente en el pecho. Pat no volvería pronto. Él y los otros operativos estaban en una carrera contra el reloj.
¿Podría ser el festival?
Pensó en los ojos fríos y brillantes de Amir.
Un concierto de rock. Una multitud masiva, joven y occidental.
Sí.
Ahí es exactamente donde golpearía.
Otro Boston.