Capítulo 19 #2
Estoy a escasos cinco escalones de distancia, así que no le toma mucho tiempo llegar a donde me encuentro. Sus dedos me toman por la barbilla y deposita un beso casto en mis labios. El efecto sedante que tienen sus besos, hace que me olvide por completo de la angustia previa.
Una sonrisa suave se me dibuja en los labios cuando se aparta y roza su nariz contra la mía en un gesto cariñoso.
Su mano se entrelaza con la mía, antes de tirar de mí escaleras arriba. Miro por encima del hombro para decirle a la mujer que voy a buscarla en la semana, pero luce tan afectada, que dudo que sea capaz de escucharme, así que decido pasar a su apartamento después.
Me cuesta mucho trabajo mantener el paso que lleva Harry mientras camina y él parece notarlo, ya que disminuye la velocidad de su caminado apresurado.
—¿La amante de Anthony estaba molestándote? —pregunta, pero no suena enojado. Más bien, parece divertido.
Me mira por el rabillo del ojo y no se me escapa la sonrisa juguetona que se ha apoderado de sus labios. Amo esa faceta suya. Su lado despreocupado y juguetón es mi favorito.
Abro la boca para responder, pero las palabras mueren en la punta de mi lengua cuando me percato de su presencia.
Me congelo, de pronto, y la repulsión y el miedo se apoderan de mí en el momento en el que lo veo…
Mi vista está clavada en el hombre de aspecto lastimoso y destrozado que se encuentra a pocos metros de distancia. Ni siquiera me di cuenta de en qué momento llegamos hasta el piso donde solía vivir.
La atención de Harry se dirige al punto donde la mía se encuentra y, en automático, se interpone entre mi padre y yo.
Mis dedos libres se aferran al material de la chaqueta de piel que lleva puesta, y la mano con la que me sostiene me aprieta con más fuerza de la que debería. No puedo reprimir el impulso que tengo de mirar, solo para cerciorarme de que no me ha visto aún, pero es demasiado tarde.
Ojos grises observan en nuestra dirección y, en el momento en el que encuentran los míos, un atisbo de reconocimiento los tiñe.
Casi puedo probar el vómito en mi garganta. Casi puedo probar el sabor de mi propio pánico.
La fuerza de los recuerdos que corren a toda velocidad hacia la superficie, es demoledora.
Los gritos, los golpes, su aliento rancio en mi oreja, mis súplicas, el dolor físico, el dolor emocional, la humillación, la vergüenza, las ganas de morir…
Todo se arremolina en mi interior tan rápido, que me olvido de respirar.
—Maya… —Su voz trae oleadas nuevas de asco y repulsión. Mi nombre se escucha mal en sus labios. Se escucha sucio cuando él lo dice—. Maya, cariño, ven aquí.
Está ahogado en alcohol. No se necesita ser un genio para saberlo.
—Maya, sube —La voz de Harry suena tranquila, pero determinante, y eso solo significa que trata de contenerse.
Doy un paso en dirección al siguiente tramo de escaleras.
—¡No te atrevas a dar un jodido paso más, hijo de puta! —Harry escupe cuando estoy dispuesta a huir de mi papá.
Mi vista se vuelca hacia ellos. Harry tiene una mano puesta en la cinturilla de sus vaqueros, y eso es todo lo que necesito para saber que busca su arma. La mirada furibunda que mi papá le dedica me pone la carne de gallina.
—¡Ella es mía! —El grito de mi padre me toma por sorpresa—. ¡¿Quién demonios eres tú para prohibirme acercarme a mi hija?! ¡No puedes llevártela! ¡Ella me pertenece!
Todo sucede a una velocidad impresionante.
Harry se abalanza en dirección a mi padre y atesta un puñetazo en su rostro.
—¡Harry! —grito, pero él no parece escucharme.
—¡Vuelve a llamarla así, bastardo malnacido! ¡Te reto a que lo hagas! —Harry grita también.
Mi padre se tambalea hacia atrás con el impacto y golpea de regreso. Un grito ahogado brota de mis labios mientras que me apresuro para tratar de detener la pelea.
Harry da un paso hacia atrás y noto cómo limpia su nariz con el dorso de la mano. Estoy lo suficientemente cerca como para ver la sangre que ha manchado sus dedos.
—No tienes idea de con quién acabas de meterte —susurra, con la voz enronquecida, y suena más siniestro que nunca. De pronto, es como si toda la humanidad en él se hubiese esfumado. Como si no fuese la misma persona que me saludó con un beso hace un par de minutos.
Otro golpe es atestado en dirección a mi padre, y el crujido que se hace escuchar después del impacto, envía un escalofrío de pura angustia que me recorre de pies a cabeza.
El hombre cae al suelo con un golpe sordo y Harry aprovecha para soltarle una patada en las costillas.
La sangre que brota de la boca de mi papá me hace reaccionar.
—¡Harry, detente! —chillo y me apresuro para tirar de él. Envuelvo los dedos en su antebrazo, pero se sacude el agarre con brusquedad—. ¡Dios mío, para! ¡Vas a matarlo!
Otra patada es colocada en el torso del hombre en el suelo. Trato de llegar a Harry una vez más, pero no lo consigo. De pronto, todo su cuerpo gira con brusquedad. Su puño levantado hace que me encoja del miedo y, de pronto, lo único que espero es el impacto del golpe.
Uno…
Dos…
Tres segundos pasan… pero el golpe no llega. Entonces, me atrevo a abrir los ojos para encarar al chico frente a mí. La mirada horrorizada de Harry es lo primero que me recibe.
—Lo siento. —Su voz es un susurro tembloroso—. ¡Joder! ¡Lo siento! ¡Lo siento, lo siento, lo siento!...
Un atisbo de alivio me recorre las venas, pero aún me siento inestable.
—Está bien —digo, pero sueno asustada—. Está bien, Harry.
Vacila unos instantes. Luce incierto e inseguro, pero sus brazos se envuelven alrededor de mis hombros para apretarme contra su cuerpo. Está temblando. Quizás soy yo quien tiembla. Tal vez somos ambos…
Mis párpados se cierran y dejo que el miedo se fugue un poco. Me permito, también, absorber la seguridad que me invade con su abrazo apretado y trato de ignorar el pánico que sentí hace unos instantes. Trato de olvidar que el chico que me sostiene fue un completo desconocido durante unos segundos.
—Vámonos —pido, con un hilo de voz—. Por favor, Harry, vámonos de aquí.
Siento cómo sus labios se presionan en mi frente unos instantes antes de apartarse para tirar de mi mano. Entonces, me aleja del hombre que gimotea tirado en el pasillo.
Mientras subimos las escaleras, no puedo evitar mirar hacia atrás solo para echar un vistazo a lo que Harry ha hecho. Mi mandíbula se aprieta al notar el aspecto lamentable de mi padre, pero trato de ignorar a la voz incesante que me repite una y otra vez que Harry es un tipo demasiado peligroso.
Me digo a mí misma que él nunca me haría daño, y que lo único que ha hecho es ayudarme, pero ni siquiera eso elimina la sensación enfermiza que se ha apoderado de mí.
He sido testigo de la oscuridad dentro Harry y, si hay algo de lo que estoy segura, es que no quiero volver a verla nunca más.