Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 27
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Capítulo 27

D ios, era preciosa. Mientras yacía medio encima de ella, protegiéndola de miradas indiscretas y sintiéndola correrse bajo él, una sacudida de algo que no llegaba a comprender se extendió por su interior. Una protección, una calidez mezclada con deseo y ternura. Lo dejó sin aliento.

Era tan vulnerable en aquel momento, tan completamente suya.

La besó suavemente mientras ella regresaba a la Tierra.

Los hombres de negocios se trasladaron al lado opuesto de la terraza, más preocupados por sus asuntos que por dos personas besándose apasionadamente en una hamaca.

Viper cogió el pareo de ella y cubrió su desnudez antes de incorporarse.

Sus mejillas estaban sonrojadas, sus ojos brillantes y el cabello húmedo serpenteaba alrededor de sus hombros; las puntas ya se estaban secando bajo el cálido sol. En serio, jamás en su vida había visto a nadie más hermosa. —¿Se encuentra bien?

Ella sonrió, todavía un poco aturdida. —Más que bien.

Estaba radiante. Él se removió con incomodidad, haciendo fuerza contra el bañador. Haber provocado el orgasmo de ella lo había excitado de nuevo y, si no se enfriaba, iba a estallar.

—Voy a nadar un poco —dijo, levantándose—. En unas pocas zancadas largas, volvió a zambullirse en la piscina.

Menos mal, joder.

El agua ayudó a refrescarlo, pero no tanto como esperaba. Al menos había reducido su erección a niveles aceptables.

Cuando salió, Izzy estaba de pie junto a la hamaca, con el pareo envuelto alrededor del cuerpo como una toalla. Sus ojos ardían con una intensidad profunda que le hizo contener el aliento. En aquel momento, se veía salvaje, lasciva y malditamente sexi.

Ella le cogió la mano. —Subamos a la habitación.

No hablaron mucho en el ascensor, pero ella no le soltó la mano. El corazón de él golpeaba contra las costillas como lo hacía antes de saltar de un helicóptero a una zona de guerra.

Caminaron por el pasillo y él abrió la puerta de su habitación. En cuanto entraron, ella lo atrajo a sus brazos.

—Esto es culpa suya —susurró ella mientras el pareo caía al suelo—. Me ha puesto tan caliente que no sé qué hacer conmigo misma.

Él rió entre dientes, liberando parte de la tensión. —No es la única.

Lo poco que había logrado el agua de la piscina se desvaneció rápidamente cuando ella le besó con fuerza en la boca.

La levantó, provocando que diera un pequeño grito, y la llevó a la cama.

La tumbó, consciente de que ella no le quitaba el ojo de encima, luego se quitó el bañador y se subió encima de ella.

Ella se arrancó el bikini empapado y lo abrazó, desnuda y gloriosa.

Sus largas piernas se enredaron en él como lo habían hecho en la piscina, tal como él lo había imaginado la primera vez que se conocieron.

Aquel pensamiento no deseado que le había pasado por la cabeza durante la primera entrevista. ¿Había sido una premonición?

¿O solo ilusiones?

Sea como fuere, la realidad era muchísimo mejor.

Le sostuvo la cara entre las manos y la besó, reclamando su boca con la suya. No iba a contenerse. Ella lo deseaba y, ¡maldita sea!, él también la deseaba a ella. Con más ganas de las que había deseado a ninguna mujer en toda su vida.

Ella se aferró a él como si le fuera la vida en ello. Él exploró su boca, devorándola hasta que ambos se quedaron jadeando por falta de aire; entonces la pelvis de ella se elevó a su encuentro y él se deslizó en su interior como si fuera la cosa más natural del mundo.

Ella soltó un grito y le mordió el hombro. Él gruñó y agarró puñados de pelo, anclándose con los codos a ambos lados de la cabeza de ella. Ella lo miró fijamente, con los ojos encendidos de hambre, deseo y necesidad.

Dios, esto era una locura.

No había tiempo para pensar, pues su cuerpo reaccionaba ante la hermosa mujer que tenía debajo. Una fuerza primitiva se había apoderado de él y ya no había vuelta atrás. Estaba totalmente perdido.

Empujó en sus profundidades aterciopeladas.

Cristo, aquello era una maravilla. Ella estaba tan preparada para él.

Se hundió en ella, consciente de que estaba muy cerca de perder el control.

—Más rápido —gimió ella.

Mierda, lo estaba perdiendo.

Empezó a embestir con frenesí, con la cabeza latiéndole y todo el cuerpo tenso.

La sentía tan bien, tan estrecha, que no creía que pudiera aguantar mucho más. La presión aumentó hasta que él empezó a gruñir por el esfuerzo.

Entonces, ella se arqueó bajo él, apretó las piernas alrededor de su cintura y su cuerpo se puso rígido. Sintió cómo ella oprimía su miembro hinchado mientras el orgasmo la alcanzaba.

¡Jodeeer!

Él estalló dentro de ella, gruñendo algo incoherente mientras se corría.

Se impulsó hacia delante, hundiéndose en ella todo lo que pudo.

Estallaron fuegos artificiales en su cerebro y cerró los ojos, ahogándose en la liberación.

Espasmos ardientes recorrieron su cuerpo, calientes y potentes, una y otra vez hasta que se estremeció, agotado.

Relajó el agarre sobre ella. Ella seguía aferrada a él como una lapa. Al sentir que él se relajaba, lo soltó y se dejó caer sobre la cama. Su respiración era entrecortada, tenía el pelo revuelto y extendido por toda la almohada. Parecía una diosa caída del cielo.

Él se desplomó, medio encima de ella, con las piernas aún entrelazadas. Apoyó la cabeza en la almohada junto a la suya e intentó controlar su respiración.

Dios. Aquello había sido intenso.

Ninguno de los dos habló durante un largo rato. ¿Cómo se podía expresar con palabras lo que acababa de pasar? Aquello había sido tan explosivo, tan inesperado y tan distinto a cualquier cosa que él hubiera experimentado jamás.

—Viper, yo… —susurró ella. Un débil intento de decir algo.

Él la miró y creyó ver lágrimas, pero ella las ahuyentó parpadeando.

—¿Sí?

Otra larga pausa.

—Nada. —Ella le acarició la cara y luego salió de la cama—. Necesito una ducha. Estoy cubierta de crema solar.

Él se rio. Eso alivió la extraña y sobrenatural tensión que los había envuelto.

Ella le dedicó una sonrisa temblorosa y luego caminó hacia el baño, cerrando la puerta tras de sí.