Capítulo 27 #2
Los gritos cesan y, de repente, lo único que puedo escuchar, es el sonido de mi respiración dificultosa y el latir intenso y desbocado de mi corazón. Me estremezco ante la fuerza demoledora de los sentimientos encontrados que me asaltan.
Harry está aquí y no sé cómo demonios sentirme al respecto. Quiero pedirle que se marche y, al mismo tiempo, quiero salir y fundirme entre sus brazos.
No puedo dejar de temblar, pero esta vez no es debido al miedo. Tiemblo porque mi cuerpo pide a gritos que salga y lo bese. Tiemblo porque la necesidad incapacitante que tengo de verlo, hace que sea insoportable estar de este lado de la habitación.
—Maya, por favor… —Suena torturado y mi corazón se fisura una vez más—. Perdóname, Maya. Te estoy suplicando…
El dolor punzante en mi cabeza me impide pensar con claridad, y lo único que puedo hacer, es apretar mis ojos juntos y rogarle a Dios que esto termine.
Soy demasiado débil.
Lo extraño demasiado.
Avanzo hacia la puerta a paso lento y dubitativo. No sé qué diablos estoy haciendo, pero no me detengo Mi mano temblorosa y fría se alza para tomar el pomo de la puerta, pero me detengo justo antes de hacer girar la perilla.
Dudo, pero sé que debo hacerlo. Sé que debo ponerle fin a toda esta situación.
La visión de Harry que me recibe me rompe por completo. Luce descuidado. Su cabello es un completo desastre, una fina capa de vello delgado y ralo cubre los ángulos de su mandíbula, y todo su cuerpo emana un horrible hedor a licor.
Sus ojos vidriosos se posan en mí una fracción de segundo y luego miran hacia la estancia del apartamento de mi amiga.
Está ahogado en alcohol. La forma errante en la que su cuerpo se balancea y la manera en la que sus párpados se entrecierran lo confirman.
De pronto, me siento asqueada. Él sabe cuánto odio que beba. Sabe cuánto miedo me da la gente borracha y ha venido a verme en ese estado.
—Vete. —La palabra sale de mis labios con brusquedad. Él ignora mi petición y da un paso dentro del apartamento pero, alterada, escupo—: ¡No te atrevas a entrar en ese estado!
—No voy a irme. —Suena determinado—. No voy a marcharme sin ti, Maya.
—No voy a ir contigo a ningún lado, Harry. —Mi voz es hielo—. Estás borracho.
Una sonrisa carente de humor se apodera de sus labios.
—¿Y qué si bebí un poco? —escupe—. A estas alturas deberías saber que no soy capaz de ponerte un maldito dedo encima sin tu consentimiento.
—¡Harry, bebiste tu maldito peso en alcohol! —La irritación estalla y me hierve en la sangre—. ¡Son casi las cuatro de la mañana! ¡Por Dios!
—¡Me importa una mierda si bebí o no mi peso en alcohol! —espeta—. ¡No voy a irme de este jodido lugar sin ti, Maya! ¡Haz lo que quieras, pero no voy a mover un dedo hasta que me aceptes de regreso y vuelvas a casa!
—¿Estás escuchando lo que dices? —Mi tono iguala el suyo—. ¡Harry, esto es una locura! ¡Estás haciendo un maldito escándalo! ¡Mírate!, ¡No puedes hacer esto! ¡No es sano!
Su expresión herida, se transforma en una mueca sombría y oscura.
—No puedes irte y dejarme así, Maya. —Su voz se enronquece varios tonos—. No puedes venir y traer luz a mi vida para después arrebatármela de esa manera. Simplemente, no puedes.
—Yo no te he quitado nada, Harry. —Trato de mantener mis emociones a raya, pero es casi imposible. Apenas puedo reprimir las ganas que tengo de golpearlo.
—Te has ido. —De pronto, la armadura se cae.
Su mueca aterradora se disuelve en el pánico y la angustia que invade el tono de su voz—.
Te has ido y me has quitado lo único bueno que tenía.
—Parece derrotado ahora—. No estuve con ella, Maya, y no tengo otra cosa para comprobarlo más que mi palabra.
Esa palabra a la que falté cuando prometí que nunca te heriría.
Estoy enamorado de ti, Maya. Estoy tan enamorado, que no puedo hacer otra cosa que no sea pensarte todo el tiempo.
Estoy tan enamorado, que preferiría cortarme un brazo a engañarte.
Todo dentro de mí parece estar a punto de fragmentarse. La tristeza en su expresión es la más horrible de las torturas y, a pesar de eso, no puedo dejar de imaginarlo con esa chica. No puedo dejar de reproducir sus horribles palabras dentro de mi cabeza.
—Harry, por favor, no me hagas esto —susurro, con la voz entrecortada por la angustia—. Por favor, solo… márchate.
El silencio que se apodera del ambiente, es tenso y tirante. Harry me mira a los ojos, y luce más descompuesto que nunca.
—Si me voy —dice, finalmente, con la voz enronquecida—, es para no volver a molestarte, Maya… ¿Estás segura de que es eso lo que quieres?
Mis entrañas se retuercen con la determinación en sus palabras, y quiero gritar de la frustración. La parte orgullosa y temeraria en mí, desea asentir y demostrarle que no lo necesito en mi vida; pero el resto quiere retenerlo y darle el beneficio de la duda.
Mi boca se abre para responder, pero la cierro de inmediato al no encontrar las palabras ni el valor para decir algo. La confusión que me embarga es tan intensa, que ni siquiera soy capaz de poner en orden mis pensamientos.
—Creo… —La voz de Will irrumpe el silencio—, que es mejor que lleve a Harry a casa.
El prometido de mi amiga avanza hacia la puerta y mira a Harry con determinación férrea.
Los ojos de Harry se posan en él, pero no se deja intimidar ni un poco.
Trata de mover al chico en el umbral, pero este no se mueve.
La hostilidad que irradia el cuerpo de Harry es aterradora, pero a Will no parece importarle.
Ni siquiera parece intimidarle un poco el hecho de que Harry esté mirándole como si pudiese quebrarle el cuello; por el contrario, luce bastante calmado cuando se acerca a él y le dice algo en voz tan baja, que no logro entenderlo.
En ese instante, pasa lo que nunca creí que pasaría… Harry flaquea.
La duda y el miedo en su expresión, me destrozan de mil formas diferentes, y no logro entender qué fue lo que le dijo Will para que pusiera esa expresión en su cara.
La mirada esmeralda del chico de las cicatrices se posa en mí durante una fracción imposible de tiempo al cabo de unos instantes de vacilación y, con expresión torturada, se gira sobre sus talones y se echa a andar por el pasillo.
Acto seguido, Will y Kim parecen hablar con la mirada durante unos momentos, antes de que él salga detrás de Harry.
Quiero correr detrás de él yo también, pero no puedo moverme. No cuando cientos de dudas se arremolinan en mi cabeza. No cuando todo dentro de mí grita que lo mejor que puedo hacer es quedarme aquí.
«¿Y si no lo hizo? ¿Y si estoy en un error?».
—Sé que este no es el mejor momento para decirlo, Maya, y que es probable que no quieras oírlo… —La voz de Kim habla a mis espaldas, justo cuando la puerta se cierra detrás de Will. Suena calmada, pero determinada—, pero yo le creo.
Mi cuerpo gira sobre su eje en ese momento y la encaro solo para encontrarme con una mirada cargada de disculpa. Ella no dice nada más. Se limita a encogerse de hombros ligeramente y a echarse a andar en dirección a la cocina.
Entonces —solo entonces—, una roca se instala en mi estómago.