Capítulo 50 #2
—Debes ir a buscar a tu madre —mi voz sale en medio de un sollozo ronco e inestable—.
Debes decirle que te vas y que no vuelves.
Debes pedirle que te lo diga todo —el pánico se filtra en sus facciones, pero desaparece tan pronto como llega—.
Debes ir ahora. Yo… Yo me encargo de hacer nuestras maletas —me aparto de él—.
Y si después de hablar con ella aún quieres irte, y aún quieres llevarme contigo, aquí estaré.
Estaré lista para marcharnos esta misma noche si es necesario.
Niega con la cabeza, confundido y desorientado.
—¿Qué está…?
—Ve —lo empujo con suavidad hacia el pasillo, y el miedo se arraiga en mis entrañas.
Sé que va a odiarme por no habérselo dicho, pero no puedo permitir que se vaya sin saber la verdad sobre Anne y su enfermedad. No puedo seguir manteniendo esto en la oscuridad. No cuando hay tanta mierda a nuestro alrededor.
Él parece dudar unos segundos, pero asiente y planta sus labios contra los míos antes de alejarse por el pasillo. Una vez que llega a la puerta principal, me echa una mirada significativa.
—No le abras a nadie, por el amor de Dios, Maya —dice.
Niego una vez más.
—Nunca más.
Ríe, con nerviosismo.
—Te amo —dice luego de abrir la puerta.
—También te amo, Harry.
En el instante en el que se marcha, me apresuro hacia el armario donde guarda sus cosas. Las maletas que él había preparado hace unas semanas, cuando planeaba marcharse, siguen medio hechas; así que no es demasiado difícil terminar de llenarlas con sus pertenencias.
Al terminar de empacar las suyas, comienzo con las mías.
Rápida y metódicamente acomodo las prendas en mi valija. No permito que el pánico me inmovilice. Ni siquiera pienso demasiado en qué demonios vamos a hacer una vez que estemos fuera de la ciudad.
Harry puso todo su dinero en una cuenta bancaria a mi nombre para no tener registros sobre sus movimientos cuando estemos lejos; sin embargo, no sé qué va a pasar ahora que Rodríguez sabe acerca de mi existencia.
Sacudo la cabeza. No puedo darme el lujo de ser así de negativa.
Una vez que termino de empacar, me apresuro hacia la sala y tomo el teléfono inalámbrico para hacer una llamada.
—¿Sí? —Kim responde al tercer timbrazo y un nudo se asienta en la boca de mi estómago solo de pensar que no voy a volver a verla nunca más.
—Hola —mi voz suena temblorosa y débil, pero no me importa demasiado.
—¿Maya? —de pronto, suena como una niña pequeña y asustada.
—Kim, solo quiero decirte que lamento mucho todo lo que dije.
Lamento mucho haberme comportado como una idiota muchas veces y por haberte preocupado cuando no debí haberlo hecho.
—El nudo en la garganta es más grande que nada, pero no me detengo—: Lamento haberte fallado y haber sido una pésima amiga la mayor parte del tiempo.
Lamento haberte amenazado con decirle a Will sobre Mark, y lamento muchísimo haber sido una completa perra contigo.
Eres mi mejor amiga, Kim. Así me odies y no quieras verme nunca más, y todo entre nosotras esté perdido, eres mi mejor amiga.
—Maya…
—Lo siento mucho, Kim —las lágrimas apenas me dejan hablar, pero trato de mantenerlas a raya lo más que puedo—. Lo siento muchísimo. Gracias por todo.
Entonces, finalizo la llamada.
Mis manos tiemblan sobremanera, pero eso no impide que tome mi teléfono celular y teclee un texto para Jeremiah.
No le digo absolutamente nada acerca de Rodríguez y su visita.
Tampoco le digo que es probable que para mañana en la mañana ya no me encuentre aquí.
Simplemente, le digo que no podré ir al bar esta noche y que espero verlo muy pronto.
Algo dentro de mí me dice que no debo decirle a nadie que nos vamos. Tengo el presentimiento de que si lo hago, todo va a terminar muy mal.
Los nervios están haciendo estragos en mí. Apenas puedo quedarme quieta en un solo lugar, así que decido tomar una ducha helada para calmar la ansiedad que se me arraiga en los huesos.
El agua fría hace que mis músculos tensos se relajen un poco, pero no consigue llevarse del todo la sensación enfermiza que se ha apoderado de mí. Lo único que deseo, es que Harry me envuelva entre sus brazos y me asegure que todo estará bien.
Me visto lo más rápido que puedo y me cepillo el cabello antes de mirar el reloj del teléfono una vez más. Ha pasado más de una hora desde que Harry se fue, y la duda me carcome por dentro.
«¿Habrá empezado a odiarme ya?...».
Aprieto los párpados con fuerza. No puedo seguir torturándome de esta manera. Necesito dejar de ser pesimista por una jodida vez en la vida.
Mis pasos me llevan de vuelta al baño y lavo mis dientes antes de escuchar el sonido de la puerta principal siendo tocada. El primer impulso que tengo, es el de ir a abrir; sin embargo, me detengo a medio camino en el pasillo.
«¡No!». Digo, para mis adentros. «¡No, Maya! ¡Vete! ¡Escóndete ya!».
Retrocedo un paso.
Luego otro.
Y de pronto, el caos estalla…
Un golpe brutal retumba en todo el apartamento y el sonido de la madera dando de sí, hace que mi corazón se salte un latido. Alguien trata de entrar al apartamento. Alguien trata de destrozar las bisagras para llegar a mí.
«¡Es él! ¡Es Rodríguez!».
Entonces, me echo a correr hacia la habitación de Harry a toda velocidad.
Cierro la puerta detrás de mí y empujo la cajonera para bloquear el paso de quien sea que trata de irrumpir en la estancia. La angustia y la desesperación son tan grandes, que apenas puedo moverme. Miro hacia todos lados, en busca de algo que pueda utilizar para defenderme, pero no encuentro nada.
Otro estallido estridente resuena y sé que lo han conseguido. La puerta ha cedido. Están aquí dentro.
Mi vista pasea frenéticamente por toda la habitación y el primer impulso es esconderme dentro del armario; sin embargo, sé que eso no va a mantenerme a salvo.
Entonces, veo la ventana.
Me toma un par de segundos reaccionar, pero cuando lo hago, me precipito hacia ella y la abro sin siquiera pensarlo.
Los golpes en la puerta de la habitación hacen eco en lo más profundo de mi cabeza, pero trato de bloquear la desesperación que provocan en mí. Necesito mantener la cabeza fría. Necesito mantenerme en movimiento…
En el momento en el que saco la mitad del cuerpo de la habitación, me arrepiento. El alféizar es demasiado angosto y la plataforma de las escaleras de emergencia del edificio está a demasiados metros debajo de mí. Si me dejo caer hacia ella, voy a romperme algo.
Mi vista busca las escaleras que dan a la azotea y, cuando las localizo, las bisagras de la puerta de la habitación ceden. Sé que el mueble que utilicé para bloquear la entrada va a darme algo de tiempo, pero necesito irme ya mismo.
El terror amenaza con paralizarme, pero me obligo a tomar una decisión…
Como puedo, afianzo las manos en el borde de la ventana y salgo lo más rápido posible.
Una vez ahí, pego el cuerpo a la pared detrás de mí y trato de no mirar hacia abajo.
La inestabilidad de la superficie sobre la que estoy parada me pone los nervios de punta, pero eso no impide que estire los dedos helados y aferre la barra metálica de las escaleras que se encuentran a pocos pasos de distancia.
Una vez que me he asegurado de que no voy a caer, empiezo a subir lo más rápido que puedo.
El aire helado se cuela a través del delgado material de mi blusa, y el viento golpea mi cabello, impidiendo que pueda ver con claridad; sin embargo, no me detengo.
Al llegar a la azotea, ni siquiera me molesto en mirar hacia atrás. Corro hacia las escaleras principales y forcejeo con la puerta metálica antes de poder abrirla.
Mi teléfono vibra en el bolsillo trasero de mis vaqueros, y mi primer impulso es ignorar la llamada; sin embargo, algo dentro de mi cabeza susurra que debo responder. Que esa llamada podría salvarme la vida.
Corro escaleras abajo y tomo el teléfono a tientas antes de presionar el botón verde para responder.
—¿Por qué no vas a venir?
—¡Jeremiah me están persiguiendo! —chillo sin aliento, y soy capaz de escuchar los pasos de la persona que me sigue.
—¡¿Qué?! —el horror en la voz de mi amigo, hace que el mío aumente.
—¡El jefe de Harry, sabe! —digo y, por primera vez, me atrevo a mirar hacia atrás.
La imagen de Tyler corriendo a toda velocidad en mi dirección, hace que un grito se me construya en la garganta.
—¡¿Te está persiguiendo el jefe de Harry?!
—¡Por favor, ayúdame! —el pánico se filtra en mi sistema y, de pronto, el dolor estalla en mi cabeza.
Ruedo escaleras abajo a toda velocidad y el impacto de mi cuerpo contra algo duro y helado, hace que mi visión se nuble por los bordes.
Mis párpados amenazan con cerrarse, pero me obligo a mirar hacia las escaleras por las que acabo de caer. Tyler camina con lentitud mientras una sonrisa lobuna se dibuja en sus labios.
—Cuánto tiempo sin verte, Maya —dice una vez que se encuentra parado frente a mí. Se acuclilla y aferra mi cabello entre sus dedos para obligarme a encararlo—. No puedes decir que no te lo advertí.
Trato de eludir su agarre, pero apenas puedo controlar mis extremidades. Apenas puedo mantenerme despierta…
Una sonrisa satisfecha se dibuja en las facciones del hombre que tengo enfrente justo antes de que me estrelle la cabeza contra la pared detrás de mí.
En ese momento, todo se oscurece.