Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Trato de enfocarme en la tarea de elegir algo rápido para cocinar, pero no dejo de notar las miradas que son dirigidas hacia nosotros.

No sé qué es lo que le impresiona más a todo el mundo: si mi rostro, o las cicatrices del chico que empuja el carrito a mi lado.

Algo me dice que es un poco de ambas cosas.

Harry parece impacientarse con el paso de los minutos. Se ha deshecho de la bandana de su cabeza, y ha dejado que su mata alborotada de cabello caiga revuelta sobre su rostro. No hay que ser un genio para darse cuenta de que trata de cubrir sus cicatrices.

Trato de apresurarme a tomar todo lo necesario para hacer pollo a la cazadora —una receta simple que aprendí de mi abuela paterna y que, además, es mi comida favorita— antes de colocarme en una fila para pagar.

Mientras esperamos nuestro turno, un niño se esconde detrás de su madre al ver a Harry.

No es necesario observar al chico que se encuentra a mi lado para notar cuán incómodo se siente.

La tensión que emana de su cuerpo es casi palpable.

No me había detenido a pensar cuán difícil debe ser para él andar por la calle todos los días.

No me sorprendería averiguar que pasa la mayor parte del tiempo encerrado en casa.

Mi vista se clava en Harry, pero, esta vez, no soy capaz de ver al chico aterrador.

Lo único que veo, es al chico que lidia con esta mierda a diario y sigue con la frente en alto.

No sé si yo podría ser capaz de hacer algo como esto: enfrentar a un mundo que no comprende que lucir diferente no te hace diferente.

Él se percata de que estoy mirándolo y me observa de reojo. Una sonrisa tímida se dibuja en mis labios y parece relajarse con el gesto.

—Olvidé conseguir algo para beber —digo, cuando estamos a nada de ser atendidos.

—¿Quieres que vaya a buscar un jugo? —dice en voz baja, para que solo yo lo escuche.

—Sería genial si lo hicieras.

Él asiente y sale de la fila. Entonces, me apresuro a poner todas las compras en la banda de la caja registradora. La cajera me mira con aire divertido, mientras me elevo sobre mis puntas para corroborar que Harry no está camino de regreso.

En realidad, sí pensé en buscar algo para tomar, pero lo dejé pasar solo porque quería ser yo quien pagara las compras. Solo espero tener el tiempo suficiente para hacerlo.

Finalmente, la chica de la caja me cobra el monto final y soy feliz porque no está Harry aquí para impedir que lo pague.

Al cabo de unos instantes, mi acompañante aparece en mi campo de visión. Sus facciones amables se endurecen cuando me mira cargando un par de bolsas de papel y un recibo en la mano.

—Podemos comprar un refresco de camino a casa —digo cuando se acerca un poco más. Trato de lucir despreocupada mientras hablo.

Su mandíbula se aprieta con fuerza y su ceño se frunce con enojo. Está furioso. Sin decir nada, me quita las bolsas de mala gana y se abre paso hasta el estacionamiento. Apenas puedo seguirle el paso, pero a él no parece importarle.

—¡Harry! —chillo sin aliento, pero no se detiene—. ¡Harry, espera!

Abre la puerta del copiloto y deja las bolsas dentro antes de azotarla, y precipitarse del lado del conductor.

«¿Va a dejarme aquí?».

El motor ruge a la vida. Me falta el aliento y el corazón me ruge con furia contra las costillas. Estoy de pie a unos pasos de distancia, esperando a que se marche… pero no lo hace.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que el motor de la camioneta se apague. Sin embargo, Harry no baja del auto. Una mezcla de humillación, indignación y confusión me recorre, y trago el nudo de mi garganta antes de obligarme a caminar.

Me abrazo a mí misma mientras avanzo por el estacionamiento porque hace un frío del demonio. No sé muy bien cómo me siento respecto a lo que sucedió, pero tampoco me detengo a pensarlo demasiado. Sé que, si lo hago, voy a echarme a llorar.

Un portazo suena a mis espaldas y escucho una voz gritando mi nombre.

Sé que es Harry. Podría reconocer el tono ronco de su voz en cualquier parte; sin embargo, no me detengo.

El aturdimiento que siento se transforma poco a poco en enojo y frustración.

No puedo creer que haya estado a punto de dejarme en este lugar solo porque pagué las compras.

Me molesta el hecho de que no me deje hacer algo por él. No soy una inútil, ni una desvalida. No soy una damisela en apuros, y no voy a dejar que me trate como si no fuese capaz de valerme por mí misma. Soy perfectamente capaz de pagar una cuenta de supermercado.

—¡Maya, vuelve aquí, maldita sea! —La voz de Harry llega a mis oídos, pero ni siquiera me giro para mirarlo.

De pronto, unos pasos acelerados resuenan detrás de mí. Corro por inercia, pero las piernas apenas me responden. El dolor que me invade es insoportable, así que Harry es capaz de interponerse en mi camino en poco tiempo.

Mi respiración es dificultosa, pero, a pesar de toda la agitación y de lo terrible que sé que luzco, lo miro con todo el resentimiento que puedo imprimir.

—¡¿A dónde mierda crees que vas?! —espeta.

—¡No te importa! —Escupo de vuelta—. ¡Ibas a dejarme aquí! ¿Qué más da que vaya por mi cuenta?

—¡Deja de ser infantil, Maya, por el amor de Dios!

—¡Y tú deja de ser orgulloso! ¿En qué te afectaba que pagara las compras? ¡Fueron veinte dólares! ¡Jesús!

—¡Me viste la cara de idiota!

Una risa corta y amarga se me escapa.

—¡¿Te das cuenta de lo ridículo que estás siendo?! —chillo—. ¡Harry, por Dios! ¡Fui capaz de mantener a un alcohólico durante casi nueve meses! ¿De verdad crees que no puedo pagar veinte dólares?

—¡No necesito nada que venga de ti! —escupe.

—¡Pues yo tampoco te necesito! —espeto de regreso.

El silencio que le sigue a mis palabras es tenso y tirante. El rostro de Harry es una máscara de ira y desesperación, pero estoy segura de que yo luzco peor. Niego con la cabeza y me obligo a mantener las emociones a raya.

—Me voy a casa —mascullo. Trato de pasarlo de largo, pero una mano grande se apodera de mi brazo.

La mirada sombría de Harry se fija en mí, y un estremecimiento de puro horror me recorre.

—Tú no vas a ir a ningún jodido lado.