Capítulo 54 #2
Asiento, incapaz de confiar en mi voz para hablar. El nudo en mi garganta ha sido permanente la última semana y media. La angustia ha sido mi única compañera desde el instante en el que supe que Harry estaba encerrado en una cárcel, acusado de homicidio.
Estoy agotada. Cansada de fingir que puedo manejar la oleada de sensaciones que me ha azotado una y otra vez desde que salí del hospital. Esto es demasiado. Ya no puedo más.
Quiero llorar todo el tiempo. Quiero desmoronarme. Quiero que toda esta pesadilla termine y que, por fin, Harry y yo podamos estar juntos.
A veces se siente como si el destino estuviese empeñado en mantenernos alejados. Como si el universo conspirara en nuestra contra. Eso solo hace que mi miedo a perderlo aumente. Tengo tanto miedo de que sea encerrado en una prisión de alta seguridad por mi culpa…
Me obligo a mirar a Will a los ojos. Una inspiración profunda es inhalada por mis labios, y esbozo una sonrisa tensa.
—Todo en orden —me arranco las palabras de la boca.
Un brazo cálido me rodea los hombros y pego el cuerpo a la calidez que me proporciona el abrazo de Jeremiah. El desasosiego vuelve en ese momento.
Necesito que esto termine pronto. Necesito un respiro, un segundo de paz, un instante de silencio… Necesito algo de normalidad en mis días o voy a volverme loca.
«¿En qué punto mi vida se convirtió en esto? ¿En qué momento todo se redujo a violencia, problemas, llanto y hospitales?».
Ya no quiero esto. No más. No puedo soportarlo.
—Todo va a salir bien, Maya —dice Jeremiah, en un susurro bajo—. Harry va a salir de esta bien librado, ya lo verás —mi vista está clavada en un punto en el suelo. Sé que no voy a poder mirar a Will o a Jeremiah sin caerme a pedazos, así que mantengo la vista fija en el piso—. ¿No es así, Will?
Mis ojos se fijan fugazmente en Will y noto el destello de preocupación que invade sus facciones. Él no está seguro de que las cosas vayan a salir bien para Harry.
—Así será. Harry estará bien —se las arregla para responder—. Todo va a salir muy bien, Maya.
Mi pecho se contrae con la sensación viciosa y enfermiza que provoca el saber que alguien está mintiéndote solo para hacerte sentir bien, pero me obligo a forzar una media sonrisa y asentir con torpeza.
—Estoy cansada —susurro con un hilo de voz. La debilidad en los músculos, es insoportable. Jamás imaginé que estar postrada en una cama durante tres semanas haría de mi cuerpo una masa débil y frágil—. Quiero ir a casa.
—¿Puedes llevarla tú, Jeremiah? —Will habla—. Tengo que pasar con el abogado de Harry y ver qué más podemos hacer mientras se define su situación legal.
—Por supuesto —mi amigo responde de inmediato—. Mantennos al tanto de todo.
—Ten por seguro que lo haré —dice Will y, entonces, da un paso hacia mí.
Sus brazos protectores se envuelven en mis hombros y siento cómo su barbilla descansa en la cima de mi cabeza.
—Quédate tranquila, ¿de acuerdo? —la voz ronca del ahora exnovio de mi amiga, inunda mis oídos. Su aroma fresco me invade las fosas nasales, y cierro los ojos con fuerza al sentir la falta de fuerza en el gesto.
Él no es Harry. Harry me sostiene diferente, y necesito que sea él quien me abrace en este preciso momento.
Me da la impresión de que Will también necesita algo de consuelo, ya que no me deja ir en un largo rato.
Las cosas entre él y Kim no han ido muy bien. Ella le dijo acerca de Mark y terminaron su relación. Él se fue a vivir a casa de sus padres poco después de eso.
Ella, por otro lado, está destrozada también. Está más que arrepentida, pero entiende que Will no quiera estar más a su lado.
Últimamente, han estado conviviendo más de lo que les gustaría debido a mí y a todo el proceso legal de Harry. Mientras Kim está al pendiente de mí, Will está al pendiente de Harry. Ambos han sido un apoyo increíble para nosotros.
Anne, por otro lado, no está enterada de que su hijo está en prisión.
Hasta donde ella sabe, Harry está muy molesto con ella por no haberle dicho antes sobre su enfermedad.
No he tenido el valor de ir a buscarla en el estado en el que me encuentro, pero he hablado con ella por teléfono un par de veces.
Es horrible tener que mentirle cuando en realidad quiero gritarle que su hijo está en la cárcel por mi maldita culpa…
—¿Tiene el resultado? —el susurro urgente de Will me saca de mis cavilaciones, y el corazón me da un vuelco al recordar el motivo de su pregunta.
—Aún no —respondo, en voz baja—. Más tarde vamos a ir por él —me aparto para mirarlo a la cara y digo—: Will, le prometí que no te diría nada. No vayas a…
—Lo sé —asiente—. Lo sé, Maya. Sé que prometiste que no me dirías nada sobre el retraso y eso, pero…
—Por favor, Will —lo interrumpo—. No vayas a hacer una tontería. Espera a que ella te lo diga. Aún no está segura de ello. Esperemos los resultados de los análisis de sangre y, después, buscaré la forma de convencerla de que te lo haga saber.
—Tienes que prometer que vas a decirme si va a tener un hijo mío —la desesperación en su mirada me hiere—. No puede ocultarme algo así, Maya. No tiene ese derecho.
—Prometo que te lo diré si tú prometes tranquilizarte un poco.
Él desvía la mirada y se aparta otro poco.
—Esto es tan difícil…
—Lo sé —digo, en un suspiro cansino—. Pero no nos adelantemos a los hechos. Esperemos los resultados, ¿de acuerdo? Todo estará bien, Will.
—Eso espero —dice, y no me pasa desapercibida la forma en la que aprieta los puños—. De verdad, lo espero...