Bajo nuestra lluvia de estrellas 4 Es tiempo de integrarse #2
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4 Es tiempo de integrarse #2

El joven me tendió la mano derecha a modo de saludo. El estrecho espaldar del asiento desapareció bajo su ancha espalda cuando se sentó.

—Finley.

Miles y yo sacudimos las manos. Fue allí cuando me fijé que el tal Miles llevaba un anillo idéntico al de Phuong. De inmediato, lo que tanto me molestaba escondido en el subconsciente, salió a la luz.

«Que ni se le ocurra acercarse a mí».

No solo fueron las palabras lo que me llamaron tanto la atención, sino la manera peculiar de decirlas, la risa, los gestos.

Todo me recordaba a las chicas de mi antigua escuela cuando hacían referencia a un chico que, en un momento dado, fue su interés romántico, pero que habían pasado a mirar con desprecio por alguna razón.

—Eres estudiante nuevo, ¿cierto?

Asentí a su pregunta. Recuerdo que las pocas luces encendidas disminuyeron y solo quedó iluminada la tarima donde segundos después se inició la ceremonia.

Enderecé la postura y me forcé a prestar toda mi atención al decano y demás funcionarios. A mi lado, el tal Miles hizo lo propio. Fue curioso como, poco a poco, eché a un lado mis pensamientos sobre Phuong y Miles, la relación que podría existir entre ellos y mis asociaciones.

En el futuro, no fueron pocas las veces que pensé sobre aquellos días, y como mi mente optó por enviar a un rincón el análisis natural que cualquiera haría, con sus conclusiones, quizás porque intuía que yo no sabría como manejarlas.

La orientación y bienvenida se extendió durante casi dos horas. Cuando dejamos el anfiteatro y salimos al exterior, me tomó algunos segundos acostumbrarme a la claridad.

—Si quieres puedo darte un recorrido por el campus.

No esperaba que Miles estuviese justo detrás de mí. El joven se movió hasta detenerse de frente. Una sonrisa amistosa acompañaba sus palabras. Justo ahí, Daisy y Phuong pasaron por nuestro lado sin siquiera mirarnos. Noté que la atención de Miles se fue con ellos por unos instantes.

La pareja se alejó y se mezcló con el resto de estudiantes.

—Me gustaría.

Recuerdo que ese día, Miles Jackson me llevó a recorrer el campus. Gracias a él, el lunes siguiente había llegado sin problemas a mi primera clase. Ese día lo finalicé con una cena en una de las cafeterías del recinto con el simpático y atractivo estudiante de leyes.

★★★★

Días después, Phuong, al que apenas había visto después de la orientación, llegó al cuarto con algunos paquetes y una invitación. El asiático parecía muy contento y animado, con las manos ocupadas por algunos bolsos con logo que asumí que eran de tiendas en el centro comercial más cercano.

Yo estaba dibujando, precisamente estaba con el boceto de su persona, justo como lo recordaba: despreocupado y algo cansado el día que lo conocí.

Con ese anillo que tanto me llamaba la atención y que no solo lo llevaba él, sino también Miles Jackson.

A ninguno me había atrevido a preguntarle si pertenecían ambos a alguna fraternidad.

Phuong dejó los paquetes sobre su cama y yo aproveché para esconder, entre los demás bocetos, el que dibujaba. El sobresalto de ser descubierto me provocó un subidón de adrenalina.

Recuerdo que era viernes. No nos evitábamos, pero durante esos días yo había tenido que salir muy temprano a resolver algunas diligencias, mientras que él dormía como un bendito. Cuando yo regresaba a la habitación, Phuong no estaba y solía regresar cuando yo ya dormía.

—Me pasé toda la mañana de una tienda a otra con Daisy. Como chica que se respete, mi amiga quería comprarse algo nuevo para la fiesta del sábado… y yo también.

Phuong dejó escapar unas risas mientras, muy ocupado, buscaba entre las bolsas. Yo me moví para sentarme al borde de la cama.

—¿Van a una fiesta? Espero que disfruten.

Las fiestas universitarias eran un tema serio para mi padre que me había hecho muchas recomendaciones y advertencias sobre ellas.

—Vamos, Finley.

Me costó varios segundos comprender el significado de sus palabras, entender que Phuong me incluía en sus planes.

Nuestras miradas se encontraron y sé que en la mía se reflejaba la incredulidad y la duda.

Mientras tanto, la del asiático era de pura picardía y diversión.

En tanto, como siempre, me dio la impresión de que, si me descuidaba, sería devorado por sus ojos oscuros.

Aquel pensamiento me inquietaba al mismo tiempo que me provocaba cierta emoción.

—Daisy, tú y yo iremos mañana en la noche a una fiesta. La fiesta de la fraternidad Alpha es épica y no podemos faltar.

Phuong comentó que el primo de Daisy era un miembro destacado de dicha fraternidad y que, por supuesto, su prima estaba invitada y con ella su mejor amigo y el chico nuevo, es decir, yo.

—No, no creo.

—¿Rechazarás mi invitación?

Phuong parecía indignado, pero, lejos de lucir enojado, se notaba divertido.

—Es que no soy de fiestas, Phuong. No la pasarás bien conmigo.

—Pasarlo bien o no, es una decisión personal, Finn.

—No, es que yo no encajaré, Phuong.

—¿Cómo lo sabes si nunca has ido a una?

—Si he ido a fiestas.

—No cuentan las fiestas de pueblo o los cumpleaños de tus amigos.

No supe si enojarme o entender su lógica.

—No te pases...

—Esta fiesta es en una de las fraternidades más importantes de la universidad.

—Agradezco tu invitación, pero no puedo ir. Ve y diviértete con Daisy, yo ni siquiera tengo ropa que ponerme y, sinceramente, tampoco puedo hacer el gasto. Quiero decir, no puedo ir a comprar ropa nueva, no sé si me explico.

Tenía la urgencia de excusarme con argumentos firmes y válidos, ya que sentía que a Phuong le importaban poco mis motivos. Él estaba empeñado en llevarme a la fiesta.

—Por la ropa ni te preocupes. Mira lo que te traje, creo que te quedará muy bien.

Me ofreció una de las bolsas. Definitivamente aquello no me lo esperaba.