Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

La vergüenza que siento es atronadora, pero le sostengo la mirada. Siento los ojos llenos de lágrimas y apenas puedo soportar las ganas que tengo de echarme a llorar. Escucharlo de su boca, es como un puñetazo en el estómago. Oír a alguien decir eso que llegué a pensar yo misma, lo hace real.

—No quiero quedarme aquí. —Sueno como una niña mimada, pero no me importa.

—¿Por qué? —La dureza de su voz se ha esfumado por completo. De pronto, suena herido y ansioso.

—No te conozco. Amenazaste a alguien con una pistola y y-yo… —El nudo en la garganta me impide continuar.

El entendimiento se apodera de sus facciones, pero no se mueve durante unos instantes. Luce aturdido, pero, una vez superada la impresión, se acerca y se acuclilla frente a mí.

El olor a comida proveniente de la bolsa de papel inunda mis fosas nasales y mi estómago ruge en respuesta. No me había dado cuenta de cuán hambrienta me encuentro. Él deposita sus compras en el suelo y saca el arma de la cinturilla de sus vaqueros con mucha lentitud.

Me encojo por instinto, pero ni siquiera se inmuta mientras le quita la carga a la pistola y me la ofrece.

Me toma unos segundos reaccionar y verlo a la cara. Su expresión es serena y tranquila.

—Tómala —dice—. Si eso te hace sentir más segura, tómala. No voy a hacerte daño, Maya. Solo quiero ayudarte.

—¿Por qué? —digo, en un susurro entrecortado.

—Porque estoy cansado de ser el malo de la historia. Quiero hacer algo bueno por una vez en mi jodida existencia —dice, después de pensarlo unos instantes.

Dudo, pero termino tomando el arma entre los dedos, antes de ponerla lejos de nuestro alcance. Me pone de nervios solo mirarla, así que eso me hace sentir mucho mejor.

Harry, sin decir nada más respecto al tema, toma la bolsa plástica y me la ofrece. La tomo con vacilación y miro el contenido.

—Es un pijama —explica—. Para que tomes una ducha y puedas dormir. —El nudo de mi garganta se aprieta, y lo veo tomar la otra bolsa—. También traje desayuno de McDonald’s. No es lo mejor del mundo, pero es lo único que pude conseguir a esta hora.

No puedo creer que esté haciendo esto por mí. Soy una completa desconocida y he aprendido, con el paso del tiempo, que nadie hace algo así sin ninguna razón. Todos esperan algo a cambio, y no sé si quiero saber qué es lo que él pretende conseguir de todo esto.

—Gracias —susurro, con la voz entrecortada.

Una media sonrisa torcida se dibuja en sus labios y soy capaz de notar cómo un hoyuelo se dibuja en su mejilla. La respiración se me atasca en la garganta solo porque es la primera vez que lo veo sonreír.

Luce amable y cálido; un claro contraste con la imagen salvaje y peligrosa que siempre me ha mostrado.

—No tienes nada qué agradecer, pequeña.

Algo se estruja dentro de mi pecho al escucharlo llamarme de esa forma, pero trato de mantenerme serena.

—Voy a pagarte todo esto —prometo. Me siento ansiosa y torpe—. El hospital, el pijama, la comida… todo.

—No te preocupes por eso ahora. —Estira su mano y aparta un mechón de cabello lejos de mi rostro para ponerlo detrás de mi oreja. El mero gesto hace que mi pulso se acelere—. Trata de comer algo antes de que vayas a descansar.

Asiento, incapaz de hablar y me pongo de pie con torpeza. Todo mi cuerpo grita de dolor, pero trato de ignorarlo.

Harry guía mi camino hasta la sala y me entrega una hamburguesa una vez que estoy sentada en el sillón individual. Él toma asiento en el asiento contiguo y comemos en silencio durante unos minutos.

—Voy a necesitar la llave de tu departamento —dice—. Iré a buscar tus cosas más tarde.

El bocado que tengo a medio camino, hace que me atragante. No puedo dejar de toser con fuerza.

«¡¿Está hablando en serio?!».

—¡No puedo quedarme aquí! —chillo, una vez que recupero el aliento.

—Claro que puedes. —Su ceño se frunce—. Será algo temporal. Mientras encuentras un lugar dónde quedarte.

—Ya has hecho demasiado por mí —replico—. No puedo seguir abusando de ti de esta manera.

Rueda los ojos al cielo y niega con la cabeza.

—Maya, no seas ridícula. No abusas de mí de ninguna manera. Quiero ayudarte. Anoche te dije que, si necesitabas algo, no dudaras en recurrir a mí.

—Sí, pero no puedo…

—Sí puedes —me corta—. Puedes darme algo de dinero a manera de renta si eso te hace sentir mejor, pero no dejaré que regreses a ese lugar.

Sé que no voy a ganarle. A pesar de no conocerlo, se nota a leguas que es terco y obstinado. Harry no va a dejarme volver a ese lugar, y una parte de mí lo agradece.

Me cuesta creer que esté haciendo esto solo porque sí, pero no me queda otra opción más que confiar en él.

Mientras comemos en silencio, lo observo. Tengo sentimientos encontrados respecto a este hombre. Una parte de mí, me dice que es un chico amable y dulce envuelto en una coraza dura; otra, sin embargo, no deja de susurrarme que es un chico peligroso que lo único que espera de mí es algo a cambio.

Sacudo la cabeza, para ahuyentar todos los pensamientos negativos.

Quizás solo soy yo quien ya no confía en nadie.

Quizás me cuesta creer que existen personas como él en este mundo.

A estas alturas del partido, no me sorprende descubrir que este chico de aspecto aterrador, es mejor ser humano que muchas de las personas que he conocido.

Mucho menos me sorprende descubrir que la Bestia es en realidad el hombre que dice ser mi padre.