Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 25
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Capítulo 25

S titch se quedó mirando a Sloane, con la mandíbula prácticamente por el suelo.

Cuando le había dicho que se comprara un vestido para esa noche, no esperaba que volviera con eso.

El vestido rosa empolvado se ceñía a ella como un pañuelo de seda y resaltaba cada maldita curva. Realzaba el nacimiento de sus pechos, se entallaba en la cintura y luego caía suavemente sobre sus caderas y su precioso trasero, envolviendo sus rodillas en un suave vuelo.

El color era perfecto para su tez pálida y su pelo oscuro. Incluso había encontrado un par de tacones de aguja a juego que hacían que sus piernas parecieran infinitas. No podía dejar de mirarlas.

Las mangas de tres cuartos, fluidas, ocultaban el vendaje de su brazo, y se había secado el pelo con ondas suaves que caían en cascada sobre sus hombros y por su espalda. Por si fuera poco, olía de maravilla.

—¿Doy el pego? —se encogió ante su expresión de asombro—. ¿Es demasiado?

—No —contestó él rápidamente. Joder. Demasiado evidente—. Es perfecto —añadió, y vio cómo las mejillas de ella se teñían de rosa. Si antes había pensado que era sexi, se había quedado muy corto. Estaba exquisita, fuera de toda escala.

Mientras caminaban por el vestíbulo del lujoso Serena Hotel, él no era el único que se fijaba en ella. Los hombres, jóvenes o viejos, daba igual, le lanzaban miradas de aprecio.

Sintiendo una oleada de posesividad, la cogió del brazo. Ella le lanzó una mirada de sorpresa, pero no dijo nada.

Había algo más, también. Se había delineado los ojos, haciendo que destacaran aún más. El rímel oscurecía sus pestañas y, cuando parpadeó hacia él, a Stitch se le dio un vuelco el estómago.

No estaba acostumbrado a eso. Los nervios no solían ser algo que él padeciera.

—Blade nos espera en el bar del sótano —dijo él, señalando con la cabeza una ornamentada escalera que bajaba curvándose desde el vestíbulo.

Blade se había adelantado en un taxi aparte para reconocer el bar y asegurarse de que su objetivo estuviera allí. Nunca entres en una situación sin estar preparado. Mientras se dirigían hacia las escaleras, un botones uniformado se interpuso ante ellos.

—Lo siento, esta zona está reservada para un evento privado.

Stitch sacó su pasaporte estadounidense.

Sloane, que no llevaba identificación encima, se inclinó hacia delante para que el botones se deleitara con su escote. El chico se puso rojo y levantó rápidamente el cordón dorado, dejándoles pasar sin decir una palabra más. Ninguna mujer de la zona se habría atrevido a hacer un movimiento así.

—Muy buena —susurró Stitch mientras bajaban las escaleras de mármol hacia el vestíbulo del sótano, elegantemente iluminado. Varias plantas en macetas flanqueaban las esquinas y la iluminación empotrada le daba al lugar un aire romántico.

—Es lo único que se me ocurrió —le susurró ella de vuelta.

Una vez más, había interpretado la situación a la perfección.

Llegaron a un vestíbulo de mármol con una sola puerta. Stitch la abrió y entraron en otro mundo.

Una larga barra de caoba se extendía a lo largo de un lado, con tres elegantes camareros preparando cócteles detrás de ella.

En la esquina, un pianista en un piano de cola tocaba un jazz suave que apenas se elevaba por encima del murmullo de las conversaciones y los estallidos de risa.

El suelo estaba cubierto con ricas alfombras persas, sofás de cuero y mesas de cóctel ornamentadas.

Una iluminación tenue proyectaba un brillo cálido e íntimo sobre la sala.

—Guau —susurró Sloane, mirando a su alrededor.

El bar estaba lleno, pero nadie les prestó atención. El público iba bien vestido y elegante. El aire estaba cargado del aroma de colonias y perfumes caros.

Blade había enviado un mensaje antes para confirmar que su objetivo estaba allí; ya iba por su segundo gin-tonic.

—Ahí está Vale —Stitch señaló con la cabeza a un hombre pelirrojo sentado solo en el extremo de la barra, tomando su bebida y leyendo un periódico. Unos asientos más allá, Blade estaba repantigado con una cerveza en la mano, escribiendo distraídamente en su móvil.

Stitch miró a Sloane. Estaba preciosa y decidida, haciendo de tripas corazón. Se le encogió el pecho.

—¿Lista? —preguntó en voz baja.

Ella asintió con nerviosismo.

—Todo lo que puedo estarlo.

El plan era sencillo: ella se acercaría y distraería a Vale. Su teléfono estaría en el bolsillo de su chaqueta o en la barra, junto a él. Blade le birlaría el teléfono, descargaría los datos usando el dispositivo y lo devolvería a su sitio antes de que Vale se diera cuenta.

Stitch estaba de reserva por si algo salía mal. El peso de su Glock en el tobillo era un recordatorio tranquilizador. No era un plan infalible y muchas cosas podían fallar, pero valía la pena intentarlo.

—Adelante. Recuerda que te cubro las espaldas —dijo Stitch.

Ella le dedicó una sonrisa de agradecimiento antes de dirigirse hacia su contacto.