Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 30
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Capítulo 30

J asmine parecía estar a punto de derrumbarse. Unos ojos enormes y frenéticos se clavaron en los de él, llenos de terror. — ¿Y si se enteran? Oh, Dios mío, Patrick. Lo matarán.

—No se arriesgarán a matarlo hasta que el ataque esté en marcha —dijo Pat con firmeza. Lo que no añadió fue que, después de eso, ya no les serviría para nada.

Ella tragó saliva con dificultad, con la respiración entrecortada por jadeos superficiales. Él quería —necesitaba— estrecharla entre sus brazos, calmarla, borrarle el miedo de sus labios trémulos a base de besos. Pero no podía. No aquí. No delante de todo el mundo.

Blade se acercó. —¿Tienes algo?

Él asintió. —Un mensaje de texto con una prueba de vida.

Jasmine le enseñó el teléfono.

—¿Qué debo hacer? —susurró ella.

Pat señaló con la cabeza el dispositivo que ella tenía en la mano. —Responde. Diles que estás escondida y que prometes no acudir a la policía. Que solo quieres recuperar a tu hijo. Que harás lo que haga falta.

Todo el cuerpo de Jasmine se tensó. —¿Y si quieren hacer un intercambio? Yo por Ryan.

—No. —Su tono no admitía discusión—. Te matarían.

Ella tomó aire con un suspiro estremecedor.

—A menos que —intervino Blade— lo usemos en nuestro beneficio.

Pat apretó la mandíbula. —Usarla como cebo sería arriesgado. Si sospechan que es una trampa, podrían cancelar el ataque. Perderíamos nuestra única oportunidad de acabar con ellos. Y no voy a entregarles a Jasmine. No cuando ya tienen a Ryan.

No necesitaba dar más detalles. Si no tenían intención de soltar al niño, ¿por qué demonios iban a perdonar a su madre?

Blade exhaló bruscamente. —¿Entonces, cómo quieres jugarlo?

—Les escribe un mensaje, interpretando el papel de la madre aterrorizada que está escondida. Si insisten en un intercambio, ella se niega. Dice que solo se presentará cuando liberen a Ryan.

Blade frunció el ceño. —No picarán.

—No van a liberarlo de todos modos —dijo Pat con frialdad.

Jasmine inspiró con fuerza, tensando el cuerpo.

Él se volvió hacia ella, con un tono más suave. —El objetivo aquí es convencerlos de que tienes miedo, que estás sola y lejos de cualquier autoridad policial. Eso es todo lo que necesitamos por ahora. Nos hará ganar tiempo.

Ella asintió levemente. —Está bien. Lo haré ahora mismo.

Observaron mientras ella escribía el mensaje.

Por favor, no le hagáis daño a Ryan. Prometo que no iré a la policía. Solo quiero recuperar a mi hijo. Amir, por favor, no le hagas daño.

Pat asintió.

Jasmine pulsó ENVIAR.

Pat estaba sentado en su escritorio, revisando su portátil, mientras ella ojeaba una revista en el sofá, con los dedos temblorosos al pasar las páginas.

Los minutos pasaban con lentitud desesperante.

—¿Cuándo crees que responderá? —preguntó Jasmine, con la voz tensa por la incertidumbre.

—No sabría decirte —dijo él—. Pero ya hemos empezado a rastrear el número. Si el teléfono sigue activo, es posible que consigamos algo.

Ella suspiró y dejó la revista a un lado.

Pat la estudió. Estaba luchando por no desmoronarse, a pesar de la pesadilla que estaba viviendo. Aquello no hizo sino consolidar el respeto que sentía por ella. —Jasmine, lo estás haciendo muy bien. Sé fuerte.

Ella asintió débilmente. —Lo intentaré.

Cediendo al impulso, él cruzó el despacho en unos pocos pasos y se acercó a ella, tirando suavemente de sus manos para que se pusiera en pie.

—Todo saldrá bien —murmuró. Era el tipo de promesa que no se atrevería a hacer a menos que tuviera la firme intención de cumplirla a toda costa.

Ella entreabrió los labios y se le entrecortó la respiración, pero antes de que pudiera decir una palabra, él le rodeó la nuca con la mano y la besó. No fue algo precipitado ni desesperado, sino una presión lenta y constante de sus labios contra los de ella. Un voto en silencio.

Ella se derritió contra él, rodeándole el cuello con los brazos y amoldando su cuerpo al suyo como si aquel fuera su lugar.

Cuando ella se apartó, él notó el sabor de la sal en sus labios.

Se le encogió el corazón.

—Gracias, Patrick. —Su voz estaba cargada de emoción—. No sé qué haría sin ti.

Joder. Esa mirada en sus ojos —confianza, esperanza, necesidad— lo conmovió hasta lo más profundo.

No solo se estaba apoyando en él. Creía en él. Y, por primera vez en años, sintió que algo cambiaba en su interior.

Algo que no se había permitido sentir en muchísimo tiempo.

—No tendrás que averiguarlo —dijo él con voz ronca. Le acarició la mejilla con la mano, secando con el pulgar la lágrima que se deslizaba por su rostro—. Te lo juro, Jasmine, Ryan va a volver a casa.

Su voz bajó hasta convertirse en un gruñido letal.

—Y en cuanto a Al-Jabiri, de una forma u otra, voy a acabar con ese hijo de perra.

—¿Jefe? —Anna asomó la cabeza en la habitación.

Pat soltó a Jasmine, mientras ella se limpiaba los ojos apresuradamente.

—El número de teléfono es de prepago. No hemos podido sacar nada más. No había registros de llamadas.

Joder.

Había tenido la esperanza de que los condujera a los otros terroristas, pero eso habría sido demasiado fácil. Al-Jabiri sabía lo que se hacía.

—Seguimos intentando localizar la última posición del teléfono.

Él asintió. —Gracias, Anna.

Ella se marchó, cerrando la puerta discretamente tras de sí.

No permaneció cerrada por mucho tiempo. Blade entró con una actualización de la División Antiterrorista del FBI.

—Han encontrado el Toyota Corolla abandonado cerca de la estación de L'Enfant Plaza. Los agentes están revisando las grabaciones de los andenes y de seguridad en busca de cualquier rastro de Ryan o de sus captores.

Pat frunció el ceño. Aquello no tenía sentido. —No se arriesgarían a meterlo en un tren. Hay demasiadas cámaras y está todo demasiado expuesto.

Blade estuvo de acuerdo. —Están escondidos en algún sitio, esperando un nuevo transporte o instrucciones de Al-Jabiri. Él no se arriesgará a llevar a Ryan a su casa. No ahora que sabe que está bajo vigilancia.

Pat se volvió hacia Jasmine. —No te preocupes. De momento está a salvo.

Ella soltó un suspiro tembloroso, apretando las manos sobre el regazo.

—Jefe, tengo novedades de Phoenix —llegó la voz de Anna desde la oficina principal. Pat y Blade, seguidos de Jasmine, se reunieron alrededor de su mesa.

—Ni Al-Jabiri ni Riad han salido de la propiedad en todo el día. Lo mismo ocurre con los hermanos Waheed. Pero no han parado de hablar por teléfono.

—Preparándose para el sábado —masculló Blade—. Aún nos faltan cuatro terroristas por identificar.

Pat se dirigió a Jasmine. —Haz memoria. ¿Estás segura de que Al-Jabiri nunca se reunió con nadie más?

Ella negó con la cabeza. —Nadie vino nunca a la casa. Salían todas las mañanas, pero nunca supe a dónde.

—Columbia Heights —dijo Blade—. Lo rastreamos hasta allí una vez. Se reunió con los hermanos Waheed en el parque, pero con nadie más.

Jasmine frunció el ceño con las cejas juntas.

—En realidad... —Se interrumpió, mordiéndose el labio.

La mirada de Pat se agudizó. —¿Qué?

Ella dudó y luego se sonrojó. —Se me había olvidado por completo. Amir y Riad sí se reunieron con alguien más. En la estación.

—¿Con quién? —exigieron Pat y Blade al unísono.

—Una mujer.

El pulso de Pat se aceleró al sentir la descarga de adrenalina.

—No la había visto nunca. Solo fue una vez, pero... creo que podría recordar su cara.

Pat se volvió hacia Anna. —Abre la base de datos de la lista de vigilancia. Muéstrale a Jasmine todas las sospechosas que tengan vínculos con redes terroristas. Si es alguien importante, es posible que ya la tengamos fichada.

Jasmine asintió con rapidez.

Anna se la llevó mientras Blade exhalaba. —Esa mujer podría ser la clave para identificar a los otros cuatro terroristas.

Pat asintió. —Esperemos que pueda reconocerla.

La expresión de Blade se ensombreció. —Es muy poco probable.

Pat apretó los dientes.

En este momento, una posibilidad remota era lo único que tenían.