Capítulo 33 #2
La luz que se filtra por la ventana apenas me permite ver sus facciones y mi corazón se detiene un nanosegundo cuando noto el brillo dulce en su mirada.
La coraza se ha despedazado por completo. No hay ni una gota de hostilidad o inseguridad en su expresión.
Sus labios entreabiertos y enrojecidos dejan escapar un suspiro cálido y entrecortado y lo único que puedo hacer es ahuecar sus mejillas y apartar los mechones rebeldes de cabello lejos de su cara.
En este momento, lo único que soy capaz de escuchar, es el sonido de nuestra respiración. Mis ojos están trabados en los suyos y, antes de que pueda decir nada, gira su cabeza de modo que su boca puede alcanzar la parte interna de mi muñeca. En ese momento, deposita un beso ahí.
Sus manos trazan un camino lento y torpe desde la cintura hasta mis muslos desnudos. Sus dedos cálidos sobre mi piel envían un escalofrío por toda mi espina. Entonces, desliza su toque hacia arriba. Hacia el interior del vestido.
Sus ojos no dejan los míos ni un solo momento mientras la prenda se enrosca casi hasta mis caderas, y sus rodillas se apoyan sobre el colchón para erguirse y quedar asentado entre mis piernas. Sus dedos toman el material elástico del borde de la falda y se cierran en puños.
Entonces, se detiene.
—¿Puedo? —susurra.
Mis caderas se alzan para permitirle levantar el vestido y me incorporo en una posición sentada para permitirle sacarlo por encima de mi cabeza.
Se siente como si el corazón pudiese escaparse de mi cuerpo en cualquier momento.
—Estás temblando… —Harry susurra y la preocupación tiñe sus facciones—. No tienes que torturarte así, Maya, yo…
—Quiero esto. —Lo interrumpo, pero mi voz suena aterrorizada—. Quiero… Quiero que me toques.
Él parece dudarlo; sin embargo, envuelvo las manos en su cuello y planto los labios en los suyos, en un intento desesperado por distraer el hilo oscuro de sus pensamientos. Él gruñe contra mi boca, pero no trata de apartarme.
Sus brazos cálidos y fuertes se envuelven alrededor de mi cintura y el contacto de mi piel desnuda contra la suya, hace que mi corazón se salte un latido.
De pronto, se aparta un poco y une su frente a la mía. Su respiración es jadeante y entrecortada.
—Debes prometer que vas a pedirme que me detenga si algo no va bien —habla con urgencia y… ¿vergüenza?—. Solo voy a tocarte, ¿de acuerdo?... Solo eso.
No confío en mi voz para hablar, así que asiento y presiono la boca contra la suya. Él deja caer su peso sobre mí, y un nudo se me instala en el estómago cuando sus labios descienden por mi mandíbula y cuello hasta llegar a mis clavículas.
Sus dedos revolotean por la piel desnuda de mis costados, mis caderas y piernas, mientras que lucho para mantener el aire dentro de los pulmones.
Una de sus manos acuna uno de mis pechos. Mi espalda se arquea casi por inercia y él deja de besar mi cuello para mirar mi reacción. Yo no puedo hacer otra cosa más que contener el aliento.
Su pulgar frota con suavidad la protuberancia en la cima y un suspiro me abandona. Su atención se dirige al otro pecho y repite la acción con delicadeza.
De pronto, desliza su mano por detrás de mi espalda y deshace el broche del sujetador de un movimiento rápido y certero. Mi mandíbula se aprieta cuando retira la prenda con cuidado y lentitud.
Mi corazón no ha dejado de latir con intensidad, pero no tengo miedo. No esta vez. Estoy aquí, medio desnuda en su habitación; entre sus brazos; y no hay nada más que resolución, seguridad y adrenalina corriendo en mis venas.
Se siente como si pudiese fundirme en sus brazos. Como si pudiese detener el tiempo y quedarme así para siempre, porque nunca me había sentido así de bien. Nunca me había sentido así de segura…
—Eres preciosa —Harry susurra mientras me mira a los ojos.
Algo en mi vientre se aprieta, y el calor invade mi torrente sanguíneo.
Quiero decir algo —lo que sea—, pero las palabras parecen haberse fugado de mí en un segundo.
Un estremecimiento me recorre cuando sus ojos barren mi extensión y se oscurecen al instante. De pronto, su cuerpo se deja caer a mi lado y mi cabeza se gira para mirarlo. Acto seguido, barre su mano por mi abdomen hasta introducirla dentro de mi ropa interior de algodón.
Traga duro, pero no aparta sus ojos de los míos cuando busca entre los pliegues húmedos. El aliento se me atasca en la garganta. Mi corazón parece estar a punto de estallar y el nudo que siento en la boca del estómago es tan intenso, que apenas puedo soportarlo.
Entonces, empieza a tocarme.
El intenso placer que provocan sus caricias suaves en mí es tan abrumador, que no puedo hacer otra cosa más que sentir lo que hace.
Sus movimientos son lentos, suaves y dulces, pero mi respiración es dificultosa y entrecortada. Cierro las manos en puños sobre el edredón oscuro de su cama, y, de pronto, tengo mucho calor.
Harry cambia el ritmo de su caricia, y mis caderas se alzan por voluntad propia en busca de su toque. Gruñe cuando busco sus labios en la oscuridad y, de pronto, todo es intenso.
Sus dientes raspan la piel de mis labios, mandíbula y cuello. Una fina capa de sudor me cubre por completo y algo se construye dentro de mí. Sus labios están en todas partes y su mano no deja de acariciar mi punto más sensible.
Entonces, siento cómo una gota de sudor recorre mi nuca, y me falta el aliento. Quiero gritar, quiero apartarlo, quiero pedirle que no se detenga.
—Maya —me susurra contra los labios, y un gemido suave se me escapa cuando cambia de ritmo una vez más—. Dios mío, Maya…
La sensación opresiva que me asalta no es desagradable, pero sí insoportable.
Cierro los ojos con fuerza, al tiempo que trato de ordenar la tormenta de pensamientos inconexos y sin sentido que me invade ahora mismo.
En ese momento, una fugaz imagen pasa por mi cabeza. Una imagen aterradora y dolorosa.
Mis dedos se envuelven en la muñeca de Harry y le clavo las uñas. La sensación enfermiza que le precede a los horribles recuerdos invade mi sistema.
El calor está esfumándose y el hielo comienza a apoderarse de mí.
—Maya, mírame. —La voz ronca de Harry me invade la audición, pero no puedo hacer otra cosa que no sea intentar bloquear las imágenes aterradoras—. Maya, por favor, mírame…
Cuando abro los ojos, el verde esmeralda de los suyos invade mi campo de visión. La humedad de las lágrimas me nubla la vista y, cuando parpadeo, se me escapan un par de ellas.
—Soy yo. Soy Harry. No voy a lastimarte. —El tono preocupado en su voz, trae alivio a mi sistema. Escuchar la voz de Harry siempre ha sido tranquilizante.
Su mano ha ralentizado el movimiento en mí, pero no lo ha abandonado por completo.
Me tomo unos instantes para absorber la imagen del chico a mi lado.
Ojos verdes, cabello alborotado, labios enrojecidos, mirada salvaje, respiración dificultosa…
La imagen de este Harry desgarbado y desaliñado, me llena de una seguridad que nunca había experimentado antes.
—Harry… —Lo digo en voz alta porque necesito hacerlo. Porque es lo único que puedo hacer para combatir con los recuerdos.
—Soy yo, Maya. —Luce un poco más aliviado—. Todo está bien. Estás bien. No voy a hacerte daño.
Une su frente a la mía.
—¿Quieres parar? —susurra, con la voz enronquecida, tras un largo momento.
Trago duro para aminorar el extraño dolor en la garganta y niego con la cabeza. Harry parece dudar un poco, pero presiono los labios contra los suyos para solo probar mi punto.
Él se aparta ligeramente.
—No lo fuerces. Se dará cuando tenga que darse —murmura contra mi boca.
—Quiero esto —susurro—. Lo quiero contigo.
Se retira por completo, de modo que puedo verlo a la cara.
—Mírame a los ojos, Maya —pide—. Todo el tiempo.
Yo asiento y muerdo mi labio inferior cuando sus caricias se reanudan. Un destello avergonzado me asalta, pero desaparece cuando su toque se vuelve un poco más firme.
Mi pulso se acelera poco a poco y golpea con fuerza detrás de mis orejas. El nudo en mi vientre es cada vez más intenso y mi respiración es superficial.
Sus caricias son consistentes e implacables, y un gemido incontenible me brota de los labios cuando se vuelven insoportables y abrumadoras.
Todo pierde sentido en ese momento. La sensación placentera es tan intensa, que no puedo concentrarme en nada. Estoy a punto de perder la cabeza. Estoy a punto de caer. Estoy a punto de…
—¡Harry! —Mi voz suena irreconocible a mis oídos, pero no puede importarme menos.
Entonces, lo dejo ir…
Todo mi cuerpo se estremece y estalla en fragmentos diminutos. El placer es abrasador y arrollador.
Tiemblo de pies a cabeza, mis piernas se sienten flácidas y me falta el aliento. Mis caderas se alzan, y los pulmones me duelen debido al colapso de sensaciones y la falta de respiración adecuada.
Soy vagamente consciente de cómo Harry retira su mano de mi centro, y de cómo besa mi cuello para luego murmurar algo que no puedo entender.
Tengo que mirarlo a la cara y hacer un esfuerzo descomunal para ponerle atención.
—¿Estás bien? —repite y trato de buscar mi voz para responder; sin embargo, es imposible, así que solo asiento en respuesta. Una risa ronca brota de su garganta y se relaja notablemente antes de preguntar—: ¿Estuvo bien?
Siento el rubor apoderándose de mi rostro, pero asiento con timidez. Él me regala una sonrisa dulce y me besa la punta de la nariz.
—¿Quieres hacerlo de nuevo? —pregunta. Esta vez, en tono juguetón.
Es mi turno para reír. Siento cómo el cuello se me calienta con la vergüenza, pero no puedo evitar asentir.
—Bien —suena satisfecho y me envuelve entre sus brazos—. Es bueno saberlo, ¿sabes? Porque no voy a dejarte en paz en toda la maldita noche.
Un beso es depositado en mi mejilla y una risa avergonzada se me escapa. Entonces, me giro sobre mi costado y me acurruco cerca de su cuerpo. Él me envuelve entre sus brazos.
—Te quiero, Harry —musito, en voz baja. Tras haber superado mi ataque de risa.
Me aprieta con fuerza contra su pecho.
—También te quiero, Maya —susurra—. No tienes idea de cuánto.